CANTINFLAS EN HERMOSILLO





Mario Moreno "Cantinflas” nació en la Ciudad de México en 1911, en el seno de una familia muy pobre y numerosa, que le obligó a empezar a trabajar a edad muy temprana. Y cosa curiosa, los mismos empleos que tuvo en su adolescencia...

Por Gilberto Escobosa Gámez
Fecha de publicacin: 2018-07-30 00:00:00

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Por Gilberto Escobosa Gámez

De su libro titulado "HERMOSILLO EN MI MEMORIA”

Mario Moreno "Cantinflas” nació en la Ciudad de México en 1911, en el seno de una familia muy pobre y numerosa, que le obligó a empezar a trabajar a edad muy temprana. Y cosa curiosa, los mismos empleos que tuvo en su adolescencia, los vino representando en las películas que filmó unos años después.

Además de mandadero fue bolero, cartero, aprendiz de torero y de bailarín, etc. Abandonó sus estudios de medicina para convertirse en actor cómico de la carpa "Ofelia”, donde creó al personaje "Cantinflas” de lenguaje enrevesado y con indumentaria copiada de la tira cómica "Las aventuras de Chupamirto”.

Posteriormente formó pareja con Estanislao Shilinski y pasó a mejores escenarios en 1930, al formar parte del elenco de la carpa "Sotelo”, y poco después en la "Valentina” en 1933, hasta alternar con Agustín Lara en el Follies Bergere de Santa María la Redonda.

En 1936 actuó por primera vez en el cine, en la película "No te engañes corazón”, desempeñando un papel secundario. Al año siguiente fue "El Tejón” en la cinta "¡Así es mi tierra!” de Arcady Boytler.

Boytler le contrató nuevamente al filmar "Águila o sol”. En las dos películas trabajó al lado del gran cómico Manuel Medel.

Antes de continuar con su actuación en los filmes que tuvieron un éxito inusitado desde el principio, hizo una gira por varias ciudades de la República, para darse a conocer mejor, aunque debemos decir, ya estaba siendo muy famoso en casi todo el país.

En 1939 estuvo en Hermosillo actuando y recordamos que en cada una de las funciones los hermosillenses le aplaudían con entusiasmo. "Hermosillo”, habían dicho varios actores, "es una ciudad que poco se entusiasma en las funciones teatrales”, pero "Cantinflas” borró ese mito.

Tanta fue la popularidad del cómico en nuestra ciudad, que literalmente le obligaban a salir una o dos veces en escena, después de terminar su participación. El público reía a más no poder con su modo de cantar y bailar y sus discursos que no decían nada.

El cómico se ganó sin mucho esfuerzo la simpatía de los hermosillenses, pues eran numerosas las personas que concurrían al lugar donde se hospedaba, a saludarle y a rendirle un homenaje personal.

En ese año la señorita Emma Torres Escobosa cumplía quince años de edad; la familia Torres Escobosa vivía en la Calle Juárez, casi enfrente del negocio de don Carlos M. Calleja. Emma era la menor de los hijos del matrimonio y sus padres organizaron una fiesta con música viva y baile en su propia casa, como era costumbre en ese tiempo. 

La joven era una muchacha bonita, además, ¿Qué muchacha no es encantadora a sus quince años de edad? Entonces ella aunaba esas dos circunstancias para ser una quinceañera digna de admirarse.

La fiesta comenzó y los muchachos y las jóvenes iban llegando con sus mejores ropas, mientras la orquesta tocaba las melodías más populares. A las 23:00 horas el entusiasmo era desbordante, sin que ninguno de los presentes estuviese ebrio, lo cuál habría sido mal visto.

Pero la fiesta cobró caracteres de suprema alegría cuando llegó a la fiesta el cómico "Cantinflas”, y más cuando empezó a bailar con su estilo de peladito, formando todos un círculo que le aplaudía. Terminada la pieza, el visitante nos dirigió un discurso "cantinflesco” y luego invitó a bailar a la quinceañera, después de que el padre de la muchacha había inaugurado la fiesta bailando con ella. 

Luego Mario Moreno bailó con la señorita Fina Mazón y ambos cantaron junto al piano de la orquesta, en la forma que el cómico lo hizo en todas sus películas.

El imitador del peladito mexicano se retiró de la fiesta después de la media noche y durante mucho tiempo comentamos lo agradable que había sido la presencia del cómico, que se había apoderado de la simpatía de quienes le conocimos en esa ocasión.

Cuarenta años después me tocó volver a ver a "Cantinflas” personalmente, en el Casino de Hermosillo, cuando fue invitado por don Alejandro Carrillo y su esposa doña Aura. Pero en esta ocasión ya no era el mismo; ahora era un hombre pedante y prepotente que rechazó a quienes llegaron hasta él para saludarle. El hombre había cambiado; la riqueza y la fama le habían echado a perder su simpatía personal.

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