EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 45)





No hemos dicho que el padre Kino fue también escritor. A pesar de su admirable actividad, tuvo tiempo y calma para escribir alguna obra. La más importante, llamada "Favores Celestiales", cubre un cuarto de siglo en la historia de Sonora, Arizona y California

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicacin: 2018-07-20 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 

 
 
 

Lo que no está escrito en Este Libro

Por Cruz G. Acuña

No hemos dicho que el padre Kino fue también escritor. A pesar de su admirable actividad, tuvo tiempo y calma para escribir alguna obra.

La más importante, llamada "Favores Celestiales", cubre un cuarto de siglo en la historia de Sonora, Arizona y California. Sin este libro, los historiadores estuvieran a oscuras en muchas cosas referentes a esta etapa. Su relato termina en 1706 y por eso también nosotros estamos casi a oscuras con respecto a los últimos años de su vida, y no podemos detallarlos en este libro.

Tampoco hemos podido detallar, dadas las dimensiones de este pequeño folleto, todos los trabajos de sus numerosas fundaciones; ni hemos querido describir todas sus emocionantes expediciones. Realizó por lo menos cincuenta, y nosotros no hemos mencionado ni siquiera veinte, y las que mencionamos no están narradas con sus muchos interesantes detalles. Cada expedición podría ser el argumento de una película.

Menos aun quisimos metemos en política. Sólo tocamos el tema. Pero se podría escribir un largo tratado sobre las maniobras que usaron los colonos blancos para desprestigiar la obra de Kino, y sobre las artimañas empleadas por algunos superiores eclesiásticos. Los gobiernos, civil y eclesiástico, necesitaban más contribuciones y trabajo de indios, más tierras y más ranchos y hacían lo posible por controlar estas cosas.

Un ejemplo: el mismo inolvidable capitán Mange, con muy buenas intenciones y razones, hizo estallar una bomba. Escribió al Obispo de Durango y a la Audiencia, acusando a los misioneros y pidiendo tierras y trabajo de indios para los españoles. Los misioneros, tal vez los "nylon" o de oficina y no los que se desangraban en la frontera, se sintieron ofendidos y movieron sus palancas y así fue como en enero de 1708 el bullicioso Mange, que ya era general, fue arrestado brutalmente en Basochuca (cerca de Bacanuchi) por orden del Gobernador. No le permitieron ni siquiera sacar sus cosas, pues también se ordenaba la confiscación de todos sus bienes. El olímpico mandato puntualizaba que "luego" se hiciera una investigación.

Mange fue llevado prisionero "en una extraña mula" hasta Parral, Chihuahua (doscientas leguas por las sierras), y metido en un calabozo. El pintoresco General echaba rayos y centellas. Cuando después fue absuelto por intercesión de algunos misioneros, Mange exigió una explicación por escrito; y no quería abandonar la cárcel sin que se la dieran. Lo único que obtuvo el que tanto había trabajado por estas tierras, fue que lo volvieran a meter en la prisión... Así paga el mundo.

Otro ejemplo: Kino recibe una carta fechada el 16 de septiembre de 1709 en la cual se le anuncia que el Obispo de Durango ha pedido que sean suprimidas las misiones de los jesuitas en toda Nueva España.

Unos meses después -el correo era lento- recibe instrucciones sobre el mismo asunto: el Provincial de México le ordena que, en caso de que se realicen los "piadosos" deseos del Obispo, los misioneros se concentren en sus colegios... Por algo hubo después otro 16 de septiembre en el que se anunciaron mejores noticias.

Pero si la política actual es difícil de entender y seguir; después de tanto tiempo, la antigua política de Nueva España se torna tenebrosa. Por eso muchas cuestiones de política anti-kinista no figuran en este libro.

Con mayor razón nos hemos detenido respetuosos en las puertas de su alma, sin atrevernos a penetrar en el santuario de su conciencia. No hemos intentado analizar sus virtudes, ni describir su vida íntima como sacerdote o religioso, aunque algunos que lo conocieron y que tenían los ojos limpios le llamaban santo.

Dicen que en sus más difíciles expediciones, nunca dejaba de celebrar la Santa Misa; que muchas veces lo vieron pasar la noche en oración; que cuando rezaba el breviario se conmovía hasta llorar. Dicen que estaba acostumbrado a elogiar a los que lo ofendían de palabra, por escrito o de obra (aunque, decimos nosotros, sabía protestar valientemente cuando se trataba de salir en defensa de sus indios o de su gran obra).

Dicen que, aunque era millonario y repartía sus ganados por millares y enviaba limosnas hasta Roma y Tierra Santa, él personalmente vivía con la austeridad y la pobreza de los indios de la Pimería.

Dicen que nunca usaba cama para dormir; solamente tendía en el suelo una piel de res, dos toscas cobijas indígenas y su montura como cabecera.

Dicen que no fumaba, ni usaba rapé, ni tomaba vino a no ser el de la misa; dicen... En fin, esto merece otro libro; y hay que notar que la santidad no consiste en no hacer nada malo sino en hacer mucho de bueno...

Con lo que hemos escrito basta para convencerse de que Kino no era un huraño asceta rezador, sino un buen trabajador progresista, audaz, corrioso y aventurero. La verdadera santidad es la que irradia, ilumina y beneficia a los semejantes. No hemos penetrado al íntimo recinto de su alma; pero hemos contemplado, asombrados, algunos de sus destellos luminosos.

EL ROMANCE DEL PADRE KINO

CAPÍTULO ANTERIOR:

http://www.contactox.net/vernoticias.php?artid=22454&cat=237

CAPÍTULO SIGUIENTE:



Hashtag en donde encontrará todos los capítulos publicados de este libro:

FACEBOOK:

https://www.facebook.com/search/top/?q=%23elromancedelpadrekino


TWITTER:

https://twitter.com/search?q=%23ELROMANCEDELPADREKINO&src=typd

Comentarios de nuestros lectores:



Enva tus comentarios