ANDANTE





El camino nocturno tiene cemento infinito,banquetas con raíces y faroles que escondenel misterio de la sombra de las calles.

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicación: 2018-05-09 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 
 
 
 
ANDANTE

Por Rafael Alberto Páez Castelo


El camino nocturno tiene cemento infinito,
banquetas con raíces y faroles que esconden
el misterio de la sombra de las calles.

Una luz apagada, una estrella
vagabunda impertinente,
un cansancio absoluto, atroz,
y nostalgia derretida en cada cruce.

No hay señales que me digan
el fin de la embriaguez de soledad y miedo
con que se empieza a andar justo al caer la noche
por las calles.

Una esperanza soberbiamente inútil
de encontrar en mis pasos
al que fui, al que seré.

Una obsesión de huir
de encontrar sin buscar
por coincidencia
un pedazo de calle venturosa.

Nada en las baldosas queda ya
nada en el semáforo olvidado.

No hay rostros, no hay manos que hablen,
no hay sombras que brillen
en este pedazo de universo,
sólo la punta de mis zapatos
que van y vienen por otro paso más
para acompazar a la noche,
y tú no apareces en la raya gris
de mitad del océano imposible.

No voy a ningún lado ¿para qué?
No lo hay en la noche
toda desnuda de verdades últimas.

Caminaré otro rato hasta cansarme de mí
y volver a casa… donde me espera
el temerario sueño
de haber buscado a la muerte… inútilmente.

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