LA EVOLUCIÓN DE LA EDUCACIÓN PRIMARIA EN MÉXICO 





Los inicios. La evolución de la educación primaria en México se puede estudiar por etapas. Para presentar un breve panorama de sus orígenes y su desarrollo, hemos considerado seis periodos; se trata de etapas definidas por el acontecimiento histórico fundamental...

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicacin: 2018-07-19 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 
 

Rafael Alberto Páez Castelo

Los inicios. La evolución de la educación primaria en México se puede estudiar por etapas. Para presentar un breve panorama de sus orígenes y su desarrollo, hemos considerado seis periodos; se trata de etapas definidas por el acontecimiento histórico fundamental, al cual hemos asociado el avance educativo:

1. La época de la Colonia.
2. México Independiente (Reforma y porfiriato).
3. Revolución Mexicana.
4. Industrialización.
5. Décadas de los 70s y 80s.
6. México actual.

Durante la Colonia se llamó Escuelas de Primeras Letras, a las escuelas que hoy llamamos primarias; a los profesores se les conocía como "Maestros del Nobilísimo Arte de Leer, Escribir y Contar”; a los alumnos se les decía pupilos, párvulos a los más pequeños, o simplemente, estudiantes o alumnos. Las primeras escuelas fueron, en su primera etapa, establecimientos sostenidos por los religiosos para combinar la evangelización, la castellanización y la asistencia, como estrategia de acercamiento a la población indígena y mestiza.

Existía la educación de los criollos y peninsulares, la cual se daba tanto en las congregaciones religiosas, como con tutores particulares; posteriormente, se utilizarían los servicios de los maestros particulares más prestigiados. Las primeras escuelas ofrecían rudimentos de primeras letras y de operaciones matemáticas en un contexto en el cual no era una prioridad la educación formal de la población conquistada. En realidad sólo unos cuantos sabían leer y escribir.

En 1537 los agustinos fundaron el Colegio de San Nicolás, en Michoacán; en Guadalajara, por esa época, se daba instrucción a los acólitos de las iglesias. Pronto se descuidó la instrucción elemental de los indios y se concentraron los esfuerzos en atender a los hijos de criollos y peninsulares, aunque algunas órdenes religiosas continuaron educando a los pobres, indios, mestizos, mulatos, negros y criollos menores. Los Hermanos Bethlemitas tenían un amplio ministerio educativo y mantenían internados y escuelas en sus diferentes misiones; terreno en el que posteriormente fueron líderes los integrantes de la Compañía de Jesús.

A fines del siglo XVI surgieron algunas escuelas particulares en la Ciudad de México; sus maestros obtenían licencia del Ayuntamiento luego de presentar un examen y de comprobar "pureza de sangre”, ser "cristianos viejos”, además de dominar la lectura, la escritura, distintos tipos de letra y la aritmética elemental.

Para el siglo XVII aumentaron las escuelas particulares, las cuales eran establecimientos en los que vivían los propios maestros y que podían ser: Escuelas de Primeras Letras, o Escuelas Amigas. Estas últimas eran atendidas por mujeres, muchas veces sin instrucción, las cuales se dedicaban a cuidar a los niños más pequeños y enseñar a las niñas las labores domésticas de la época; tales escuelas no siempre daban instrucción elemental, se concentraban más bien en el catecismo y los buenos modales.

Con la proliferación de las escuelas particulares el Ayuntamiento reguló lo relativo a las licencias y a la ubicación de las escuelas; nombró un Maestro Mayor y a varios Veedores, para vigilar las normas de operación y organización de tales escuelas. Las escuelas particulares posteriormente jugaron un papel importante en tiempos en que los gobiernos del México independiente aún no contaban con recursos para establecer una escuela pública generalizada. (GONZALBO; 1990: 25; LARROYO; 1947; VAZQUEZ; 1985: 101)

Durante los siglos XVIII y XIX, había diferentes opciones de educación de primeras letras. Dorothy Tanck (1997: 143) reseña esas modalidades:

Escuelas particulares, Escuelas Amigas, Escuelas gratuitas (en las iglesias y algunos ayuntamientos), Escuelas Pías (establecidas en parroquias por orden de los Ayuntamientos), Escuelas Municipales, Escuelas Lancasterianas, Parcialidades de indios, Colegios de Infantes, Hospicios de pobres.

La mayoría de las escuelas se concentraban en la Ciudad de México y solamente en algunas provincias y territorios comenzaba a florecer la instrucción primaria. Esa situación permaneció sin grandes cambios hasta la consolidación de la independencia del país. A partir de los debates de liberales y conservadores se prestó mayor atención a la instrucción básica. La educación pública oficialmente nace con el liberalismo, con las Leyes de Reforma, de Gómez Farías, quien instituye la Dirección General de Instrucción Pública para el Distrito Federal y Territorios Federales. En esa etapa se instituyen las características históricas distintivas de la educación pública en México: enseñanza libre, laica, gratuita y obligatoria. (SOLANA; 1982: 1)

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la educación elemental estaba a cargo de los Ayuntamientos y se consolidó con las Leyes de Reforma y con la Ley Orgánica de Instrucción Pública, de 1867 y de 1869. El porfiriato incorporó el ideario positivista europeo y alentó algunas experiencias en la instrucción elemental. Entre esas experiencias estuvo la implementación de la Compañía Lancasteriana, la cual tuvo un gran impulso de las autoridades. A fines de siglo terminó el ciclo de la modalidad que habían diseñado Bell y Lancaster en Inglaterra.

Los Congresos de 1882 (Congreso Higiénico Pedagógico); de 1889 (Primer Congreso Nacional de Instrucción Pública), y de 1890-1891 (Segundo Congreso Nacional de Instrucción Pública), de la mano de Ezequiel Montes, Joaquín Baranda y Justo Sierra, dieron a la escuela elemental una reglamentación y una atención material y pedagógica, acordes a las necesidades del país. (MORENO Y KALBTK; 1982: 52)

Las diferencias económicas y políticas durante el porfiriato no permitieron que la enseñanza elemental se extendiera a toda la población. Las ciudades seguían siendo las privilegiadas por la reglamentación y la atención de las autoridades. La gran masa indígena, campesina u obrera, no recibía la instrucción que entonces se llamaba "rudimentaria”. El índice de analfabetismo superaba el 90% nacional.

La escuela primaria no contaba con los seis grados que tiene ahora; sino que se limitaba a enseñar las primeras letras; posteriormente se desarrolló la "Primaria Superior”, en la cual se ampliaban los contenidos y la capacitación para el trabajo. Igualmente puede decirse que no había suficientes maestros y que recién comenzaba el impulso a la educación normal, principalmente en el Distrito Federal y en Veracruz, con la llegada de los Maestros Rébsamen y Laubscher.

El periodo revolucionario se caracterizó por la paralización inicial de la educación elemental en las regiones afectadas por el conflicto. Muchos profesores participaron en la lucha armada y dejaron sus escuelas. Al finalizar las hostilidades de guerra, se buscó reactivar e impulsar el sistema de enseñanza en todo el país. El Artículo 3ro Constitucional del 17 proponía que cada Ayuntamiento se hiciera cargo de la organización y el financiamiento de la educación, sin embargo, la mayoría de las comunidades nunca pudieron hacerlo; a partir de la situación caótica y empobrecida de la enseñanza elemental, el proyecto educativo de José Vasconcelos inyectó vida a la instrucción rural y urbana cuando se creó, en 1921, la Secretaria de Educación Pública y con ella, el gran movimiento de renovación cultural y educativa, con énfasis en la educación rural, el sistema de bibliotecas y el financiamiento para los proyectos de justicia social de los regímenes post revolucionarios.

El impulso de Vasconcelos, Rafael Ramírez, Moisés Sáenz y otros grandes maestros mexicanos, dio vida a la Escuela Rural Mexicana, la cual se constituyó como una experiencia reconocida a nivel mundial. Las Casas del Pueblo, las Misiones Culturales y la gran cruzada cultural de los años 20s y 30s, dieron identidad a un proyecto educativo humanista y lleno de beneficios para los pueblos rurales. (BONFIL; 1992: 169)

Durante la década de los 40s la educación socialista en el régimen de Lázaro Cárdenas, se ocupó con atención de la educación elemental y llevó la instrucción básica a un número mayor de habitantes, integrando la educación técnica al Sistema Educativo Nacional.  
   
La educación elemental entra en una fase de desarrollo acelerado con el impulso de las gestiones de Torres Bodet y el Plan de Once Años, de 1949 a 1960. La expansión de la matrícula, la revisión de planes y programas de estudio, y la creación de plazas de trabajo, así como la expansión del sistema de educación normal, permitieron que la escuela primaria se desarrollara considerablemente en un corto periodo. Los libros de texto gratuito representaron un valioso apoyo para los alumnos, padres y maestros de las distintas capas sociales. Su utilización en primer grado representó el abatimiento de los índices de reprobación y el mejoramiento de las prácticas de enseñanza de los profesores de la época. La metodología de la lectura y la escritura, su didáctica y fundamentación psicopedagógica, se unificaron a nivel nacional y eso permitió abatir los índices de analfabetismo a nivel nacional, a través de campañas intensivas en las que participaban los profesores y otros grupos de estudiantes y trabajadores de la época.

La Reforma Educativa de la década de los setentas, y su extensión a la década de los ochentas, que incorporó la Tecnología Educativa en sus planes y programas de estudio, significó otro impulso más de grandes proporciones, al grado de acercar la cobertura en primaria al 100% de la población demandante en primer grado. La política de "Educación para todos”, presenta en las décadas de los ochentas y noventas, una educación primaria consolidada en términos cuantitativos. El Sistema Educativo Nacional comienza a exponer el discurso de la calidad de la educación como meta sustantiva de la educación básica.

Actualmente, la educación primaria atiende al 100% de la demanda y se encuentra en una fase de contracción de su crecimiento por causa de la reducción del crecimiento demográfico. Los esfuerzos en el nivel se orientan a lograr mejores indicadores de calidad, una vez que la cantidad ya no es la preocupación prioritaria del subsistema.

Hoy se ensayan propuestas de formación básica que rescatan la diversidad del pueblo mexicano y que responden a las necesidades de sus diferentes regiones geográficas, étnicas y culturales. Los enfoques psicopedagógicos en el primer grado de primaria han evolucionado. Ya no se escucha la frase de "La letra con sangre entra”; continuamente se ensayan modernas teorías del desarrollo cognoscitivo del educando. 

El enfoque vigente orientado al desarrollo de competencias, considera también que el estudiante va construyendo su conocimiento de acuerdo a su contexto social, a los apoyos de la escuela y del hogar. Tal enfoque recupera los conocimientos previos del alumno y representa una continuación, en primer grado, del Programa integrado, vigente durante la década de los 80s.

La historia económica, política y social del país muestra una tendencia, la de priorizar la atención del niño de seis a ocho años para que adquiera las primeras letras. Diversos proyectos educativos del país, han mostrado ese interés como objetivo primordial. Así, durante la Colonia, prevalece la idea de evangelizar, castellanizar y dominar al indio; una forma de hacerlo era por medio de las escuelas sostenidas por las órdenes religiosas y, eventualmente, por los Ayuntamientos. En el México Independiente prevalece la idea ilustrada de educar al criollo y al mestizo para conformar una identidad nacional y para "sacar de la ignorancia” a los pobladores de mayor edad; se trata de un proyecto "civilizatorio”, implícito en las Leyes de Reforma.

El porfiriato desarrolla un proyecto "científico” para incorporar al país a la vida culta de fines de siglo XIX. La Revolución Mexicana tiene un proyecto emancipador y de justicia social, para regresar a los mexicanos lo que los regímenes anteriores les habían dado en menor medida, es decir, mayores oportunidades de progreso económico y cultural. Finalmente, durante la segunda mitad del siglo XX prevalece un proyecto desarrollista, con diferentes énfasis en la industrialización, el crecimiento cuantitativo, hasta llegar a las ideas de calidad y eficiencia,  de las políticas educativas actuales. (YUREN CAMARENA; 1994: 170)

Un hecho importante en la historia de la educación primaria lo fue la Ley de Instrucción Elemental de 1888, la cual establecía los lineamientos básicos del futuro desarrollo del nivel. En ella se establecía que la educación primaria estaría dividida en: Elemental (4 años 9 y Superior (2 años). Sirvió de modelo para las legislaciones estatales en materia educativa y sentó las bases para que el nivel fuese ampliamente analizado en los futuros congresos pedagógicos.

El contacto con educación preescolar. Uno de los propósitos del régimen porfirista era uniformar los estudios primarios en todo el país y lograr la unificación del sistema educativo nacional. Tales propósitos fueron considerados en los congresos pedagógicos de 1889 y 1890-91. En ellos se establecieron planes de estudio para preescolar, primaria elemental y primaria superior, así como la creación de escuelas normales en los estados de la república y en la Ciudad de México. En esos proyectos educativos nacionales aparece la educación preescolar tardíamente, hacia fines del siglo XX, con esporádicas referencias anteriores, como la que recuerda Pilar Gonzalbo, con respecto a las Amigas:

Las maestras o Amigas no necesitaban acreditar conocimientos especiales, recibían su licencia, previa solicitud al Ayuntamiento de la capital, y solían recibir a niños varones de 3 a 7 años y a niñas entre los 3 y los 12. En cierto modo cubrían la función que realizan hoy los jardines de niños y que en los colegios se asignaba al parvulario. Para las niñas era casi la única posibilidad de recibir alguna instrucción. (GONZALBO; 1990: 31)

Durante el siglo XVIII se creía que lo párvulos no requerían atención especializada, de tal modo que el niño no era sujeto de educación formal. Igualmente, el pequeño de seis, siete y hasta ocho años debía esperar una oportunidad para ingresar a una escuela. Las leyes sólo establecían obligatoriedad del Estado para atender a niños de siete años en adelante. Sin embargo, en los hechos, los niños llegaban a las aulas a una edad mayor. A medida que se expandió la oferta de la escuela primaria, las edades de ingreso se fueron reduciendo hasta llegar al momento actual, en el cual únicamente pueden ingresar a primer grado los niños de seis años y mayores.

Tradicionalmente ha sido el primer ciclo de la escuela primaria el que ha tenido más alumnos, y por otra parte, ha sido también el ciclo en el que se han presentado mayores índices de reprobación, deserción y bajo aprovechamiento escolar. Las causas se han atribuido tanto al alumno, como a su contexto sociocultural, así como a la escuela misma. Algunos investigadores han planteado que el antecedente del jardín de niños es un indicador del éxito posterior en el primer grado. Como dice Carlos Muñoz Izquierdo:

El nivel preescolar tuvo hasta 1970 un crecimiento lento, pues no se encontraba entre las prioridades establecidas para la asignación de recursos. A partir de esa fecha se reconoció el importante papel que desempeña la educación en la madurez de los niños que posteriormente ingresarán a las escuelas primarias. De hecho, la reprobación y deserción están correlacionadas con la carencia de educación preescolar, entre otros factores de diversa índole. (1996: 253)

Por otra parte, ya hemos señalado la postura que al respecto tiene el nivel preescolar y las investigadoras que han tomado ese sector como su objeto de estudio. Por ahora sólo hacemos esa referencia para destacar la importancia de ambos niveles y, particularmente en primaria el primer grado.

De hecho, el primer grado de primaria avanzó de la mano de las teorías psicopedagógicas que en preescolar sustentaban sus programas, con excepción de los "Dones” de Froebel, los cuales eran patrimonio de la educación de los párvulos. Al avanzar los estudios sobre la enseñanza y el aprendizaje de los niños pequeños, de cuatro a siete años, la fundamentación de los programas de preescolar y primaria se engarzaban en la teoría, pero se distinguían por la forma de operación e instrumentación didáctica en cada nivel.

Así, la educación primaria evolucionó, en ciertos ámbitos, cercana a la educación de párvulos, y por otra parte, con pretensiones de ser una educación completa que incluía la capacitación para el trabajo, en los tiempos en los que la escuela secundaria era impensable para la mayoría de la población. Muchas de las características actuales de las escuelas primarias tuvieron sus orígenes en esos debates del siglo pasado, los cuales sirvieron para que el nivel primario se consolidara tiempo antes que el preescolar, pues los escasos recursos para la educación pública se concentraban en las escuelas elementales y en la educación superior.

Ya en el siglo XX se sucedieron muchas modalidades de operación y organización de las escuelas primarias, destacando la atención que siempre se le ha dado al primer ciclo, especialmente al primer grado. En ese ámbito, se ha observado una separación teórico-metodológica entre el primer ciclo y el resto de la primaria; ha dejado de estar vigente la separación entre primaria elemental y superior, y tal separación ha quedado implícita en la adecuación programática para los primeros grados con otros criterios diferentes a los de los ciclos segundo y tercero.

Posteriormente abordaremos los pormenores de su evolución en el ámbito de la articulación de la educación básica y la reforma educativa actual en este siglo XXI.

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