AQUELLOS POLVOS DE 1910 y 1913





Hace sólo unos días que una reportera hermosillense, acudió a mi oficina para preguntarme a qué se debe que los libros de texto oficiales mencionan a los personajes de la historia de México, sin idealizar a los héroes ni satanizar a quienes hicieron mal al país. "A don Porfirio Díaz”

Por Gilberto Escobosa Gámez
Fecha de publicacin: 2018-06-06 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Libros

 
 


Por Gilberto Escobosa Gámez

    Hace sólo unos días que una reportera hermosillense, acudió a mi oficina para preguntarme a qué se debe que los libros de texto oficiales mencionan a los personajes de la historia de México, sin idealizar a los héroes ni satanizar a quienes hicieron mal al país. "A don Porfirio Díaz”, me decía la muchacha, "los historiadores de estos tiempos no solamente le ven los defectos y los errores que cometió, sino que se le reconocen sus puntos buenos”.

    Entonces dije a la joven periodista que su pregunta me obligaba a hablar de historia, y así comencé:

    La Revolución dio comienzo en 1910, el 20 de noviembre, para ser preciso como lo dispuso el Plan de San Luis, y la lucha terminó en mayo del año siguiente con los Tratados de Ciudad Juárez; luego vinieron la Decena Trágica, los magnicidios de Madero y Pino Suárez y la llegada al poder por medio legaloides del general Victoriano Huerta.

    Con lo anterior, los porfiristas inconformes con la Revolución, pensaban que el movimiento armado había llegado a su fin y que el huertismo sería la salvación de la patria, porque en realidad el general Huerta tenía sus partidarios, que desde luego eran los enemigos de don Francisco I. Madero.

    Pero como dicen los rancheros sonorenses, el palo no estaba para cucharón y los maderistas convencidos no permanecieron quietos. En Coahuila don Venustiano Carranza, gobernador de aquel Estado, desconoció como presidente interino de México a Huerta y unos días después, el 5 de marzo de 1913, la Legislatura de Sonora mediante un decreto hace lo mismo, mientras el Gobierno estatal prepara las fuerzas de la revolución para repeler el consiguiente ataque de las fuerzas federales que urgentemente habían sido enviadas al Puerto de Guaymas.

    El Ejército huertista pronto se apodera de Coahuila mientras en nuestro Estado sufre derrota tras derrota. Entonces el señor Carranza, aniquilado militarmente en su estado natal, viene a Hermosillo y se le confirma como primer jefe del Ejército Constitucionalista, que en esos días solamente existía en Sonora.

    Por eso alguien ha dicho que don Venustiano recibió la jefatura de la revolución en charola de plata, ya que aquí había hombres con capacidad de ganar la revolución como lo estaban demostrando al dominar militarmente el norte de Sinaloa, con la ayuda de los sinaloenses.

    El Constitucionalismo triunfa a pesar de la defección del general Francisco Villa a quien hubo que combatir; Carranza se hace cargo de la Presidencia y luego es confirmado por medio del voto popular.

    En 1919 el general Obregón manifiesta en Nogales sus intenciones de ser candidato a la Presidencia de la República y el Presidente Carranza le cierra el camino; el primer mandatario tiene su propio candidato, quien también es sonorense.

    Poco después vienen las dificultades entre el Gobierno nacional y el de Sonora; las pugnas se agudizan y viene el Plan de Agua Prieta, signado el 23 de abril de 1920, que da al traste con el carrancismo.

    De esos sucesos, los acaecidos en el lapso de 1910 a 1920, han transcurrido más de ochenta y cinco años y las pasiones políticas se han ido opacando; varias generaciones de mexicanos nacieron, vivieron y murieron en ese lapso, mientras que los protagonistas del movimiento armado poco a poco fueron desapareciendo, hasta extinguirse totalmente. Sin embargo, todavía encontramos en las tertulias de café a maderistas, carrancistas, obregonistas y villistas, que discuten sobre sus personajes revolucionarios, sin llegar a la agresión verbal ni física; y esto no sucedía hace sesenta años cuando los discutidores podían hasta mostrar sus armas o sus puños cerrados...

    "¿Sabes por qué?”, pregunté a la reportera y ella me respondió: "Quizá sea porque el mexicano de hoy, con su cultura y el progreso material de México, es diferente al que vivió durante y poco después de la guerra que comenzó en 1910. y ahora, serenamente se da cuenta de que aquellos caudillos eran hombres de carne y hueso y estaban muy lejos de ser perfectos”.

    Luego antes de terminar la charla, la muchacha periodista me preguntó con una sonrisa maliciosa: "Y usted... ¿de quién es partidario?”. Entonces le respondí, también sonriendo: "De Adolfo de la Huerta, Plutarco Elías Calles y Alvaro Obregón”, y añadí antes de que ella me lo dijera: "¡Pero sé que  no eran hombres perfectos! y en su vida política cometieron errores, y éstos últimos también los digo cuando doy una plática de historia”.

@(Copyright) Claudio Escobosa Serrano, Todos los derechos reservados

http://www.contactox.net/

FACEBOOK DE GILBERTO ESCOBOSA:

https://www.facebook.com/GilbertoEscobosaGamez?ref=hl

TWITTER DE GILBERTO ESCOBOSA GÁMEZ:

@GilberEscobosa
https://twitter.com/GilberEscobosa

Comentarios de nuestros lectores:



Enva tus comentarios