ASUNCIÓN DE JUÁREZ A LA PRESIDENCIA





Ignacio Comonfort en toda su actuación presidencial se manejó en una forma en extremo divagante. Primero promulgó solemnemente la Constitución de la República el 5 de febrero de 1857 y poco después la desconoció, aprehendiendo a Juárez

Por Gilberto Escobosa Gámez
Fecha de publicación: 2019-04-07 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 
 

Por Gilberto Escobosa Gámez

Ignacio Comonfort en toda su actuación presidencial se manejó en una forma en extremo divagante. Primero promulgó solemnemente la Constitución de la República el 5 de febrero de 1857 y poco después la desconoció, aprehendiendo a Juárez con todo y ser ministro de la Suprema Corte de Justicia. De ese golpe de Estado se aprovechó don Benito Juárez para escalar el poder, desempeñando el puesto de presidente de la República errante y eterno. Sin embargo, se transformó en un símbolo y en el abanderado de la Reforma: Si aguantador fue don Benito en los viajes cambiando la capital de la República, lo fue también su carretela que aún se exhibe en nuestro Museo Nacional de Historia. 

Juárez hizo dos giras fantásticas: Una en la fecha en que Comonfort dio el golpe de Estado y la otra, cuando los franceses invadieron nuestra patria. 

La primera principió en enero de 1858 en México, siguió hasta Manzanillo, en donde se embarcó con rumbo a Panamá. Las obras del Canal de Panamá se terminaron en 1914, así pues, debe haber sido costosa y angustiosa esa gira al embarcarse en Manzanillo,  desembarcar en Panamá, seguir por tierra hasta llegar al Mar de las Antillas y allí volver a embarcarse con rumbo a la Habana, después a Nueva Orleáns y de allí a Veracruz para regresar triunfante otra vez a México. En Veracruz estuvo hasta enero de 1861 entrando en la capital el 11 de enero del mismo año y permaneciendo en ella hasta mayo de 1863, fecha en que vuelve a reanudar otra gira, entonces con rumbo a San Luis Potosí, tocando el Mineral del Catorce, Saltillo, Monterrey, Monclova, Mapimí, Chihuahua, Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez), Durango, Zacatecas, San Luis Potosí y nuevamente México, al que regresó el 15 de julio del año de 1867. Esta odisea fue con motivo de la intervención francesa. 

Resumiendo:  

Su gira en la Guerra de Reforma abarcó tres años: 1858, 1859 y 1860; entró en México en enero de 1861.

Gobernó en México 2 años 5 meses: 1861-1862 y 5 meses de 1863.

Su gira en la guerra contra los franceses abarcó 8 meses de 1863-1864-1865-1866, y 6 meses 15 días de 1867. El tiempo que gobernó fueron 14 años, 6 meses y 18 días; falleció el 18 de julio de 1872 comprendiendo los años de su gobierno desde 1858 hasta 1872. 
A principios de noviembre de 1857 Juárez dejaba la Gobernatura de Oaxaca y llegaba a México a tomar posesión del Ministerio de Gobernación. Este puesto sería transitorio ya que al principiar diciembre escalaría el puesto de ministro de la Suprema Corte de Justicia. Comonfort acosaba a Juárez insinuándole la necesidad de que se reformara la Constitución que habían jurado, por considerarla no ajustable a las costumbres mexicanas, con todo y la constante contestación de Juárez, de que:

"Más vale gobernar con la ley, por mala que se le repute, que sin ella”.

Empezaba a respirarse un ambiente asfixiante, como nunca se había presentado antes. Se decía que Zuloaga estaba en tratos secretos con Comonfort, para que éste se retractara y públicamente declarara inaceptable la Constitución y acatar de nuevo el imperio de la religión y el repudio de los progresos adquiridos en la independización  de la iglesia y el Estado. Entonces Juárez volvió a decir:

"Me siento tranquilo, porque en cuanto de mí dependa y aunque fuera en el risco de una montaña, sostendré la Constitución. Al pueblo, que es el depositario de la soberanía nacional y objeto principal de los beneficios de la revolución liberal, le corresponde salir en su defensa. Yo estoy a las órdenes de ese pueblo para responder en el mismo momento en que considerara sus derechos en peligro”.

Comonfort y Juárez eran amigos y se tuteaban y trataban con mucha confianza.

"Te quería comunicar hace días  -dijo el señor Comonfort al señor Juárez- que estoy decidido a cambiar de política porque la marcha del Gobierno se hace cada día mas difícil, por no decir que imposible; los hombres de algún valor se van alejando del Palacio, los recursos se agotan, yo no sé lo que va a hacer el país si no procuramos todos que las cosas vayan mejor. A la revolución física no le temo, la afrontaré como hasta aquí; pero la revolución moral exige otra clase de medidas que no son las armas ni la fuerza”.

"Alguna cosa sabía yo –le contestó el señor Juárez con mucha calma—pero por supuesto que nada me habías dicho, yo tampoco quería hablarte una palabra”.

"Pues bien –replicó el señor Comonfort—ahora te lo digo todo; es necesario que cambiemos de política y yo desearía que tú tomaras parte y me acompañaras”.

"¿De veras? –le contestó el señor Juárez, sin perder la calma y como si le hablara de la cosa más llana del mundo- te deseo muy buen éxito y muchas felicidades en el camino que vas a seguir, pero yo no te acompañaré en él”.

Por fin se pronunció Zuloaga el 17 de diciembre en Tacubaya proclamando la suspensión de la Carta Magna del 57 y reconociendo a Comonfort como jefe de Gobierno, para que expidiese una nueva Constitución. Cuando le manifestaron a Juárez los señores ministros que habían renunciado a sus puestos por no estar de acuerdo con sus procederes, él les expresó:

"Esperar, esperar. Tengo que esperar el desarrollo de los acontecimientos, porque ninguno de los poderes constitucionales ha sido disuelto. Si renunciara a mi elección como presidente de la Corte de Justicia de Nación, podría legalmente ser sustituido por otro de los magistrados electos a gusto de la reacción y quedaría imposibilitado de asumir la Presidencia de la República por ministerio de  ley, en el momento oportuno.
Tal vez llamaría a Cortés Esparza o a Lacunza ¡Qué sé yo! Soy uno de los que ni puedo ni debo renunciar, renunciar es huir”.

Cuando don Benito se presentó a sus labores, cuál no sería su sorpresa al manifestársele que se diera por preso, confinándole en una dependencia del Palacio Nacional, rigurosamente incomunicado; allí escuchó los repiques de las campanas de la Catedral, señal que le indicó que el golpe de Estado estaba consumado.

El enigmático Comonfort lanzaba a la nación un manifiesto explicando su actitud absurda y contradictoria. Cuando le transmitieron a Juárez un recado de Comonfort diciéndole que estaba apenado por el cariz que habían tomado los acontecimientos y que ya procedía a ordenar su libertad, Juárez sólo sonrió y contesto que:

"Sabía que él era un prisionero, no un amigo del infidente a la causa de la libertad, y eso era todo”

Zuloaga procedió, como era lógico suponerlo, a la destitución de Comonfort y asumir la Presidencia, mientras el  destituido hacía el triste papel de cómplice de tan amarga farsa. Sólo Comonfort a gritos afirmaba que había sido traicionado y hecho muy mal en rectificar tan solemne paso que la Nación había dado y que sólo le quedaba la esperanza de que Juárez, ya libre, fuera al que Dios pudiera inspirarle la solución de tan grave problema.

Juárez salió en libertad por la puerta del Palacio que da a la calle de La Moneda, despojado de la levita que usaba y con las demás prendas del atuendo escondidas, trasladándose a la casa de su amigo Nicolás  Pizarro, el que  al llegar y ver a un tipo en esas trazas no reconoció que se trataba de su gran amigo Don Benito Juárez. De la casa del señor Pizarro salieron al día siguiente Juárez, Pizarro y don Manuel Ruiz, rumbo  Chichihuacan y de allí a Acolman y Cuautitlán, en donde tomaron un  guayín del correo y la emprendieron para Querétaro, hasta Manzanillo, en donde embarcaron con rumbo a Panamá y de allí finalizar el viaje en Veracruz.

En Guadalajara demostró Juárez una gran entereza al enfrentarse al peligro en el que estuvo, cuando un grupo de soldados al mando de un oficial intervinieron a asesinarle. Solo el desplante de Guillermo Prieto le salvó al interponerse entre los militares y don Benito, gritando "¡alto! los soldados mexicanos no asesinan”.
Penosa fue la odisea de Juárez y sus acompañantes al cruzar por tierra el Istmo de Panamá y de allí a navegar por Cuba y Nueva Orleáns y desembarcar en Veracruz.

Sin embargo el que estableciera allí la capital de la Nación y resistiera los ataques de Miramón, tuvo sus ventajas ya que recibió como premio el reconocimiento de los Estados Unidos al Gobierno Juarista.

@(Copyright) Claudio Escobosa Serrano, Todos los derechos reservados

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