HERMOSILLO, PRIMER CENTENARIO





El pasado día jueves 26 de abril cumplió nuestra ciudad cien años ininterrumpidos de ser capital del Estado. ¿Cuál es el marco histórico del principio de tal centenario? ¿Qué aspectos meramente de crónica anecdótica y romántica encierra el transcurso de esos cien años?

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicacin: 2018-05-28 00:00:00

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Su historia, como frontera nómada y sedentaria de México.

Héctor Rodríguez  Espinoza
 

Publicado en Información, el 29 de abril de 1979.

El pasado día jueves 26 de abril cumplió nuestra ciudad cien años ininterrumpidos de ser capital del Estado. ¿Cuál es el marco histórico del principio de tal centenario? ¿Qué aspectos meramente de crónica anecdótica y romántica encierra el transcurso de esos cien años? ¿Qué otros aspectos realmente históricos, sociológicos, económicos y políticos encierra?

Intentamos hacer muy vagas y generales respuestas a estas interrogantes que, entre muchas otras, serían materia de una Historia de nuestra ciudad, en dicho período:

I. La erección de Hermosillo como capital del Estado, el 26 de abril de 1879, se enmarcó dentro de acontecimientos inscritos en la década 1870-1880, algunos de los más importantes son los siguientes: En lo político, comienza la Comuna de París en 1871, Hayes es elegido presidente de los Estados Unidos en 1877; estalla la Guerra del Pacífico entre Chile contra Perú y Bolivia en 1879. En el pensamiento y religión, Renán publica La Reforma Intelectual y Moral en 1871, Bakunin publica Política y Anarquía en 1873, Engels publica el Anti Duhring en 1877, muere el papa Pío X y es elegido León XIII, en 1878. En las ciencias, Graham Bell inventa el teléfono en 1876, Edison inventa el micrófono en 1877 y se construye el primer fonógrafo en 1878, Siemens perfeccionó la locomotora eléctrica en 1879. En el arte, Bizet compone la ópera Carmen en 1875, Wagner compone El Anillo de los Nibelungos y Renoir pinta Le Mourí de la Bailete en 1876. En literatura, Fedor Dostoievski publica El adolescente en 1875, Mark Twain publica La aventura de Tom Sawyer en 1876; Tolstoi determina la publicación de Anna Karenina en 1877, Dostoievski escribe Los Hermanos Karamazov en 1879. Y en la economía y sociedad, después del Congreso de Filadelfia se disuelve la "Internacional Marxista" en 1876 y se funda la "Compañía del Canal Panamá" en 1880.

En nuestro país, mientras se erigía como capital del Estado nuestra ciudad, se cumplían casi tres años del golpe de Estado dado por Porfirio Díaz al presidente Lerdo, en agosto de 1876 cuando don Francisco I. Madero contaba apenas con 6 años de edad. Sin perjuicio de las disputas entre los historiadores el régimen porfirista que apenas se iniciaba, trajo como resultado el desarrollo de una agricultura moderna, de grandes plantaciones capitalistas y un aumento de las vías férreas, de 572 a 19 100 kilómetros. Tan brillantes realizaciones, por supuesto, se asentaron en la explotación del pueblo mexicano, nulamente beneficiado. Así, la mayor parte de los ferrocarriles construidos por empresas extranjeras, sobre todo norteamericanas, con subvenciones gubernamentales -es decir pagadas por todos los mexicanos tuvieron como finalidad "que se saquen los metales no amonedados de nuestros centros de producción minera", como en su tiempo dijera Toribio Esquivel Obregón (la versión antigua, quizás de nuestro" actual gasoducto).
En la agricultura, con base en la Ley de Conciliación de 1883, teóricamente para favorecer la repoblación con inmigrantes extranjeros, se encomendó a "Compañías Deslindadoras" la adjudicación de hasta una tercera parte de las tierras que registrasen dando lugar a atropellos y despojos, sobre todo, a las comunidades indígenas, protegidas por títulos de propiedad por la Corona de Castilla. Una cuarta parte del territorio nacional -49 millones de hectáreas- fue deslindada y calificada como baldía Una tercera parte fue a dar a manos de las Compañías, organizadas por un reducido número de terratenientes mexicanos y por algunas empresas norteamericanas. Finalmente, entre ocho individuos se hicieron propietarios de una extensión de 22. 5 millones de hectáreas, poco menos de la mitad de la superficie peninsular española. Cuando alguien preguntaba a Terrazas si él era de Chihuahua, contestaba: "no, Chihuahua es mío". En algunas zonas de México, la condición de los asalariados campesinos despojados era casi en pleno siglo XX, similar a la de los esclavos Tales eran los fundamentos sociales de la paz y la prosperidad porfiriana, y por eso no sorprende que en 1911, ante el llamado de Madero a la lucha contra la dictadura de Porfirio Díaz, con un programa en que se hacía alusión a problemas tales como la usurpación de tierras, le respondieron entusiastamente las masas campesinas, y en Chihuahua, un similar apoyo a Pancho Villa.

II. En la crónica anecdótica y romántica ofrecida por el doctor Gastón Cano Ávila (El Imparcial, jueves 26 de abril) se encuentran datos muy importantes e interesantes, en realidad desde la fundación, en 1700, de! pueblo de la Santísima Trinidad del Pitic, y posteriormente la fundación, por Agustín de Vildósola, del presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, en 1742: "Pasan los años, las tierras, ahora también de temporal, se van abriendo, prosperan la ganadería y las minas, se retiran los Seris aguerridos a la costa, y los pimas, bien tratados, se transformaron en peones, y el pueblo crece, para ser declarado Villa del Pitic el 6 de julio de 1783. El 5 de septiembre de 1828 nuestra población es ascendida a la categoría de ciudad y se le pone por nombre Hermosillo, hasta que el 26 de abril de 1879, se decreta su erección en capital del Estado. Finalmente es interesante, también, la relación de aquellos españoles y no españoles entre los hermosillenses de aquella época, y ciertamente, donde quiera que uno los oiga sabe que se trata de un hermosillense, o por lo menos de un sonorense."

III. El periodista hermosillense José Carreño Carlón, en un artículo sobre el evento centenario llamado "La frontera sedentaria" (Uno Más Uno, miércoles 25 de abril), considera que la investigación histórica de Héctor Aguilar Camín sobre la participación de los caudillos sonorenses en la Revolución, podría extenderse hacia atrás, "para involucrar a las diversas etnias del Estado, en el horizonte de la larga conquista del noroeste, que trascendió tanto a la revolución de la Independencia como a la de 1917, y que se propuso la supresión de los indios y la reducción de sus sobrevivientes a muestras ejemplarizantes de seres ahistóricos, repelente regreso"; considera que "a partir de esta escala de valores, consolidada en virtud de la admiración al espíritu del empresario rural estadounidense, a nadie extraña que sobre un paisaje transformado del grupo Pima que habitó el lugar, sólo quede el nombre de Pitic, que cien años después corresponde a la colonia más exclusiva de la capital sonorense". Carreño Carlón, considera también que la investigación histórica de Aguilar Camín habría de extenderse hacia adelante, desde el punto en que lo deja el autor de La frontera nómada: el ingreso de Sonora a la historia global del país, y concluye Carreño: "Sus tradiciones han cambiado, al tiempo que su impulso jalonea al país junto con otros enclaves desarrollistas a una idea de la modernidad que enseña como galardón el exterminio de lo indio y de los indios; que concibe la cohesión social como la gozosa complicidad de los triunfadores de todas épocas: los apellidos revolucionarios coexisten con descendientes de los élites locales del porfiriato -y más atrás- en los más altos círculos del poder económico y político. Ellos sobreponen ahora a las tradiciones laicas de la localidad, la exhibición conformista y conformadora de un catolicismo de corte poblano; para ellos el paisanaje –como factor fundamental para la confianza- y el encono ceden ante las afinidades de clases y de proyecto con los grupos monopolísticos del resto del país y la admiración al capitalismo al sudeste estadounidense es hoy calca de sus formas de vida, de organización y de presión política. En sus nuevas fronteras, la antigua frontera nómada centenaria, deviene sedentaria."

IV. W.H. Davies -que compartió las privaciones de los pobres londineses en 1879, bajo la reina Victoria- dedicó a la ciudad estos versos:

"Mi canción habla de una ciudad
en que hay
hombres demasiado pobres y
hombres demasiado ricos;
donde algunos se enferman
de tanto comer
y otros les quitan las migajas
de pan a los gorriones;
donde unos duermen en camas
que calientan sus huesos,
mientras otros lo hacen
en duras frías piedras
que les arrebatan el calor
de sus cuerpos."


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