LA TRAGEDIA EN HIDALGO MERECE UNA REFLEXIÓN ÉTICA





El día de la explosión en Tlahuelilpan estado de Hidalgo, previo a ella observamos a habitantes de esa comunidad jugando en la fuente de gasolina en que se había convertido la fuga en el ducto que transportaba el combustible

Por Olga Armida Grijalva Otero
Fecha de publicación: 2019-02-05 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Politica

 
 
 

Por Olga Armida Grijalva Otero

Los mexicanos no viven, no luchan, no trabajan: juegan. Pero el juego de la muerte ha matado el juego mismo. Es así como comenzaron a encontrar la muerte en el juego.

Seudónimo Polibio de Arcadia.

El día de la explosión en Tlahuelilpan estado de Hidalgo, previo a ella observamos a habitantes de esa comunidad jugando en la fuente de gasolina en que se había convertido la fuga en el ducto que transportaba el combustible. Brincaban, se veían jubilosos, niños, jóvenes y adultos acarreando bidones llenos del preciado líquido.

De pronto aquello se convirtió en un verdadero infiero, flamazos de hasta cuatro metros de altura que los sorprendió. Arrojando hasta al momento de escribir el presente artículo 118 muertos varios quemados en primer, segundo y tercer grado. ¡Sin duda una tragedia!!

Hemos padecido tragedias provocados por la naturaleza, otras provocadas por el estado como fue el caso de la guardería ABC, considerada esta como crimen de estado, otras más por el abuso del poder como Tlatlaya, Aguas Blancas, Ayozinapa etc. La de Hidalgo fue una tragedia provocada por las ahora víctimas de la explosión.

¿Cómo llamarle a tal inconciencia donde se vieron padres con sus propios hijos exponiéndose ellos y los menores a un peligro inminente? si la analizamos superficialmente sin duda es de llamarla irresponsabilidad auto suicida.

Por otra parte, nos dimos cuentas que el famoso huachicol es el modus vendí de esa comunidad incluyendo sus autoridades municipales.  Esta actividad no es un caso aislado, es una verdadera organización criminal donde quedan incluidos por acción u omisión, gobierno federal, gobiernos locales, altos funcionarios de la paraestatal, empresarios gasolineros, así como el sindicato de dicha empresa.

¿Cómo identificar a aquellos que cargan con la responsabilidad del desorden en nuestro país? ¿El estado, los explotadores, los instruidos, los analfabetos, los ricos los pobres, las instituciones los medios de comunicación? ¿Quién es nuestro enemigo?
 
Al parecer somos todos en su conjunto, porque somos un pueblo que nos hemos dedicado a producir presente, olvidándonos del tiempo y del futuro, como si hubiéramos leído todos los archivos de México y reescribir todo aquello que hemos leído que nos ha llevado a una incapacidad de volvernos adultos, además, con una infinita capacidad de engañarnos a nosotros mismos.

La responsabilidad del daño no es de nadie, todo se resume a accidente, porque al derecho no lo entendemos como una necesidad, un criterio de utilidad pública para el interés colectivo, sino que lo convertimos en letra muerta, las leyes son manipuladas, sitiadas, deformadas, estas leyes han sido el abono en el cual creció la impunidad de un pueblo reacio a la ley y la perversidad de unas dirigencias delincuentes.

Basta recordar  el fallo de la Suprema Corte de justicia de la Nación en el caso de la guardería ABC, no encontró autoridades responsables, solo autoridades involucradas, es decir el limbo jurídico.

Observamos que unos utilizan a otros y todos se usan mutuamente por medio del engaño, el poder y la fuerza, pero no en beneficio del conjunto social.

¿Lo anterior obedecerá a que los gobiernos en nuestro país no se han preocupado por implementar políticas públicas que impulsen un cambio de mentalidad, usos, hábito y valores? Es decir, formar un sistema de creencias colectivas que los mexicanos empleáramos en nuestra vida cotidiana, para crear capital humano, que es un requisito de los demás recursos sociales, como la capacidad de organización, la cooperación, la confianza y el altruismo que constituyen el capital social.

Sin capital humano ni social, no hay autoridad moral, ni conducta ética, ni responsabilidad, ni disciplina, ni justicia ni igualdad ¡Hay pobreza espiritual!

Teníamos conocimiento que el huachicol se practicaba, aunque no en esa magnitud que dejo al descubierto la tragedia, la información vertida se desprende la propensión de las autoridades, de los altos funcionarios de Pemex, de su sindicato de los propios ciudadanos de Tlahuelilpan para traicionar a la patria, destruir la economía, dañar a los compatriotas, desangrar las finanzas del país y no acabar de ser en pleno siglo XX1 una nación coherente y unida

¿Se barrera la escalera de arriba hacia abajo como lo ha prometido el presidente López Obrador para abatir la corrupción? 

Nos urge el contrato ético emocional, para entrar en un dialogo de recontratación con los ciudadanos y el gobierno de cómo vamos a cooperar juntos en la sobrevivencia, en el involucramiento y en la salud moral de la sociedad.

¡Nos urge riqueza espiritual!


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