CALLE GENERAL ANTONIO ROSALES





Militar y patriota. Nació en Juchipila, Zacatecas el 11 de julio de 1822, hijo de Don Apolonio Rosales y Doña Vicenta Flores. En 1846, se alistó en la Guardia Nacional para combatir a los invasores norteamericanos tomando parte en la batalla de Monterrey

Por Juan Antonio Ruibal Corella
Fecha de publicación: 2019-04-07 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 
 

Por Juan Antonio Ruibal Corella

De su libro titulado "PERSONAJES DE LA CIUDAD. Nombres de algunas de las calles más representativas de Hermosillo”

(Centro de la ciudad, continuación del Boulevard Abelardo L. rodríguez hacia el sur)

Militar y patriota. Nació en Juchipila, Zacatecas el 11 de julio de 1822, hijo de Don Apolonio Rosales y Doña Vicenta Flores. En 1846, se alistó en la Guardia Nacional para combatir a los invasores norteamericanos tomando parte en la batalla de Monterrey, estableciendo su residencia en Guadalajara, después del Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo.

Por diferencias políticas, fue encarcelado y concluyó por radicarse en Sinaloa, donde fue Secretario de Gobierno en 1856 y 1857; durante la Guerra de Reforma, militó en las tropas liberales a las órdenes del general Plácido Vega. Tuvo algunos conflictos y hasta fue acusado de conspirador, por lo que huyó para salvar la vida.

El nuevo gobernador general Manuel Márquez lo nombró Prefecto y Comandante Militar de Culiacán. Tuvo un serio enfrentamiento con el general Jesús García Morales a quien substituyó en el puesto de Gobernador. Al presentarse la escuadra francesa frente a Mazatlán, rehusó categóricamente las invitaciones que le hicieron para que reconociera al Imperio.

El 22 de diciembre de 1864, al frente de las tropas de la República derrotó en San Pedro, Sinaloa al Coronel francés Grazielle. Esta acción de guerra lo inmortalizó, porque la ganó con elementos inferiores en número, armamento y organización y tuvo grandes repercusiones de ánimo, en momentos en que la mayoría de los jefes republicanos se retiraban sin combatir o eran derrotados. Rosales fue humano y magnánime con los prisioneros perdonándoles la vida y dejándolos en libertad.

Debido a la turbulencia de la época, menudeaban también los conflictos internos. Las pugnas no se hacían esperar y Rosales no fue la excepción. Tuvo fricciones con el Coronel Ascención Correa y con el general Ramón Corona. Se fue a operar con su fuerza a la región norte de Sinaloa y encontrándose en El Fuerte, el Prefecto de Álamos Don Francisco Ferrel, le pidió auxilio para combatir a los invasores franceses.

El 23 de septiembre de 1865, Rosales con 300 hombres llegó a Álamos cuya plaza había sido aparentemente abandonada por los imperialistas al mando de Don José María Tranquilino (a) "El Chato” Almada, pero se trató de un ardid, ya que la mañana del 24, los infidentes en número de 2,000 elementos cayeron sobre la ciudad, despedazando a los defensores no obstante su resistencia heroica. Rosales fue herido en el vientre y se encontraba inerme en el suelo, cuando la madrugada del 25 un indio mayo adicto al Imperio, le dio brutal muerte a palos.

El cadáver de Rosales fue velado en el pasillo principal de la Casa de la Moneda en Álamos y al día siguiente por órdenes de Almada, se le rindieron solemnes honras militares y fue sepultado en el panteón municipal, en cuyo sitio permaneció hasta el año de 1923, en cuya fecha sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres en la ciudad de México.

Refiere don Niceto de Zamacois, que el periódico oficial francés denominado "L´Estaffete”, que siempre se distinguió por sus referencias despectivas y burlescas hacia los republicanos, comentó la muerte de Rosales en términos muy respetuosos al decir "El general Rosales era uno de los jefes más notables del Partido Republicano. Hombre de un desinterés a toda prueba leal, valiente y versado en el arte militar, deja en las filas del partido contrario un vacío que le será difícil llenar… Justicia a los vencidos”.

El gobernador de Sinaloa General Domingo Rubí a pesar de haber chocado con Rosales, en un acto de nobleza que lo honra, por decreto de 10 de octubre de 1865 lo declaró Benemérito del Estado. Con posterioridad, se le dio el nombre oficial de Culiacán de Rosales a la capital del Estado de Sinaloa y el 15 de septiembre de 1898, se descubrió su estatua en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México.

@(Copyright) Juan Antonio Ruibal Corella, Todos los derechos reservados

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113.- Francisco Sosa, "Las Estatuas de la Reforma”, Tomo III, Colección Metropolitana, México, 1974.
114.- Almada op. Cit

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