RAÍCES INOLVIDABLES DE MI PUEBLO





Cuando mi amigo Manuel Rivera Galindo, Director general de la revista "Sonora Sinaloa” solicitó mi colaboración para la edición del próximo número, recordé la obra literaria recientemente presentada por un joven profesionista oriundo de mi pueblo, cuyo contenido va 

Por Ramiro Valenzuela López
Fecha de publicación: 2019-04-14 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 
 

Por E. Ramiro Valenzuela López

Cuando mi amigo Manuel Rivera Galindo, Director general de la revista "Sonora Sinaloa” solicitó mi colaboración para la edición del próximo número, recordé la obra literaria recientemente presentada por un joven profesionista oriundo de mi pueblo, cuyo contenido va enfocado a preservar la positividad de los pueblos serranos. Me vino a la mente, que la objetiva trayectoria física y profesional del autor Doctor en derecho Jesús Aparicio Guerrero Ruíz, es ejemplo a seguir para jóvenes "echaos pa´lante; por lo que, consideré prudente utilizar este importante medio, para dar a conocer una breve semblanza sobre la personalidad humana y académica del autor. 

Dice un viejo refrán: "hace más el que quiere que el que puede”. En la introducción del trabajo el propio autor reconoce ser hijo de campesinos. A eso agrego que, entre la infancia y la adolescencia, Jesús Aparicio quedó huérfano de padre; por lo que a temprana edad se convirtió en importante sostén familiar. Cada año durante las vacaciones escolares, formaba parte de la caravana que partía de Bacanora al Valle del yaqui a piscar algodón; caravana formada por familias enteras, previamente contratados por los también "bacanorenses” Melchor e Ing. Leandro Soto Galindo; y si de reconocer méritos de ilustres bacanorenses se trata, hago un breve paréntesis para decir, que al Ing. Leandro Soto Galindo, además de agricultor, también destacó en el arte de la política, desempeñándose en la década de los sesenta, como Secretario General de Gobierno, inclusive, figuró como precandidato a la gubernatura del estado de Sonora; además, en los anales del Valle del yaqui, los dos hermanos Melchor y Leandro Soto Galindo figuran como fundadores y pioneros de esa importante zona agrícola, en un tiempo considerada "el granero de México”.

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Dr. Jesús Aparicio Guerrero Ruíz

Volviendo a nuestro homenajeado de hoy, puede aseverarse que, al espíritu de superación de Jesús Aparicio, no lo arredró el hecho de provenir de la "cultura del esfuerzo”. Muy joven, logró obtener el título de Maestro Normalista, egresado de la escuela normal de Gómez Palacio, Durango, corroborando ese título mediante cursos posteriores efectuados en la Universidad Nacional Pedagógica y Escuela Normal de Hermosillo, Sonora; para proseguir sus estudios en la Escuela Normal de Cd. Madero, Tamaulipas, donde obtuvo la Maestría en Educación. Posteriormente incursionó en la rama jurídica, obteniendo el Título de Licenciado en Derecho, expedido por el Instituto de Occidente, con tres Posgrados: Maestría en Derecho Procesal Civil, Doctorado en Derecho Penal y Doctorado en Derecho General. Actualmente a sus escasos cuarenta y ocho años de edad, es maestro jubilado de educación primaria, y con éxito se dedica de tiempo completo, al ejercicio libre de la abogacía.

 Ahora, con su interesante trabajo literario, Jesús Aparicio da a conocer su nueva faceta de acucioso investigador, hecho que valió para que el H. Ayuntamiento de Bacanora que encabeza el C. Belisario Pacheco Galindo, lo designara cronista del municipio”; responsabilidad que lo compromete a escudriñar en lo más recóndito, las raíces humanas y materiales de nuestra entusiasta ascendencia. También desde hoy, emprender un nuevo registro sobre lo bueno y lo malo que en el municipio de Bacanora acontezca. 

Para el pueblo de Bacanora es un honor contar entre sus aldeanos, a un profesionista de la talla de Jesús Aparicio, sobre todo, obstinado en preservar nuestras tradiciones, atrayendo a la memoria de esta generación, nombres de personas y lugares característicos e inolvidables de épocas remotas, reviviendo con ello, sentimientos de nostalgia, y suspiros de quienes, en ese entonces atesorábamos la añorada juventud.

Para el que esto escribe significó inmerecida distinción que el autor me confiara la elaboración del prólogo; seguramente influyó la acendrada querencia que ambos profesamos por nuestro adorado terruño, esa pintoresca comarca enclavada en uno de los pliegues de la sierra sonorense; se trata del inolvidable pueblo de Bacanora; allí donde se produce el rico elixir que, cuando menos por un momento, hace a un lado las penas que nos afligen. Con gusto acepté tan honrosa encomienda; primero, por el aprecio que guardo para el autor y su honorable familia, y por el loable contenido del texto, enfocado a preservar los principios morales que vivieron nuestros padres y abuelos; herencia recibida de sus ancestros, que quizá provenga desde nuestra ascendencia indígena, los ópatas. 

Por mi parte, y a insinuación del autor del libro, también aproveché la oportunidad, para recordar nimiedades propias de nuestra añorada época, como las alegres romerías de hombres y mujeres que, ocupando todo un día a lomo de bestias, partían en la madrugada cada 11 de diciembre al rancho "San Marcos”, para asistir a la velación de la Virgen de Guadalupe, cuya imagen en forma natural y evidente, apareció estampada en una roca del referido rancho. Otra era la caravana que el15 de octubre de cada año partía al paraje "la guitarra” a la velación a Santa Eduviges. "La guitarra”, era un paraje que por su ubicación estratégica, era parada casi obligada para vehículos que se trasladaban por el único camino de entonces, que partía de Sahuaripa, cruzaba las poblaciones de Bacanora, Tónichi, Tecoripa, San José de Pimas, La Colorada y Hermosillo.  

En el paraje "la guitarra”, doña Irene Valenzuela operaba un exitoso comedor; y para la citada celebración de la velación a Santa Eduviges, recibía instrucciones de don Rubén Peñúñuri, propietario del rancho, que los asistentes quedaran complacidos; Se sacrificaban una o dos reses gordas. En la cena se servía carne asada, barbacoa y menudo, sin faltar el rico "bacanora”; el resto de la carne hecha cecinas se colgaba sobre piolas atadas de un mezquite a otro, a disposición de quien quisiera asar su pedazo de carne, a la hora que fuere. Asistía gente de pueblos y ranchos aledaños, nadie aprovechaba la oportunidad ni abusaba de la confianza; y la carne sobraba. Eran otros tiempos, tiempos de honestidad.

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