CALLE HERMENEGILDO RANGEL





Sacerdote ejemplar y amigo de la juventud. Nació en Ciudad Lerdo, Durango el 8 de diciembre de 1913, hijo del Teniente Coronel Hermenegildo Rangel y la Maestra Marcelina Lugo. Antes de cumplir un año de nacido falleció su padre...

Por Juan Antonio Ruibal Corella
Fecha de publicación: 2019-02-04 00:00:00

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Por Juan Antonio Ruibal Corella

De su libro titulado "PERSONAJES DE LA CIUDAD. Nombres de algunas de las calles más representativas de Hermosillo”

(Colonia 5 de mayo)

Sacerdote ejemplar y amigo de la juventud. Nació en Ciudad Lerdo, Durango el 8 de diciembre de 1913, hijo del Teniente Coronel Hermenegildo Rangel y la Maestra Marcelina Lugo. Antes de cumplir un año de nacido falleció su padre, por lo que Doña Marcelina emigró a Nacozari para emplearse como Maestra. En ese lugar, el personaje inicia su educación primaria y a los 11 años bajo la guía del Padre Francisco Navarrete entonces Párroco de Nacozari, los concluye en Magdalena en donde ingresó al Seminario de Sonora.

Concluidos sus cursos de Teología, estudió en Roma la licenciatura en Derecho Canónico y es ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1938 por el Obispo Navarrete en la Catedral de Hermosillo. Fue maestro durante muchos años en el Seminario de La Parcela, donde fundó en diciembre de 1938 un boletín de estudiantes. En 1941 junto con el obispo funda la A.C.J.M., formadora de la juventud hasta la época de los sesenta. En 1942 funda "Sursum” periódico mensual informativo.

A principios de los cuarentas y hasta los cincuentas, fue Vicario General de la Diócesis de Sonora y párroco de Catedral entre 1945 y 1958. Pastor con espíritu misionero, atendió barrios marginados de Hermosillo, así como de La Costa, rancherías, ejidos y pueblos cercanos y con el objeto de llevar el mensaje cristiano a las gentes, funda en compañía de los padres Cruz G. Acuña y José Pedroza en 1948 el semanario "El Católico”. En 1951, animó la atención alimentaria y hospitalaria que se brindó a centenares de migrantes que se quedaron varados en la ciudad.

Ante el crecimiento de Hermosillo, promueve la construcción del moderno templo del Sagrado Corazón de Jesús en el barrio de la Cruz Gálvez, hoy 5 de mayo, cuya primera piedra se puso el 8 de junio de 1960. En ese barrio, se fundó y atendió a la A.C.J.S. a mediados de los cincuenta. Después de concluir su ministerio como párroco en 1958, atiende por algún tiempo la comunidad de Carbó en los años sesenta.

El Señor Armando Armenta Montaño escribe:

"De Rangel se ha dicho que tenía una alegría contagiosa, era claro como Maestro, un sacerdote con profunda espiritualidad, hombre de oración, meditación y conocimiento de los evangelios, fue culto, desprendido, austero y pobre; un pastor con calidad humana, buen trato y solidario con los pobres, fuerte en las adversidades como la enfermedad y los conflictos del ministerio”.

Por su parte, Fernando Andrade Domínguez testifica como antiguo residente de la Colonia 5 de Mayo: "Pasado algún tiempo alternábamos voleibol con el béisbol que a la mayoría nos gustaba más y nuestro amigo el padre Rangel en primera fila como el fanático más fanático; compartía muchos momentos con nosotros y se despojaba de sus vestiduras eclesiásticas, departía como uno más de nosotros e inclusive en alguna ocasión nos regaló uno de sus cigarros Delicados (¡Qué sabio, a nadie nos agradó lo fuerte y allí la industria cigarrera perdió a varios clientes a futuro!). Únicamente nos quitó la tentación…”.

Hacia 1967, su salud se quebrantó debido al desgaste propio de su entrega al ministerio y es recluido en el Hospital San Francisco en el que funge como Capellán. Aún enfermo no dejó de ser consejero, director espiritual, confidente de sacerdotes y fieles y en su cuarto de enfermo, pasaba las horas orando a pesar que casi perdía la vista y se ayudaba con instrumentos nuevos para leer la liturgia.

Al fin el cáncer ganó la batalla falleciendo el 13 de agosto de 1982. Su deceso causó consternación en quienes lo conocieron y lo trataron. Fue sepultado en el Panteón Yáñez el día 14 a media mañana junto a los restos de su madre.

Y va de anécdota: El autor de estos "Personajes de la Ciudad”, fue pupilo del Padre Rangel de mediados de los cuarenta a principios de los cincuentas. Le encantaba el box y nos hacía calzar los guantes, suspendiendo de inmediato la función, cuando alguno de los pugilistas debido a un golpe, era presa de la cólera hacia el contrario.

Lo recuerdo siempre de buen humor y la sonrisa a flor de labio. La única vez en mi vida que lo vi muy disgustado, fue en una ocasión que Virgilio Ríos Aguilera, Rubén Matiella, Francisco Vizcaíno y el autor, le robamos por varias horas su "charanguita”, que estacionaba por fuera de Catedral. ¡Ah como nos regañó a nuestro regreso!

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106.- Testimonios de los Sres. Armando Armenta Montaño y de Fernando Andrade Domínguez.

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