CALLE ENRIQUE QUIJADA 





Nació en Ures en 1857, hijo de Don Jesús Quijada y Doña María Concepción Parra. Desde pequeño, llamó la atención por su inteligencia, uno de sus primeros maestros Don Leocadio Salcedo, predijo un brillante porvenir

Por Juan Antonio Ruibal Corella
Fecha de publicación: 2019-01-26 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 
 

Por Juan Antonio Ruibal Corella

De su libro titulado "PERSONAJES DE LA CIUDAD. Nombres de algunas de las calles más representativas de Hermosillo”

(Colonia Balderrama y otras)

Maestro, tribuno y poeta. Nació en Ures en 1857, hijo de Don Jesús Quijada y Doña María Concepción Parra. Desde pequeño, llamó la atención por su inteligencia, uno de sus primeros maestros Don Leocadio Salcedo, predijo un brillante porvenir debido a su desmedida afición por la lectura. Muy joven, ya había leído todas las obras clásicas de autores griegos y latinos y apenas siendo adolescente, se reveló como un estupendo orador que emocionaba al público durante las fiestas patrias.

En 1887, se asoció con Don Ismael Quiroga para fundar la publicación "El Eco del Valle” la cual dirigió. Logró darle tanto prestigio a su órgano periodístico, que algunas de sus producciones fueron traducidas al francés y publicadas en las columnas de "Le Figaro” de París. Uno de sus artículos que produjo sensación en Francia a la par que comentarios elogiosos fue "Un Hombre de Agua” en el que se refería al Mariscal Aquiles Bazaine,  por el cual se otorgó al personaje diploma y medalla.

Como educador, Quijada siempre estuvo ávido de fe y entusiasmo, dejando una generación de jóvenes preparados; fue como una llave maestra para ellos, que les abrió de par en par las puertas del conocimiento, un guía que los condujo por el camino del progreso y todavía más, estructuró novedosos sistemas de enseñanza.

Así lo destacó el maestro veracruzano don Vicente Mora, quien en visita de inspección practicada al Colegio Oficial para Varones de Ures, de la cual era director el Profesor Quijada, se sorprendió gratamente de que hubiera hecho textos especiales para el estudio y aprendizaje de la gramática, la historia, la aritmética, geometría y geografía, evitando al alumno escollos y confusiones.

Lector incansable, en su oficina se encontraban las más importantes publicaciones educativas de la época entre otras la "Instrucción Pública”, primer periódico pedagógico editado en Sonora en el puerto de Guaymas, donde colaboraba con interesantísimos artículos didácticos y valiosas orientaciones que marcaron nuevos derroteros a nuestros maestros provincianos.

En opinión de Alonso Vidal, fue un estupendo poeta que produjo obras hermosas como una poesía dedicada "A las niñas”, de la décima clase del Colegio Oficial para niñas el año de 1886. "Para Ti y Para Mí”, escrita en 1892, "Mosaico” en 1890, "A la Diva Elisa Escalante” en 1892 y "A Laura” en 1893.

Por su parte, Villa considera que "fue considerado como un cincelador de la frase, sus versos siempre sentidos y dedicados, parecían fluir de su pluma como cascada de preciosas perlas; aunque sus cantares poéticos fueron siempre dolientes, están todos llenos de ternura y de belleza. En prosa, todas sus lucubraciones eran una verdadera filigrana por la gallardía de su dicción”.

Pero quizá, la fase más sorprendente y desconocida de su personalidad fue la de antropólogo al publicar en 1894 su obra "Habitantes Primitivos de Sonora”, donde hace una descripción de nuestros grupos indígenas. En la primera parte, trata de los diferentes poblamientos de América hasta la ubicación del mítico Aztlán; en la segunda parte, se refiere en particular a la descripción de las lenguas de las diferentes tribus que existían en Sonora en el siglo XIX, misma que contiene información muy interesante e inclusive hipótesis que aún hoy en día se manejan.

Su fallecimiento ocurrió muy joven, apenas a los 40 años de edad el 15 de febrero de 1897 en su ciudad natal y constituyendo su muerte una sentida manifestación de duelo. El 15 de enero de 1936, el H. Ayuntamiento de Nogales impuso su nombre a una escuela.

Podemos concluir que gracias a una sólida formación humanística, el personaje ganó un lugar en la historia de la educación, primero en su nativa ciudad de Ures y después en el ámbito estatal. No queremos dejar de mencionar que gracias a ese cariñoso recuerdo dejado entre los habitantes de Ures, es que las autoridades municipales en 1997, al cumplirse 100 años de su fallecimiento, colocaron junto a su austera tumba una placa que dice:

ENRIQUE QUIJADA PARRA
1857 – 15 DE FEBRERO DE 1897
SEPTIEMBRE DE 1997:
CIEN AÑOS SIN LA PRESENCIA FÍSICA
DEL MAESTRO EGREGIO
H. AYUNTAMIENTO 
1994-1997

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100.- Eduardo W. Villa, "Educadores Sonorenses”, cit. 
101.- Arq. César A. Quijada, Apuntes para la Historia de la Educación, cit. 
102.- Alonso Vidal, "Los Nuestros” cit.

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