AÑO ETERNO, HOMBRE NUEVO Y UTOPÍA CIRCULAR 2019





Los calendarios regularán la civilización terrestre y los almanaques desecharán sus hojas y alimentarán la historia, con sus fastos y nefastos.

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicación: 2019-01-10 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 
 
 

Héctor Rodríguez Espinoza  

         Los calendarios regularán la civilización terrestre y los almanaques desecharán sus hojas y alimentarán la historia, con sus fastos y nefastos.

         Hoy, hace diez días apenas, desechamos el calendario del año 2018. Antes de tirarlo a la basura, lleno de anotaciones, de símbolos, dibujos de mi personal caligrafía (corazoncitos, signo de pesos, nombres, apellidos, etc.), lo hojeo y me transporta momentáneamente a esos días, semanas o meses que se fueron como hoja al viento.       

Y es que con la inercia de la eterna incógnita Historia del tiempo -libro clásico de Stephen Hawking- y a partir del nacimiento de Jesús de Nazareth -consignado en La biblia, la obra más leída de la civilización cristiana-, la humanidad lleva un sistema de cómputo de años solares, meses, semanas y días, división artificial del año civil.

        El hombre sintió, desde remotas edades, la necesidad de esa pauta para organizar su vida y se basó en la distribución de los períodos de luz y de obscuridad, para regir usos y costumbres, para ordenar -en términos precisos y preciosos-  la moral y la cultura. 

       El primer día de cada mes, de luna nueva, era llamado por los romanos "calendas” y el informe de los sacerdotes al pueblo se llamaba "calendario”, que unos llaman "almanaque”. Son famosos los de Gotha, a partir de 1764 y el del pobre Ricardo, que durante 28 años publicó Benjamín Franklin, con informaciones, máximas y consejos éticos.

        El calendario egipcio surge a principios del tercer milenio antes de Cristo y es el primero solar conocido de la Historia. Estaba en pleno uso en tiempos de Shepseskaf, el faraón de la dinastía IV. En los Textos de las Pirámides ya se menciona la existencia de los días epagómenos. El papiro Rhind es el primer texto egipcio que menciona los 365 días del año civil egipcio. Estaba dividido en 12 meses de 30 días cada uno, organizados en tres periodos de 10 días. Al final del último mes de cada año se añadían los cinco días (epagómenos) que faltaban para completar el año solar, dedicados a varios dioses egipcios.
 
Calendario_egipcio

         Se reguló primero por la aparición de la estrella Sirio de oriente y luego por el sol, a lo que se atribuye su grandeza y regularidad agrícola.

         El calendario hebreo o judío, que pretende ser el más antiguo, porque su iniciación se sitúa junto a la creación del mundo según las Sagradas Escrituras, se divide en años de 12 meses de 30 y 20 días, semejantes al de los babilonios y griegos.

         El calendario islámico comienza el año 622 de nuestra era, con la huida de Mahoma de La Meca, que rige a cientos de millones de musulmanes.

         Se suceden los calendarios romano y el reformado gregoriano de 1582, aceptado por Europa, Asia y América.

         Otros calendarios son el solar, el lunar, el lunisolar, el positivista, el racional, el de flora y el republicano.

        El cómputo del tiempo en América, antes de Cristóbal Colón, había alcanzado, entre mayas y aztecas, una precisión admirable. El calendario azteca o piedra del sol –se admira en el Museo Nacional de Antropología e Historia- en un enorme basalto de más de 24 toneladas y 3.66 mts. de diámetro, que tiene esculpido un círculo en el que aparecen signos, figuras y jeroglíficos en relieve, delicadamente trabajados, computaba en 365 días y seis horas, menos algunos minutos, aproximándose a la exactitud astronómica con mayor precisión  que el Juliano, usado en la época.
 
Calendario-azteca

         La modificación del calendario actual sigue siendo preocupación, pues se considera un inconveniente que haya meses de 28, 30 y 31 días, y de 29 en febrero del año bisiesto, así como que ocurran fiestas a mitad de semana. No han prosperado, sin embargo, los proyectos rectificadores, que buscan una solución total.

         Toda esta cultura astronómica y religiosa, acumulada por la mente y fe de primitivos y sofisticados científicos y religiosos por siglos y cargada de  evocadoras nostalgias, renovados propósitos y sinceros deseos, constituye -entre otras cosas- la representación anual de una inconsciente y circular utopía, ese concepto griego hecho famoso por Tomás Moro, que podría traducirse tanto como "ningún lugar" como por "buen lugar", que significa región, estado o época ideal y perfecta, pero totalmente imaginaria, en la cual las horas de trabajo, la propiedad y los bienes estaban armoniosamente distribuidos.

         El tiempo sigue su inexorable marcha como siempre.

       El cosmos nos seguirá negando las evidencias de su principio y fin. Su misteriosa infinitud -representación de la idea de Dios, que inquieta a teólogos, filósofos y científicos-, continuará rigiendo e inspirando ¿por siempre? la exacta y espiritual cultura humana.

       Los calendarios regularán la civilización terrestre y los almanaques desecharán sus hojas y alimentarán la historia, con sus fastos y nefastos.

       En -a veces en contra de- la naturaleza, cada uno de los mortales hombres que la poblamos y cultivamos, desde los humanistas sabios griegos, agotaremos nuestra limosna de vida, de luz y de obscuridad, con nuestras glorias y miserias, individuales y colectivas.

      Millones mirando al ignoto sideral, implorando: "Padre nuestro, que estás en los cielos ..."     

         Pero el periodo anual es el mismo. Sin embargo, frente a la pasividad del nihil nuovo sub sole/"nada hay nuevo bajo el sol," cada día es, para cada uno de nosotros, en verdad, el activo reto y oportunidad de ser los artífices del tan deseado "feliz año nuevo" o, como debiera decirse: del "feliz hombre nuevo", que estamos en la tierra.

         Construyámoslo.

Usted debe de haber desechado su calendario del año 2018, ¿no? Quizá, como yo, antes de tirarlo a la basura, lleno de anotaciones, de símbolos, dibujos de su personal caligrafía, debe de haberlo hojeado y transportado momentáneamente a esos días, semanas o meses que se fueron como hoja al viento, ¿verdad? Fue su historia personalísima, con sus fastos y nefastos, glorias y miserias, individuales y colectivas.

Ahora, acudamos a la célebre frase atribuida al símbolo de la rebelión juvenil y del activismo radical de los 60s y 70s, Abbie Hoffman: "Hoy es el primer día del resto de tu vida”.

        

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