EL ROMANCE DEL PADRE (KINO Parte 37)





En el mes de septiembre de ese mismo año de 1700, acompañado sólo de sus vaqueros pimas, llegó hasta la junta de los ríos Gila y Colorado. Con su potente telescopio alcanzó a inspeccionar unos ciento veinte kilómetros más allá

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicacin: 2018-05-16 00:00:00

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Por Cruz G. Acuña

California y Sonora se dan la Mano.


    En el mes de septiembre de ese mismo año de 1700, acompañado sólo de sus vaqueros pimas, llegó hasta la junta de los ríos Gila y Colorado. Con su potente telescopio alcanzó a inspeccionar unos ciento veinte kilómetros más allá, y no vio sino las tierras y las sierras de California. Sin duda, el mar de Cortés no sube hasta esa latitud; ha terminado mucho más al Sur. Para él aquello no tiene réplica; pero lo que ahora busca es un camino más corto y práctico para llegar a California.

    Al regresar, no lo asusta ni desespera el Camino del Diablo. Tranquilamente suspende la marcha en ese infierno de rocas áridas, y escala una alta montaña. Desde la cumbre contempla, con toda claridad, cómo termina el Golfo, y cómo después del desierto, las tierras sonorenses se unen a la costa de California.

    Apenas pasa la Navidad y vuelve a salir de Dolores. Es el mes de enero de 1701. Ahora va con el padre Salvatierra, el otro gigante que reside en California, el que ha recorrido media Nueva España traído y llevado por sus superiores, el que en la sierra tarahumara descubrió la Barranca de Cobre; otro hijo de Italia hermano gemelo del padre Kino.

    Los dos atraviesan por primera vez en la historia el desierto de Sonoita y llegan hasta el mar. Los caballos se mueren de sed, y la caravana tiene que dejar desesperadamente aquel desierto traicionero y fatal. Prosiguen su marcha mucho más allá de la sierra del Pinacate, y escalan una montaña cerca de Pitaqui. La cosa no puede estar más clara. Divisan el remate del mar de California, el desemboque del río Colorado, y las tierras de ambas costas que se dan la mano.

    Kino dibuja cuidadosamente el litoral; y al llegar de regreso a Dolores hace un nuevo mapa que el padre Kappus envía a Austria. El mapa es publicado en Europa y los profesores universitarios se quedan atónitos, y los escolares tienen que arrumbar sus anticuadas cartas geográficas de California.

    Salvatierra, que vive hambriento con sus indios en Loreto, Baja California, y que pasa largos meses, y a veces años, esperando que los viejos barcos carcomidos del Yaqui le lleven provisiones, suspira y sueña por un camino por tierra hasta su querida misión. No importa que desde el Colorado a Loreto calculen ellos unos cuatrocientos o quinientos kilómetros. Para ellos, que vinieron a América cruzando el Atlántico, y que han caminado a caballo por media Nueva España, esa distancia no es gran cosa. Lo que realmente les preocupa es el desierto, donde la sed mata a los hombres, y el "viento negro" despedaza las caravanas. Es necesario encontrar un camino. Por mar, el transporte de cada cabeza de ganado hasta California, les cuesta como trescientos pesos. Por tierra, calculan que les puede costar sólo veinte centavos. La rica Pimería debe ayudar a la estéril Baja California. Kino, fiel enamorado, no ha olvidado su primer amor de misionero; y recuerda a California con su inmensa pobreza; y contempla a sus indios vagando desnudos por los montes y comiendo raíces, y pidiendo a gritos la nueva era que una vez el mismo Kino les había anunciado. Por eso, a pesar de sus años, comienza a preparar un nuevo y largo viaje, para encontrar el verdadero paso por tierra a California, donde realmente las dos amigas se den la mano.


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