SEMBLANZA DEL OTRO   





Nací en la ciudad de Zacatecas, Zacatecas, un 3 de noviembre de 1963. Tengo 54 años y llegué a Navojoa, a la edad de 9 años. Llevo 29 años en dicha ciudad bendita y 16 en la ciudad de Hermosillo, Sonora, aunque he andado por todo el estado en todos estos años.

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicacin: 2018-06-07 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad



Rafael Alberto Páez Castelo

    Nací en la ciudad de Zacatecas, Zacatecas, un 3 de noviembre de 1963. Tengo 54 años y llegué a Navojoa, a la edad de 9 años. Llevo 29 años en dicha ciudad bendita y 16 en la ciudad de Hermosillo, Sonora, aunque he andado por todo el estado en todos estos años. Y mi ciudad, como Zacatecas, sigue siendo de todos mis amores. Muchas veces he dicho que he sido un ciudadano de Navojoa, de Hermosillo y de todo Sonora, estado de Zacatecas. No me siento sonorense más allá de Fundición, aunque debo decir que Sonora me lo ha dado todo. En realidad pudiera ser que soy demasiado sonorense y que me niego a aceptar esa verdad. No obstante, Zacatecas sigue siendo parte de mis fantasías infantiles y espero que algún día pueda volver allá para cerrar algunos capítulos inconclusos de mi vida.

    De niño siempre acompañaba a mi madre a vender productos Avón, o bien, acompañaba a mi padre en su taller de herrería. Padecí desde los 3 años la poliomielitis y usé aparatos ortopédicos por dos años hasta que el Santo Niño de Atocha me hizo el milagro de permitirme volver a caminar. Luego me volví muy correlón y me dediqué a tirar patadas toda la vida, como por ejercicio, nomás.  Asistí hasta el tercer grado a la Escuela Primaria "Benito Juárez”, jugaba fut bol, iba a la Plaza de Toros y vendía periódicos, chicles y tamales por toda la ciudad. Era muy vago. A los seis años conocía toda la ciudad, andaba en los camiones y llegaba tarde a la casa después de salir de la escuela en la que me enseñó las primeras letras la profesora Luz Divina. Previamente, en el kinder, viví perdidamente enamorado de mi maestra Alma. Todavía la sueño cantando en el piano aquellas dulces melodías que salían de sus finos labios ubicados en la parte central inferior de su angelical rostro de educadora.

    Siempre me salía de la casa sin pedir permiso, justo como lo hice toda mi turística existencia (hasta antes del matrimonio, por supuesto). En Zacatecas dejé una parte de mi corazón. Creo que es esa parte que me hizo falta los años de mi adolescencia y de mi juventud y que me sigue haciendo falta hoy ya como anciano avanzado. En Sonora soy un impostor, un extranjero que no acaba de adaptarse al desierto, al valle, al beis bol y a los tacos de carne asada. Pero bueno, soy sonorense y me gusta el fut bol. En el pasado era bueno para jugar. Asistí a dos campeonatos estatales juveniles representando a Navojoa (entre 1978 y 81). He jugado tres campeonatos estatales magisteriales y sigo jugando de vez en cuando.

    El atletismo también me gusta. En el pasado fui tres veces campeón estatal juvenil en 800 metros planos y en 1500 metros planos (entre 1979 y 81). Fui campeón pre-nacional y tercer lugar nacional en 800 metros. En los campeonatos estatales magisteriales he sido campeón estatal en 800 metros planos y segundo lugar estatal en 10 000 metros. En mi adolescencia y mi juventud me mantuve activo en el deporte, en la lectura, en la escritura y en la asistencia a servicios religiosos evangélicos. Al mismo tiempo, vivía la tristeza y la angustia de tener a un hermano con una enfermedad incurable. Mi padre era motivante y mi familia tuvo que aprender a vivir con la acción de ambos. Por mi parte, yo busqué la soledad, el ensimismamiento y la fantasía de salir adelante por mí mismo, buscando respuestas en la lectura, en la escritura, en el deporte, en los ojos de mi madre Manuelita, y en la religión.

    Al salir de la preparatoria, mi mejor amigo enfermó de esquizofrenia y luego de algunos años se quitó la vida. Mi amiga, una bella e inteligente estudiante normalista, me quería tanto que me cortó por exceso de amor. En esos momentos yo me preguntaba lo que se pregunta todo estudiante de preparatoria que no tiene bien cimentada una idea de futuro y de seguridad familiar: ¿Quién soy? ¿On toi? ¿Qué pachó? ¿Qué sigue? ¿Quiúbole de qué? ¿Qué carajo voy a hacer con mi vida? ¿Estoy bien peinado? ¿Por qué no bailo bien las canciones de John Travolta? ¿Algún día México será un país socialista? ¿Dios... te respeto? ¿Quihorasón? ¿Sí son?

    Entonces (septiembre de 1981), me fui a la ciudad de Guadalajara a estudiar en un seminario teológico protestante. Esa opción incluía: hospedaje y colegiatura gratuitos, distancia de los familiares, y búsqueda de nuevos problemas personales. El tiempo que pasé en el seminario lo ocupé en cuestionar la misericordia divina y pronto mis maestros se dieron cuenta de que no tenía real vocación para el servicio religioso. Duré un semestre por allá. Volví a Navojoa e ingresé a la Universidad de Sonora a estudiar Sociología. Me aprendí la teoría marxista y conjugué una idea en la cual se podría implantar el reino de Dios en la tierra con un sistema político y económico comunista como solución a los problemas de pobreza y de injusticia en México. Duré un semestre en la UNISON y aproveché una huelga para emigrar a Hermosillo a estudiar lo que siempre había pensado que era mi "verdadera vocación”: Letras y Filosofía.

    Estudié en la Escuela de Altos Estudios de la Universidad de Sonora a partir de septiembre de 1982. Cuando salí de mi casa solamente avisé a mi madre: "Ya me voy a Hermosillo” (días antes había ido a escondidas a hacer la prueba de admisión). Mi madre volvió a llorar mi partida y me dio su bendición. Llegué a Hermosillo sin dinero, como había llegado a Guadalajara y a la UNISON de Navojoa. Al llegar a la capital me encontré con que no tenía donde hospedarme ni con qué comer así que al pasar por el cuartel militar que se encontraba en el centro de la ciudad simplemente me di "de alta”. Cuando alcancé el primer lugar en la etapa de capacitación militar, ya pude alcanzar casa y comida asegurada, además de un sueldo para comprar mis libros (y compré muchos y los leía entre guardia y guardia, entre marcha y marcha y entre misión y misión), además de un permiso adecuado para trabajar como soldado y seguir estudiando en la universidad por las tardes.

    En el transcurso de todo este enredo continué leyendo, escribiendo y forjando sueños guajiros como todo el tiempo. La vida en el cuartel, que resultó durísima y, agregando la vida en la escuela, llena de intelectualidad y de ideas libertarias, me colocaron en una posición contradictoria, paradójica y fragmentada, casi secreta, entre una actividad y la otra. Anduve de amigo y servidor con mi maestra de literatura española. Me visitaba en el cuartel, cual "Adelita”, hasta que ella ganó una beca para estudiar en el extranjero y a mí me mandaron a buscar y destruir mariguana y amapola a la sierra de Sinaloa. Nos despedimos un día y no he vuelto a verla. De vez en cuando leo alguna de sus obras y de inmediato me busco y me encuentro entre sus personajes. Me digo: "Este fulano soy yo. Y solamente ella y yo sabemos por qué.” Cosas de la literatura pues.

    Mi vida estaba definiéndose de una manera muy extraña. Por un lado tenía la estricta disciplina militar y por el otro lado tenía la liberalidad y la creatividad de la vida estudiantil en un ambiente de ideas, letras, textos y parrandas de las letras y la filosofía. Así pues, tejí una red de pensamientos y de actitudes bastante compleja en la cual mis modelos a seguir eran, por un lado, los duendecillos de las ideas de la escuela de letras, y por otro lado, los férreos oficiales del cuartel. De esa combinación, creo, surgió mi forma de ser: duro conmigo mismo, disciplinado en la lucha por exponer mis ideas y sumamente liberal en mi pensamiento global.

    La idea clave pudiera ser el ansia de libertad. La necesidad de contestar a aquellas viejas preguntas de la prepa y la obligación de luchar por la libertad, la propia y la ajena, en cualquier ámbito de la vida. Reacciono bruscamente cuando algo no me gusta, cuando veo grupúsculos que pretenden adueñarse de la vida académica en el trabajo para dictar una forma monolítica de pensar. Me opongo a los secretos intereses de personas que deciden por mí y por la materia de mi trabajo. Normalmente busco cual será la forma de desenmascarar a esos aprendices de líderes y a esos magos del control de vidas y conciencias. Normalmente fracaso y me he tenido que resignar poco a poco a vivir con frases que escucho frecuentemente: "¿Qué quiere éste? ¿Es contreras o es puro cabrón? Si agarrara la onda le iría mejor pero es disidente. Está bien preparado pero siempre se junta con los fracasados. Es un ratón de biblioteca y no pasará de perico perro.” Lo cual, paradójicamente, me satisface. Creo que nos estamos haciendo las mismas preguntas y tenemos los mismos comentarios con respecto a esa persona.

    Pero...en fin. Cuando estuve en el ejército comencé a salir de misión a diversas parte del país: Sinaloa, México, Jalisco, Veracruz, Saric en Sonora, hasta que me trasladaron a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a fundar un nuevo batallón como "pie veterano” junto a otros cientos de militares de todo el país. Finalmente dejé los estudios de letras y me fui a andar en la sierra, la costa, la selva y la ciudad, con un fusil en la mano y un radio de transmisiones en la espalda. Un día cumplí mi tiempo reglamentario y se me ocurrió buscarle por otro lado. Volví en 1985 a Navojoa muy cansado y repasando, como siempre, mis preguntas de la bendita prepa.

    Yo conocí a una bella dama, hoy mi esposa, desde 1979, cuando todavía era una niña de secundaria. No volví a verla hasta que regresé a Navojoa en 1985 y la visité en su ciudad de Huatabampo. Entonces era ya una señorita hermosa que creyó que yo era un joven maduro y muy decidido a triunfar en la vida. Total que nos gustamos sinceramente, nos pusimos de novios y entramos juntos a estudiar en el Centro Regional de Educación Normal, CREN. Íbamos a ser profesores de primaria en cuatro años. Saldríamos de licenciados en educación y conquistaríamos el mundo de las letras y las cuentas. Mis sueños guajiros volvieron a aparecer y me convencieron de que el magisterio era, ahora sí, mi verdadera vocación. Nos casamos durante las vacaciones del segundo al tercer grado y en un concurso de aniversario empecé a participar con ensayos, poemas y más, ganando primeros lugares en poesía y exaltando al CREN con su nuevo nombre "Rafael Ramírez Castañeda”. Luego, me propuse avanzar en el nivel de docente y concursé para ganarme una plaza de base en la Universidad Pedagógica Nacional en Sonora y lo pude lograr con mucho éxito, también gané plaza en la UNISON, pero el sindicato no me permitió que me quedará con mi plaza de base por ser egresado de una escuela normal y por todo ello, a la vuelta de los años, yo me fui haciendo viejo. Tan viejo que dejé de soñar y me dediqué a rumiar mi falta de entusiasmo. Me convertí en una especie de mercenario de la pluma.

Participé en concursos en los que había la posibilidad de ganarme algunos pesos, dejando de lado la búsqueda de reconocimiento o la fama o lo que sea. En realidad, escribir siempre había sido una necesidad interior. Una forma de desfogar algunas ansias de novillero y algunos problemas existenciales. Lo sigue siendo. Escribir para decirme cosas, para recordarme cosas, para inventarme cosas. Quizá, si escribiera para impresionar a la gente o para hacerme de fama o fortuna, si es que escribiendo se puede lograr eso, ya hubiera logrado algo realmente importante. Pero soy bastante malito para la redacción. Mientras tanto abrigo secretamente la ilusión de que algún día tendré tiempo y condiciones para ponerme a escribir cosas, cosas, cosas, para que las personas las lean con gusto, con alegría y hasta con emoción. Tal vez...

    "Noticias de fracaso y esperanza” culmina cuando había culminado mis primeros estudios de posgrado: una especialización en práctica docente. Me seguí de paso y estudié cuatro posgrados más: dos maestrías y dos doctorados, todos ellos en educación. Participé en algunos concursos, escribí diez libros y diversos artículos sobre pedagogía y educación. Realmente disfruté mis años de estudiante (desde 1985 hasta la fecha, puede decirse). Creo que me especialicé en estudiantología y no me he graduado. Quiero ser un alumno permanente: diplomados, cursos, talleres, conferencias, mesas redondas, exposiciones, ensayos, tesis, artículos, tareas, etcétera. En las ceremonias de graduación de la licenciatura, de la especialización, de las maestrías y los doctorados, me tocó decir el discurso en representación de los estudiantes. Sobra decir que dije puras barbaridades y que a las autoridades educativas no les gustaba que dijera tarugadas como esas de que la escuela es como una cárcel y que los maestros somos los carceleros, o que el verdadero éxito se alcanza fuera de las aulas, etcétera. Luego me ando preguntando por qué no me toca entrar en la polla.

    Tras mucho andar de alumno errante me pregunto cuando voy a ser profesor por primera vez. Me pregunto cuando voy a empezar a ejercer mi carrera y a cosechar los pretendidos frutos del estudio dedicado y constante, aparentemente. Me pregunto muchas cosas ¿verdad?

    Si bien es cierto que me ha ido bien en algunos concursos y que hay algunos lectores fieles que aprecian mi trabajo y a quienes agradezco su benevolencia infinitamente, creo que no soy un profesional de la pluma. No tengo un oficio de escritor bien cimentado, ni siquiera puedo decir que la poesía o la narrativa me atraigan sobremanera, o que se me "den” de manera satisfactoria. Aspiro a escribir adecuadamente un ensayo de corte académico en el cual expresar mis ideas y atrapar al lector en mis elucubraciones psicodélicas. Aspiro a escribir en forma amena cómo ser el buen maestro que yo no he sabido ser, simplemente. Creo que me falta mucho para considerarme un aprendiz de escritor y en esto trato de ser realista.

    En mi vida hay muchas partes oscuras, muchos tragos amargos, demasiadas experiencias negativas. Quedan ocultas entre estos párrafos diversas manchas que prefiero no limpiar con palabras: Mi alcoholismo, mi perversa adicción a la lectura, mi tabaquismo ignoto, mi falta de amigos, mi falta de amor a la vida, verdades todas que se limpian con la sonrisa de mi bendita esposa, excelente jefa de sector en educación, y de mis cuatro hijos: Nathán Ricardo, grandioso médico militar; José Rubén y Víctor Manuel, los Cuates Páez, ya terminando sus carreras profesionales en universidades y campeones nacionales en Jiu Jitsu, profesionales invictos en Box y en Artes Marciales Mixtas, y también Rafael Alberto, el menor, líder educacional en primaria, en secundaria y preparatoria, así como un excelente escritor, corredor y expositor famoso, que está por iniciar su carrera de medicina muy especial. Todos ellos son verdades totales y definitivas de la alegría buscada toda mi vida. Los días mejores están por venir si mi apoyo es real y completo a cada uno de ellos. Por otra parte, en mi búsqueda vital he participado en organizaciones, en grupos, en sociedades, que prefiero no mencionar. No se trata de secretos denigrantes, sino de una parte de mi vida a la que la búsqueda constante me ha llevado y de donde he obtenido grandes satisfacciones. Digamos que forman parte de una historia por construir, por seguir relatando, por seguir inventando. Quisiera algún día poder narrar esas experiencias con toda la dignidad y el honor que se merecen sus miembros.

    En 1993 falleció asesinado mi hermano Bruno. En mayo de 2000 falleció mi padre Don Lupe. En 1978, cuando mi hermano mayor, Luis Felipe, enfermó, creo que fallecí yo y luego lo vi fallecer en 2007. En el 2012 vi morir a mi santa madre Doña Manuela y desde entonces, cual ánima en pena, voy buscando reencarnar en mi propio cuerpo y en mi propia alma para despertar de nuevo a la vida. Quisiera no llorar tanto mis pequeñísimos y grandísimos problemas, pero siempre caigo en los mismos errores. En realidad me gustaría ser un optimista profesional y así ayudar a la gente. Al menos me gustaría tener ya algunas respuestas para replantearme algunas de las viejas preguntas. Es decir, volver a comenzar, día a día. Hoy, apenas, voy comprendiendo la importancia de reconocer la ayuda de mi familia, de mi madre y de mi padre, y también de mis hermanos. Los quiero y me quieren tal como soy. Creo que en realidad ya tengo algunas respuestas. Las otras respuestas están en los ojos de mi esposa, en la sonrisa de mis hijos y en la sabia y modesta experiencia cotidiana de la vida, de la de ayer y de la de hoy. Sin embargo, debo seguir buscando la realidad y la mejora por siempre. Hasta ahora solamente tengo unos retazos de vida exitosa. Una fantasía literaria. Una gran tarea de cara al futuro que bien poco debe servir como ejemplo para otros, supongo.

    Por estas razones considero que un personaje de esa calaña no se merece una semblanza. Por estas razones creo que Giordano Bruno, un monje italiano de la Edad Media, tenía razón cuando dijo: "La vida es un largo camino que te aleja de Dios”, pero hoy es posible decir que la nueva realidad es para siempre aceptar que la vida es un justo camino que te acercará al Señor.

Ya estoy cerca de jubilarme en mis dos trabajos, pero también estoy preocupado de que me vayan a dar de baja por tener que trabajar 14 horas al día y andar cometiendo errores en cada una de mis actividades, pero me queda claro que tengo que avanzar de la mejor manera en esta etapa justa de mi vida.

    Yo espero que la vida les dé a Ustedes la mejor acción y el mejor éxito, y en cuanto a las respuestas a sus preguntas también espero que aprovechen el gran apoyo que su persona y su familia les proporciona. No me refiero al dinero, ni a la amable ayuda de padres, hermanos, esposa(o) e hijos, sino a la oportunidad de vivir en armonía consigo mismo en el seno de una familia que sepa decir: "Vamos, puedes ser libre, puedes vivir tu vida, puedes buscar tus respuestas de la manera que quieras, pero debes saber que en tu casa, en el rostro de cada uno de tus seres queridos, están las primeras letras de las respuestas que buscas, en la comunicación asertiva de tu nueva vida.

Puedes recorrer el mundo si tú quieres, pero al final entenderás que aquí, en tu casa, está la enciclopedia de la vida. Busca aquí y hallarás. Nada hay en esta vida que se acerque tanto al valor de vivir en paz con el mundo, y el mundo comienza en la sala de tu casa”… supongo.

Ese otro que soy, ese que debe ser mejor y más humilde, tal vez quiera salir a escribir su nuevo y verdadero nombre aquí __________________________.  Gracias.


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