DEL TINTERO DE PRIMERA MANO





La paz es el supremo valor del Derecho Internacional. Cobró relevancia al término de las dos guerreas mundiales del siglo pasado, en particular el holocausto judío, conflicto armado que produjo 50 millones de muertos, entre combatientes y no combatientes.

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicacin: 2018-10-02 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 
 

Héctor Rodríguez Espinoza

I. LA DIFÍCIL PACIFICACIÓN NACIONAL

La paz es el supremo valor del Derecho Internacional.

Cobró relevancia al término de las dos guerreas mundiales del siglo pasado, en particular el holocausto judío, conflicto armado que produjo 50 millones de muertos, entre combatientes y no combatientes.

Lo recordamos, con vergüenza y luto eterno, los días 6 y 9 de agosto.

El primero, el lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima; y el segundo en Nagasaki.

A su término, se firmó la paz y su fruto jurídico fue la Declaración Mundial de los Derechos Humanos, por las Naciones Unidas.

Pero el valor de la paz tiene su correlato interno o nacional en los 198 países con conforman el concierto internacional. Cada uno con propia fenomenología de emigración de futuro incierto para millones de familias enteras, inseguridad pública, delincuencia organizada, miseria y pobreza económicas, abismal desigualdad entre las clases sociales y su causa y efecto a la vez: la corrupción y su impunidad.

Es el caso de México, esta tipología encaja casi a la perfección. Y se manifiesta  cada día debido al tsunami electoral nacional del pasado 1° de Julio.

Por eso, ante un régimen político estrujado desde sus cimentos, y un tejido social más quizá deshilachado, adjetivado de cementerio, de fosa común y hasta de ruinas, se explica y justifica la celebración accidentada de Foros de pacificación regionales. Accidentada porque han sido criticados de manipulados y de nuestra proverbial simulación.

El reto y la meta constituyen una montaña muy alta de escalar.

Además de criticarlos, contribuyamos cada uno de nosotros a su relativo éxito.

La pacificación social y la verdad y justicia que anima a la llamada justicia transicional nos importa y conviene a todos.

II. EL TIEMPO QUE YA NO NOS QUEDA LIBRE

Es muy difícil, casi imposible, para los académicos y periodistas serios, digerir, razonar y juzgar a conciencia, el aluvión de información geopolítica, nacional, estatal y hasta municipal que nos llega por los medios tradicionales y ahora por este nuevo actor –para bien y para mal-: me refiero a las redes sociales, un nuevo tribunal de la santa inquisición, en su lado perverso.

Las campañas y la elección presidencial de Morena y su líder indiscutido, Andrés Manuel –como le gusta llamarle-, le puso turbo al inédito e incierto destino nacional, al corto, al mediano y al largo plazo.  

Facebook, youtube, twitter, whatsupp, instagram, nos atrapan a una computadora, a una Tablet o a un teléfono celular. Y, si nos descuidamos, nos ponen en una frenética revolución las 86,000 millones de neuronas, en el prodigioso cerebro de la persona adulta.

Demasiados actores políticos en los Medios, cada uno con sus explicables, respetables y legítimas filias y fobias, que nos impiden decidir preferencias. Sin duda todos y cada uno las merecen.

Pongo un ejemplo: desde la madrugada los días hábiles: Mario Ramón Beteta, Ciro Gómez Leyva, Carmen Aristegui, Luis Alberto Medina, Juan Carlos Zúñiga, Aarón Tapia, Joaquín López Dóriga, Juan Ruiz Healy, Javier Ruiz Quirrín, Sergio Romano, Soledad Durazo, Hilario Olea y Víctor Mendoza,  Carlos Puig, Carlos Marín, Lorenzo Meyer, Amparo Casar, Sergio Aguayo, Leonardo Curzio, José Antonio Crespo y Francisco Paoli Bolio, …¡Uf! toda una posmoderna Universidad mediática.

Ahora, más que nunca, nos urge un taller de administración del tiempo.

Ya no  más la letra de aquella hermosa canción: "… el tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí …”, de José Ángel Espinosa Ferrusquilla, que inmortalizó María Dolores Pradera.

III. LA INTERESANTE TRANSICIÓN POLÍTICA MEXICANA

A casi tres meses de una elección de los tres órdenes de gobierno, encabezada por la presidencia de la república, nuestra democracia electoral, sólo la electoral, tiene mucho de qué enorgullecerse.

Una votación de 63% de la población electora; y un 53% de la votación favorable al nuevo Movimiento de Regeneración Nacional, partido Morena, es un ejemplo no sólo a nivel latinoamericano, sino hasta en democracias europeas del este y del oeste.

Hago énfasis en el aspecto electoral cuantitativo, porque la democracia no se constituye ni se agota sólo en el sufragio, sino en las periódicas cuentas que rindan los gobernantes electos; desde el más modesto regidor étnico o mestizo, hasta el mismo presidente de la República.

Debido a nuestro defectuoso diseño constitucional, seis meses para la toma de protesta del presidente electo observamos:

- El anunciado vuelco de la composición electoral y apropiación quasi unipartidista del poder;

-  La desaparición de los candidatos perdedores y

-  La abdicación del presidente Peña Nieto.

Cada día que pasa, la positiva reacción internacional; las 50 acciones anunciadas; las iniciativas legislativas anunciadas y el acomodo de los analistas de los medios, entre radicales opositores, sensatos comentarios y fanáticos de la alabanza, nos están permitiendo adaptarnos a nuevos paradigmas del ejercicio del poder, en nuestra desigual y combinada realidad económica y política mexicana.

Sea bienvenida la aplicación de los principios ideológicos y bases de acción de Morena.

Sea bienvenida, también, la oposición leal a la patria, del PRI y del PAN, que representan al 47% del electorado.

Y seamos bienvenidos quienes, como el de la voz y desde la academia universitaria, contribuimos a seguir construyendo la democracia, concebida no sólo como un régimen político, sino como todo un sistema de vida que nos garantice el mejoramiento económico, social, y cultural del pueblo todo. Sobre todo del 60% de miserables y pobres del México profundo. 

°°° 

-Héctor Rodríguez Espinoza es Doctor en Derecho y Maestro en Derecho Internacional por Universidad de Sonora. Ex Director de Escuelas de Derecho UNISON y UNO. Ex Sub delegado del Instituto nacional Indigenista. Ex coordinador General de Cultura (1982-1985). Ex Director Administrativo El Colegio de Sonora. Ex Secretario CEDH. Académico de Derecho UNISON e ISAP. Editorialista y autor de libros –Ed. Porrúa y Editorial Académica Española- y ensayos sobre Historia, Derechos Humanos, Combate a la Corrupción y Cultura.

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