AL RESCATE DEL AMOR AL VIEJO PITIC. PRIMER CENTENARIO





El 26 de abril de 1979 cumplió nuestra ciudad cien años de capital del Estado. ¿Cuál es el marco histórico del centenario? ¿Qué crónicas anecdóticas y románticas lo encierran? ¿Qué aspectos históricos, sociológicos, económicos y políticos atesora?

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicación: 2019-05-04 00:00:00

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- Hermosillo, su historia, frontera nómada y sedentaria.

Héctor Rodríguez Espinoza

El 26 de abril de 1979 cumplió nuestra ciudad cien años de capital del Estado. ¿Cuál es el marco histórico del centenario? ¿Qué crónicas anecdóticas y románticas lo encierran? ¿Qué aspectos históricos, sociológicos, económicos y políticos atesora?

I. Su erección como capital, el 26 de abril de 1879, se enmarcó en acontecimientos en la década 1870-1880: POLÍTICA. Comienza la Comuna de París en 1871, Hayes es elegido presidente de los Estados Unidos en 1877; estalla la Guerra del Pacífico entre Chile contra Perú y Bolivia en 1879. PENSAMIENTO Y RELIGIÓN. Renán publica La Reforma Intelectual y Moral en 1871, Bakunin publica Política y Anarquía en 1873, Engels publica el Anti Duhring en 1877, muere el Papa Pío X y es elegido León XIII, en 1878. CIENCIAS. Graham Bell inventa el teléfono en 1876, Edison inventa el micrófono en 1877 y se construye el primer fonógrafo en 1878, Siemens perfeccionó la locomotora eléctrica en 1879. ARTE. Bizet compone Carmen en 1875, Wagner compone El Anillo de los Nibelungos y Renoir pinta Le Mourí de la Bailete en 1876. LITERATURA. F. Dostoievski publica El adolescente en 1875, Mark Twain publica La aventura de Tom Sawyer en 1876; Tolstoi publica Anna Karenina en 1877, Dostoievski escribe Los Hermanos Karamazov en 1879. ECONOMÍA Y SOCIEDAD. Después del Congreso de Filadelfia se disuelve la "Internacional Marxista" en 1876 y se funda la "Compañía del Canal Panamá" en 1880.

Mientras, se cumplían tres años del golpe de Estado dado por Porfirio Díaz al presidente Lerdo, en agosto de 1876, cuando Francisco I. Madero contaba con 6 años de edad. El porfiriato desarrolló agricultura moderna, grandes plantaciones capitalistas y aumento de vías férreas, de 572 a 19, 100 kms.  Tan brillantes realizaciones se asentaron en la explotación del bajo pueblo, nulamente beneficiado. La mayor parte de los ferrocarriles construidos por empresas norteamericanas, con subvenciones gubernamentales -pagadas por los mexicanos-, su fin "que se saquen los metales no amonedados de nuestros centros de producción minera", como dijera Toribio Esquivel Obregón.

Con base en la Ley de Conciliación de 1883, teóricamente para favorecer la repoblación con inmigrantes, se encomendó a "Compañías deslindadoras" la adjudicación de hasta una tercera parte de las tierras que registrasen, atropellos y despojos a las comunidades indígenas, protegidas por títulos de propiedad por la Corona de Castilla. Una cuarta parte del territorio -49 millones de hectáreas- fue deslindada y calificada de baldía. Una tercera parte a manos de las Compañías, organizadas por un reducido número de terratenientes mexicanos y por empresas norteamericanas. Entre ocho individuos se hicieron propietarios de una extensión de 22. 5 millones de hectáreas, poco menos de la mitad de la superficie peninsular española. Cuando se preguntaba a Terrazas si él era de Chihuahua, contestaba: "No, ¡Chihuahua es mío!".

La condición de los asalariados campesinos despojados era, en siglo XX, similar a la de los esclavos. Eran los fundamentos sociales de esa paz y prosperidad. Por eso no sorprende que en 1911, ante el llamado de Madero a la lucha contra su dictadura, que aludía a la usurpación de tierras, le respondieron entusiastamente las masas campesinas, y en Chihuahua, un similar apoyo a Pancho Villa.

II. En la anecdótica del Dr. Gastón Cano Ávila (El Imparcial, 26 de abril) da datos interesantes, desde la fundación, en 1700, del pueblo de la Santísima Trinidad del Pitic, y la fundación, por Agustín de Vildósola, del presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, en 1742: "Pasan los años, las tierras, ahora también de temporal, se abren, prosperan la ganadería y las minas, se retiran los Seris aguerridos a la costa, los Pimas, bien tratados se transformaron en peones y el pueblo crece, para ser declarado Villa del Pitic el 6 de julio de 1783. El 5 de septiembre de 1828 es ascendida a la categoría de ciudad y se le pone por nombre Hermosillo, hasta que el 26 de abril de 1879 se decreta en capital. Es interesante la relación de aquellos españoles y no españoles entre los hermosillenses de la época, y donde quiera que uno los oiga, sabe que se trata de un hermosillense, o por lo menos de un sonorense”.

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IMAGEN: Seris Siglos XIX y XX

III. El hermosillense José Carreño Carlón, en "La frontera sedentaria" (Uno Más Uno, 25 de abril), considera que la investigación de Héctor Aguilar Camín sobre los caudillos sonorenses en la Revolución, podría extenderse hacia atrás, "para involucrar a las diversas etnias, en el horizonte de la larga conquista del noroeste, que trascendió tanto a la revolución de la Independencia como a la de 1917, y que se propuso la supresión de los indios y la reducción de sus sobrevivientes a muestras ejemplarizantes de seres ahistóricos, repelente regreso"; que "a partir de esta escala de valores, consolidada en virtud de la admiración al espíritu del empresario rural estadounidense, a nadie extraña que sobre un paisaje transformado del grupo Pima que habitó, sólo quede el nombre de Pitic, que cien años después corresponde a la colonia más exclusiva de la capital". Agrega que habría de extenderse hacia adelante, desde el punto en que lo deja el autor de La frontera nómada: el ingreso de Sonora a la historia global del país: "Sus tradiciones han cambiado, al tiempo que su impulso jalonea al país junto con otros enclaves desarrollistas a una idea de la modernidad que enseña como galardón el exterminio de lo indio y de los indios; que concibe la cohesión social como la gozosa complicidad de los triunfadores de todas épocas: los apellidos revolucionarios coexisten con descendientes de los élites locales del porfiriato -y más atrás- en los más altos círculos del poder económico y político. Sobreponen ahora a las tradiciones laicas de la localidad, la exhibición conformista y conformadora de un catolicismo de corte poblano; para ellos el paisanaje –como factor fundamental para la confianza- y el encono, ceden ante las afinidades de clases y de proyecto con los grupos monopolísticos del resto del país y la admiración al capitalismo, al sudeste estadounidense, es hoy calca de sus formas de vida, de organización y de presión política. En sus nuevas fronteras, la antigua frontera nómada centenaria, deviene sedentaria”.

III. W.H. Davies -que compartió las privaciones de los pobres londinenses en 1879, bajo la reina Victoria- dedicó a la ciudad estos versos:

"Mi canción habla de una ciudad en que hay hombres demasiado pobres y hombres demasiado ricos; donde algunos se enferman de tanto comer y otros les quitan las migajas de pan a los pichones; donde unos duermen en camas que calientan sus huesos, mientras otros lo hacen en duras frías piedras que les arrebatan el calor de sus cuerpos."

(Publicado en Información, el 29 de abril de 1979.)

LOS CRONISTAS DE LA PATRIA CHICA. Homenaje a Gilberto Escobosa Gámez (2007-2017). Recuerdos íntimos y dispersos del Barrio 5 de mayo.

Don Gilberto Escobosa Gámez

1. En la revista Nexos de diciembre pasado se publicó el Ensayo Suave Matria, del historiador michoacano Luis González. Autor de la novela Pueblo en vilo, pone frente a la Patria el concepto de la "matria", rescata la Patria Chica, pero todavía más: lo que llamaría la micro patria: aquel "pequeño mundo que nos nutre, nos envuelve y nos cuida de los exabruptos patrióticos; al orbe minúsculo que, en alguna forma, recuerda el seno de la madre cuyo amparo, como es bien sabido, se prolonga después del nacimiento"; "área homogénea de características físicas y culturales diferentes de las vecinas".

La patria ha sido el valor infundido en los lemas militares: "Frente a la Patria, o se es leal o se es traidor"; "La Patria es primero"; el mandamiento del artículo 3o. Constitucional de inculcarnos el "amor a la Patria"; y el poema nacionalista de Ramón López Velarde, Suave Patria.

Pero las Patrias no son fáciles de identificar, de aprehender y de amar. México cuenta con dos millones de kilómetros cuadrados, lo habitamos, bien que mal, ochenta millones de seres humanos. Coexisten, con o sin nosotros, 56 grupos étnicos, con sus dialectos y culturas. Nuestros niveles de Historia van desde quienes viven en la edad de la piedra pulimentada, hasta quienes lo hacemos cotidianamente en la era de las microcomputadoras.

Los elementos que cohesionan este abigarrado mosaico son: el idioma español, la religión católica y el régimen político.

II. Bajo esta Patria subyace un conjunto desigual y combinado de zonas, regiones y municipios. Unos parten al país en nueve zonas originales, una sería la nuestra, "el Noroeste de los Jesuitas", por los 170 fecundos años que rigieron la economía, el espíritu y la conciencia de los pueblos.

Los ecologistas lo dividen en hasta 200 regiones. Los Antropólogos, Historiadores, Economistas y Juristas, se dedican al desarrollo regional.

La Patria, no obstante la moderna comunicación, se convierten en una entelequia que pudiese decirnos poco. (¿Qué podría significar, por ejemplo, para los Guarijíos de la alta Sierra de Álamos y El Quiriego, o para los Seris de la Costa, el águila devorando una serpiente, sobre un nopal, símbolo nacional de la fundación de Tenochtitlán, a casi cinco siglos y dos mil kilómetros de distancia?).

Sin perjuicio de la necesidad nacional de pertenecer a una Patria común, al tener 3,180 kms. de porosa frontera con una nación de cultura pesada y dominante, es necesario reconocer a algún núcleo social en el que nacimos, crecimos y adquirimos las vivencias, afectos y valores tempranos, que conforman nuestra personalidad social: una ranchería, un ejido, un barrio, una colonia y hasta una ciudad de regular tamaño. Es en donde se da la primera identidad cultural, la de aldea, sin la cual no pueden sustentarse la nacional y la universal, a la cual todos, hombres y pueblos, aspiramos.

Esa vida costumbrista, bucólica y coloquial nos permite despojarnos de solemnidades, y tomamos libertades que traslucen una forma de ser y estar en nuestra comunidad. Nos permite, por ejemplo, tutearnos y hablarnos por medio de los sobrenombres.

III. Estas miles de identidades, indígenas y mestizas, que coexisten en los 2, 372 municipios, en las 96,000 localidades, se transforman conforme la nación ha perdido su carácter rural y se transfiguran en el despersonalizante e industrial ámbito urbano.

Para Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y el místico poeta checo Rainier Rilke, es en la edad temprana, hasta ocho años, que se nos marca, en el corazón, los "pininos” de las primeras huellas del camino. Los jesuitas, cuya paternidad civilizadora del Noroeste es innegable, decían: "Denme un infante y haré milagros con él". José Rafael Campoy (Álamos, Son., 15 agosto 1723-Bolonia, Italia, 29 diciembre 1777), a esa edad fue enviado al colegio de los Betlemitas en la Cd. de México y aprendió las primeras letras. Compañero y amigo de Francisco Javier Clavijero y Juan Luis Maneiro, quien lo incluyó en "Los Humanistas Mexicanos del Siglo XVIII”. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1743. Catedrático en el Colegio de Tepotzotlán y en 1752 nombrado mentor de filosofía y teología en Veracruz, fue sorprendido por la orden del rey Carlos III que decretaba la expulsión de la Orden de los territorios españoles en 1767. Exiliado, merece la palma de iniciador y porta-bandera de la enseñanza de la filosofía moderna en Nueva España. Falleció y sepultado en la Parroquia de la Virgen de la Caridad, en Bolonia. Para variar, groseramente ignorado en su propia tierra.

IV. Gilberto Escobosa y Flavio Molina pueden decir —mejor que yo— que Hermosillo ya no es el conjunto de jacales que, con el nombre indígena de Pitiquín, conoció el padre Eusebio Francisco Kino en 1686, en el vaso de la presa "Abelardo L. Rodríguez", en el paso del humanista Trentino a la Pimería Alta y a su grandioso destino; tampoco aquella ranchería pomposamente llamada Real Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, durante los gobiernos coloniales de Agustín de Vildósola y Rafael Rodríguez Gallardo, en 1748, que habitaban pocos Seris y mestizos, por el rumbo de la Casa de la Cultura; ni el rancho grande que describieron Francisco José Velasco y el Capitán Gillete, en 1850-66, de siete u ocho mil habitantes; ni el bizarro, liberal y cervecero pueblo que, tan coloquialmente, retratan José Encisco Ulloa en Vidas anónimas; Fernando A. Galaz, en Desde el cerro de la Campana; Agustín Zamora, en La Cohetera, mi barrio; Ana Ramírez, en El señor del retiro; Catalina Acosta de Bernal, en Gemas; Enriqueta de Parodi, en Ventana al interior, Luis López Álvarez, en su costumbrista anecdotario Aquellos tiempos anchos; y Abelardo Casanova L., en su novela Los pasos perdidos; ni la ciudad agrícola de 1950, que contaba con 43,519 habitantes, pero cuyos límites seguían siendo la calle Veracruz, al norte; el vado del río, al sur; la capilla del Carmen, al oriente; y la colonia Centenario, al poniente.

Los que nacimos, crecimos, estudiamos, vivimos (y moriremos) en Hermosillo, hasta hace unos cuarenta años, sentimos los secretos imborrables de nuestra infancia y juventud. Nos acompañan los recuerdos de la casa, la calle y el barrio; los amigos, las fiestas, escuelas y sucesos de aquel pueblo grande que fue hasta los años treinta; que se fue transformando en ciudad con la fundación, en 1942, de la Universidad de Sonora, y la apertura de tierras al cultivo en la Costa de Hermosillo, en la década de los cincuenta.

Perdonándoseme la digresión, pero ¡cómo podría olvidar mi barrio de la 5 de Mayo, y cuando desde el changarro "La Ciudad de Zacatecas" de "Don Odón ", mi padre, vi erigir el majestuoso templo de "El Sagrado Corazón de Jesús"; las fantasiosas temporadas de lucha libre en el Cine Arena; mis primeros aprendizajes en la Primaria Á. Arreola, que dirigía la profesora Zoyla Reyna de Palafox; la grandota Primaria H. Aja, cercenada ahora más de la mitad; la Secundaria de la Universidad que dirigió el culto profesor Amadeo Hernández, y un cúmulo de íntimos recuerdos que se agolpan a mi memoria...! ¿cómo?

VI.- La necesidad de contar con una identidad matriótica, nos lleva a la de contar con ciudadanos cuyo amor a su Matria, les inspire la observación, la investigación, la preservación, el enriquecimiento y la divulgación de los pequeños grandes sucesos que van construyendo, día a día, la historia de sus lugares de origen. Son los cronistas.

Para aquilatar su importancia, ¿qué fuera de la historia del país sin sus códices prehispánicos, las cartas e informes de relación y las crónicas de los indígenas de Mesoamérica y de los cronistas europeos? ¿qué fuera de la historia de Sonora, si no contáramos con las crónicas de Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, Francisco Vázquez de Coronado, Andrés Pérez de Rivas, Eusebio Francisco Kino, Luis Xavier Velarde, Guiseppe María Genovese, Daniel Januske, José Agustín Campos, Juan Nentuig, Ignacio Pfefferkorn, Rafael Rodríguez Gallardo, Francisco Velasco, Eduardo W. Villa, Francisco R. Almada, Laureano Calvo Berber, Manuel San Domingo...? ¿Qué fuera de la historia de Hermosillo, sin las crónicas de los intuitivos cronistas hermosillenses que mencioné?

VII. Sin falsos y manipuladores patriotismos y matriotismos; con una sólida conciencia de las raíces que nutren nuestro árbol municipal, es como podemos aspirar a merecer el respeto universal, y cruzar, con orgullo y dignidad, los miles de caminos de otras culturas.

Enhorabuena que el Ayuntamiento de Hermosillo le da el rango moral, que de suyo le corresponde, al ser y quehacer del cronista; el reconocimiento que le rindió el 17 de febrero próximo pasado, al Señor Gilberto Escobosa Gámez, y en él, a la memoria de todos aquellos hermosillenses quienes nos han legado un atesorable depósito de conocimientos y sentimientos invaluables y trascedentes.

Publicado en el "Boletín de Historia de Sonora", mayo-junio de 1987, No. 48 del Archivo Histórico del Gobierno del Estado y en Búsquedas Itinerantes, Antología de textos de la realidad cultural, regional y nacional. Prólogo de Raúl Cardiel Reyes, ed. de autor, 1996. 

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