EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 33)





Dicen que el padre Kino era de aquellos misioneros que "llevaban lumbre en las sandalias". No podía estar quieto en un solo lugar. Pero su inquietud no sólo era amor a la aventura. Tenía orden del Virrey y de su Provincial, orden de explorar.

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicacin: 2018-04-25 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



Por Cruz G. Acuña

Por el Camino del Diablo: Sonoita


    Dicen que el padre Kino era de aquellos misioneros que "llevaban lumbre en las sandalias". No podía estar quieto en un solo lugar. Pero su inquietud no sólo era amor a la aventura. Tenía orden del Virrey y de su Provincial, orden de explorar. Además, en aquellas regiones subdesarrolladas había tantos seres humanos que impulsar hacia el progreso y tantas almas que encaminar al Paraíso, que para Kino era un pecado permanecer siempre en Dolores, disfrutando de la paz conquistada, de sus ranchos y siembras, y de la amistad de sus indios que lo querían como a un padre.

    Por eso, unos meses después, en febrero de 1699, lo encontramos otra vez en el sendero. Ahora lo acompaña el padre Gilg y el capitán Mange. Llevan ochenta animales de repuesto entre caballos y mulas; y conducen treinta y seis vacas para dejarlas de paso a los pápagos de Sonoita.

    Entre Sonoita y el río Gila está el camino más pesado. En la primera jornada no encuentran agua. Los guías indígenas informan que más adelante hay un aguaje. Los hombres y los animales sedientos caminan hasta media noche para poder llegar a él. El aguaje es un charco que las lluvias formaron en el hueco de una peña y que está sobre la sierra, muy arriba del barranco. Los animales no pueden subir. La roca es lisa como el cristal y sus pezuñas resbalan. Los hombres sedientos escalan el peñasco sujetándose con los pies y con las manos. Por fin llegan y toman agua. Es la media noche y la luna ilumina con su blanca luz el desierto, y se refleja nítida en el charco de la peña. Por eso le pusieron a aquel sitio "El Aguaje de la Luna".

    Al día siguiente caminaron doce leguas para que los animales pudieran beber agua en las Tinajas Altas, unos charcos conocidos solamente por los nativos. Y siguen caminando. Los siguientes charcos o aguajes deben encontrarse a unas quince leguas, si es que ha llovido. Hay que ir a marchas forzadas por aquellas montañas de piedra. Aquel camino, donde muchos exploradores dejaron su vida, fue justamente llamado "El Camino del Diablo". Finalmente llegaron al río Gila. Ellos fueron los primeros en pasar, historiar y poner en el mapa este espantoso camino. De estos datos se sirvió el caballero De Anza cuando muchos años después, Sonora tuvo que llevar ayuda a su desfallecida y entonces pobre hermana: la Alta California.

    En el río Gila, el padre Kino descubre, conoce, encanta y conquista dos tribus más: los comaricopas y los yumas. Pero los yumas no se atreven a conducir al padre río abajo, hacia el Colorado, porque allí habitan sus enemigos los quiquimas. La marcha de la civilización se detiene por el momento.

    Mientras Kino organiza y evangeliza a los yumas, es atormentado por sus pertinaces calenturas. Mange tiene que explorar solo. Sube a una alta montaña y no puede divisar el mar de California. Al Oeste, sus ojos sólo descubren tierra y más tierra, hasta el horizonte. Kino, el geógrafo, medita este hecho y conjetura que tal vez el mar no continúa hacia el Norte, como lo afirman los mapas. Y otra vez aparece la tentadora ilusión de que California puede estar unida a Sonora, y de que él puede trazar su camino por tierra para ayudar al viejo amor que nunca ha podido olvidar... Mas por ahora no puede asegurar nada, sólo el profundo deseo de que las cosas sean así.

    Los yumas traen al mago blanco que los ha encantado multitud de regalos. Le llevan maíz, frijol, calabazas. Le obsequian curiosidades, y un día, entre ellas, le llevaron "unas hermosas conchas azules" que el padre empacó cuidadosamente como preciosos "souvenires".

    Como no pueden seguir río abajo por falta de guías, remontan la corriente y toman otro camino para regresar. Si no quisiéramos ser breves, tendríamos muchas cosas qué relatar sobre este viaje de retorno. Después de salir de San Javier de Bac, los cogió un terrible huracán en pleno campo. El viento era tan fuerte que detenía a los caballos. El agua penetró hasta los huesos del padre enfermo. Las piernas y los pies se le hincharon tanto que no podía moverlos. El gigante tuvo que desmontar y quedar tendido en el suelo. Mas al día siguiente quiso proseguir el camino. Seguía lloviendo.

    Apenas habían caminado como tres leguas cuando, nos cuenta Mange, el padre comenzó a vomitar como si tuviera el Cólera Morbus, y todos pensaron que iba a morir. Fue necesario detenerse por espacio de dos días y después, lentamente, trabajosamente, dirigirse a Tumacácori. El risueño poblado ya se divisaba entre los mezquitales; pero el río estaba crecido y el padre enfermo, que ya tanto tiempo llevaba a la intemperie, no pudo cruzado para acogerse en alguna choza. Los indios de Tumacácori, alarmados, creyendo que iban a perder para siempre al más querido de sus benefactores, pasaban el río crecido para vedo y asistido. Y algunos preparaban el único remedio que se les ocurría: un poco de caldo caliente en un cajete de barro para el pobre agonizante... Parecía que Kino iba a ser el primer vencedor y también la primera víctima del Camino del Diablo.


Continuará…

….

EL ROMANCE DEL PADRE KINO

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