JUÁREZ EDUCADOR: DEL APRENDIZAJE A LA ENSEÑANZA DE LOS VALORES NACIONALES





Pocas novedades pueden contarse del Licenciado Benito Juárez García. Sus anécdotas, su propia versión de las cosas expresada en Apuntes para mis hijos, su extenso trabajo jurídico, legislativo y de gobierno, además de su amplísima relación epistolar, son asuntos que han sido...

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicacin: 2018-03-22 00:00:00

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Por Rafael Alberto Páez Castelo

Pocas novedades pueden contarse del Licenciado Benito Juárez García. Sus anécdotas, su propia versión de las cosas expresada en Apuntes para mis hijos, su extenso trabajo jurídico, legislativo y de gobierno, además de su amplísima relación epistolar, son asuntos que han sido más que comentadas por sus biógrafos. Tal vez una zambullida profunda y extensa en los archivos más recónditos de la municipalidad de Ixtlán, del estado de Oaxaca o de la capital del país, no menos que en los documentos originales ubicados en las bibliotecas y colecciones particulares de los invasores norteamericanos y europeos, nos aportaría elementos para dar a conocer alguna faceta desconocida y de suyo interesante de aquel hombre llamado Pablo Benito.

Pero esa opción, que serviría para aumentar la admiración que sentimos por este ilustre personaje de la historia pasada y presente de México,  no está a nuestro alcance. Nuestra intención es más bien modesta, didáctica diríamos. Se concentra en un tema: La educación, y no en la entonces llamada instrucción. Hablamos del proceso de formación de los valores humanos, cívicos y éticos que en la práctica manifestó el Licenciado Benito Juárez ante la vida misma y que luego nos legó como la mejor herencia posible: Un verdadero ideario educativo, humanista, para el presente y para la posteridad. Nuestros valores nacionales.

Juárez se convirtió en un educador de la conciencia nacional. Para llegar a serlo tuvo aprendizajes claves durante su vida, los cuales convirtió en enseñanzas a través de su ejemplo, su actitud y su obra de estadista. En sus gestiones profesionales como abogado, representando a su región en los Congresos local y federal, estando al frente del gobierno estatal o nacional, así como recorriendo el país durante la Guerra de Tres Años o durante la intervención francesa, e incluso, en su lecho de muerte, siempre se manifestó la impronta de sus primeros años de formación como estudiante y como ser humano. Los valores forjados e internalizados durante toda su vida, se pusieron de manifiesto en los pequeños y grandes detalles de su actividad política y de su vida cotidiana. La humildad, la honestidad, el deseo de justicia social, la tolerancia, la amistad, el respeto, se constituyeron en los valores fundamentales de su perfil de figura pública, conforme fue asimilando su mundo como ciudadano libre y consciente de su misión en la tierra. Ya fuera en sus etapas como alumno de su tío Bernardino, maestro improvisado; ya en la Escuela Real, bajo la tutela de Don Antonio Salanueva; en sus afanes juveniles como autodidacta, en el Seminario Pontificio de la Santa Cruz, o en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, Juárez fue construyendo una autoimagen, una percepción de sí mismo, que lo acompañó día a día en su paso por este mundo. Esa convicción siempre se orientó a la construcción de una nación libre, progresista y soberana.   

Veamos algunas estampas de sus aprendizajes y comprendamos entonces la naturaleza profunda de su legado histórico.  

Juárez estudiante

"Me formé la creencia de que sólo yendo a la ciudad podría aprender”.
(Benito Juárez. Apuntes para mis hijos)
 
El aprendizaje de la templanza como característica de su personalidad,  tiene sus orígenes en la ausencia del mayor soporte que puede tener un hijo: Sus padres. El comentario lo hace en sus Apuntes para mis hijos:

Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres, Marcelino Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva del país, porque apenas tenía yo tres años cuando murieron, habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y Rosa, al cuidado de nuestros abuelos paternos, Pedro Juárez y Justa López, indios también de la nación zapoteca.

El siguiente aprendizaje le llega por conducto de la realidad que se le imponía de manera implacable. Debía trabajar desde niño para vivir, como lo hicieron la gran mayoría de los niños de su generación. Sin embargo, deseaba trascender su situación, deseaba aprender los aspectos que en el mundo citadino se presentaban como indicios de progreso. En la misma obra relata sus primeros intentos:

En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano, y como entonces era sumamente difícil para la gente pobre y muy especialmente para la clase indígena, adoptar otra carrera que no fuera la eclesiástica, me indicaba sus deseos de que yo estudiase para ordenarme.
    
La expectativa de conocer un mundo diferente, de superar las fronteras de su situación, de ir más allá de los límites de su destino manifiesto le despertaron "un vehemente deseo de estudiar”. Pronto comprendió que la clave estaba en llevar un orden estricto en la consecución de sus deseos, tal como lo confiesa en sus Apuntes: "en términos de que cuando mi tío me llamaba para tomarme la lección, yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase si no la sabía”. Soñando con ir a la ciudad le insistía a Don Bernardino que lo llevase, sin embargo: "Sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría”.
    
En sus primeras experiencias escolares, todavía en su pueblo, los reportes de su desempeño escolar expresaban la opinión favorable de su maestro:

Muy dedicado al estudio –dice el registro- demostró aplicación y provecho en las letras, su carácter fue obediente, reservado en sus pensamientos, y en general retraído; tuvo amigos, pero muy pocos; y demostraba con ellos formalidad y cordura. (Citado en Ralph Roeder. Juárez y su México)
    
Su espíritu atrevido lo llevó por el camino a Oaxaca un 17 de diciembre de 1818, a la edad de 12 años y, además de su deseo de saber y conocer, se fue dibujando la expresión definitiva de su carácter: Insatisfecho, inquieto, exigente consigo mismo y con los demás.  En la ciudad de Oaxaca comienza otra etapa determinante en su formación como estudiante. Pere Foix, relata una escena que confirma los anhelos del adolescente: "Procuraré que vayas a la escuela. Únicamente te pido que seas aplicado. Al oír Benito que su hermana pensaba mandarlo a la escuela, su rostro se iluminó”. Con la bendición de su hermana y el apoyo de su protector, Don Antonio Salanueva, ingresó a una de las llamadas Escuelas Reales.

Pronto conoció la discriminación, el castigo y las limitaciones en la enseñanza de esos establecimientos. "Su maestro, José Domingo González, era persona muy rígida con los indios descalzos, pero cordialísimo y benévolo con los hijos de los ricos”, señala Foix. Benito tampoco se contentó con el aprendizaje memorístico del catecismo del Padre Ripalda, texto básico en la instrucción primaria de esa época, ni aceptó resignadamente los castigos que su deficiente caligrafía le acarreaban. Consiguiendo como único aprendizaje los rudimentos de su conciencia de clase, se decidió entonces por el autodidactismo, estudiando a la luz de un ocote hasta altas horas de la noche.

A los 15 años de edad la opción a la vista era el Seminario. El 18 de octubre de 1821, Salanueva lo acompañó a sus puertas, mientras que en la cabeza del joven bullía la idea popular de que "los clérigos, y aun los que sólo eran estudiantes sin ser eclesiásticos, sabían mucho”. Pero no era su propósito serlo, asunto por el cual sentía "instintiva repugnancia”. Su deseo era aprovechar el mejor espacio de formación entonces disponible, de tal manera que se esforzó en gramática latina y obtuvo siempre calificaciones de Excelente.

Los gérmenes de su inquietud por la justicia social se aceleraron conforme avanzaba en sus estudios. Un rasgo sobresaliente de su carácter se puso de manifiesto entonces. Tenía aversión a los fuertes y miraba siempre favorecer al débil. La filosofía escolástica, el curso de Artes y, finalmente, su ingreso al Instituto de Ciencias y Artes, cerraron el primer círculo de su formación social y política. El segundo círculo se abre con dos eventos sobresalientes: El primero, la influencia que ejerció en él Miguel Méndez, considerado como agitador de doctrinas avanzadas. Roeder, citándolo, nos presenta un esbozo de esa relación:

"Y éste que ven ustedes, reservado y grave, que parece inferior a nosotros, éste será un gran político, se levantará más alto que nosotros; llegará a ser uno de nuestros grandes hombres y la gloria de la Patria.” Y abrazó a Juárez.

El segundo, su incorporación al trabajo de las logias masónicas, sobre lo cual refiere Salvador Borrego (América Peligra, 1966):

Juárez se inició en la masonería cuando era estudiante de leyes en Oaxaca, en 1827 a los 21 años de edad. En la época de Poinsett (1825-29) fue masón del rito yorkino y después habría obtenido el grado noveno (el más alto) en el Rito Nacional Mexicano. El 15 de enero de 1847 (41 años de edad, Margarita Maza 21, cuatro de casados, año de la invasión norteamericana) fue iniciado en este rito en la cámara de senadores que a su vez funcionaba como templo masónico.

Así, de manera natural, Juárez llegó al conocimiento del pensamiento liberal, del cual sería abanderado y fuerte propulsor durante la etapa de la Reforma, integrando el bloque de los liberales puros. Sin componendas, sin concesiones ante los enemigos de la patria, Juárez confeccionó sus principios de igualdad y de fraternidad con su pueblo, cuando en éste se escuchaban las voces triunfantes de la independencia y de la libertad.   

Estudiante de jurisprudencia en el Instituto de Ciencias y Artes de su estado, determinó sus rumbos lentamente en la cruda escuela de la política práctica, según nos dice Roeder.  Regidor  en 1831. Litigante, diputado local en 1833 y Magistrado al Tribunal del Estado, Juárez cierra el segundo círculo de su formación como estudiante. Recibirá su título de abogado en 1843, a la edad de 37 años. Comienza, mientras tanto, otro horizonte de aprendizajes, ahora, ciudadanos, políticos, democráticos. Otro conjunto de valores a los cuales mostrará siempre respeto y especial consideración. Ya no se trata de él y de su aprendizaje escolar. Se trata de su pueblo y del aprendizaje de la libertad de la nación.

Juárez profesor

"En 1830 me encargué en clase de sustituto de la cátedra de Física con una dotación de 30 pesos con los que tuve para auxiliarme en mis gastos.”

(Benito Juárez. Apuntes para mis hijos)
    
Y Juárez se hizo profesor. En 1830 sube a la cátedra de Física en el Instituto, como pasante. En 1834 suple la cátedra de Derecho Canónico. Posteriormente en 1852, al concluir la gestión como gobernador de su estado, es nombrado Director del Instituto y encargado de la cátedra de Derecho Civil. Superando a sus maestros, mantiene la humildad como principio básico de su personalidad. Comienza el periodo en el cual los aprendizajes y las enseñanzas caminan en él de manera simultánea. Esos dos elementos del proceso educativo lo acompañarán durante su misión como líder del pueblo mexicano, desde su modesto cargo de Regidor en el Ayuntamiento de Oaxaca, en 1831, hasta su desempeño como Presidente de la República.

Aprendizaje en familia  

"Es muy feo, pero es muy bueno”.

(Margarita Maza. Citado por Pere Foix en: Juárez)
    
En el marco familiar Juárez también fue alumno y maestro. Aprendió a velar por los suyos, a respetarlos y a dirigirlos con cariño, con tacto y con actos de justicia. Padre y esposo ejemplar. Sufrió entrañablemente la muerte de dos de sus hijos. Padeció profundamente la separación de su familia por causa de la lucha armada y lamentó hasta su propio fin la muerte de su amada esposa.
    
No son pocas las anécdotas en las cuales da una enseñanza de humildad a sus hijas. Y son muchos los ejemplos en los que defendió a la familia como célula fundamental de la red social de su nación. Aprendió temprano lo que se siente por la ausencia de sus padres y nos enseñó la forma en que se debe proteger y cultivar la relación familiar. La sana convivencia familiar, la amistad para con los hijos y  el respeto a su autodeterminación, son los principios y valores que no legó Juárez el padre, el hombre.

Sus gestiones como gobernante

"Nunca olvide usted que la constancia y el estudio hacen a los hombres grandes y que los hombres grandes son el porvenir de la patria.”

(Lic. Benito Juárez. Fragmento de la carta enviada al estudiante del
Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, Luis Álvarez, el 8 de agosto de 1867)
 
Como gobernante nunca olvidó su origen. En el discurso inaugural de su segundo periodo como gobernador de Oaxaca, se expresó así ante su pueblo:

Hijo del pueblo, yo no olvidaré; por el contrario, sostendré sus derechos, cuidaré de que se ilustre, se engrandezca y se cree un porvenir y que abandone la carrera de desorden, de los vicios y de la miseria, a que lo han conducido los hombres que sólo con sus palabras se dicen sus amigos y libertadores, pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos.

Durante cinco años como gobernador, atendió el renglón educativo, aumentando en 50 el número de escuelas primarias.  Subvencionó al Instituto de Ciencias y Artes y agregó dos sucursales en la sierra. Fomentó la instrucción de la mujer. Sin embargo, sabía que la educación no era la panacea para la solución de la miseria pública. Las deficiencias de la educación se debían a la extrema pobreza del pueblo. Se requería crear empleos, hacer caminos, construir escuelas.

Insatisfecho con su obra siguió adelante a participar en los graves conflictos por los que atravesó la nación. En los breves periodos en los cuales el país estuvo en calma, se dedicó a gestionar mejoras a la instrucción. Alentó el cumplimiento de dos leyes de instrucción pública (1961 y 67), apoyó a la Compañía Lancasteriana para que siguiera creciendo. Encontró en la educación positivista la posibilidad de lograr el orden y el progreso educativo. Conformó un sólido equipo de consejeros en ese ámbito y puso los cimientos para que la educación, finalmente, fuese lo que siempre anheló: El factor definitivo para el progreso y la unidad nacional.

No pudo ver su obra terminada. Sin embargo, sus aprendizajes y sus enseñanzas quedaron grabados en la conciencia nacional. La gratuidad, la obligatoriedad y el laicismo en la educación fueron los legados que construyó desde sus primeros años de estudiante. A ellos agregó la honestidad, la justicia, la disciplina, la humildad, la solidaridad, la paz y la tolerancia.

En el vértice de este esquema de valores, encontraremos, finalmente, aquellos que defendió hasta su muerte: La independencia de México, la libre determinación del pueblo, y la defensa irrenunciable a nuestra identidad nacional. Valores que juró cumplir aún a costa de su vida. Acciones que concretó en la defensa de la Constitución de 1857, en las Leyes de Reforma, en la Guerra interna y que coronó con la expulsión del ejército invasor francés y su corte de traidores a la patria.

Comentario final

"Dos cosas colmarán mis deseos: vuestra felicidad y alcanzar de vosotros, conciudadanos, el merecimiento del título de buen ciudadano, a fin de que pueda legarlo a mis hijos”

(Lic. Benito Juárez. Discurso a la nación en su entrada triunfal a la ciudad de México, el 12 de enero de 1861, al término de la llamada Guerra de tres años.)

En su mensaje a los funcionarios de la nación se sintetizan los valores juaristas. Ejemplo de rectitud, nos heredó el compromiso de seguir construyendo una nación fuerte y solidaria. En nuestras manos, como mexicanos, como educadores, estudiantes, profesionistas, trabajadores y/o padres de familia, está el lograr el ideal del Licenciado Benito Juárez, esto es, un país de respeto, de civilidad y de progreso. Lo podremos hacer si no damos un paso atrás en la defensa de nuestra de conciencia de país libre y soberano.

¿Podrían jurar que la felicidad común será su norte e iguales los hombres ante su presencia, como lo son ante la ley?
    
¿Podrían ustedes como funcionarios de un Gobierno constituido demostrar que dispondrán de las rentas con responsabilidad y que no gobernarán a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes?
    
¿Que no improvisarán fortunas, ni se entregarán al ocio y a la disipación, consagrándose por el contrario al trabajo, y resignándose a vivir en la honrada medianía que proporciona la retribución que la Ley ha señalado?
    
¿Podrían ustedes como servidores, comprometerse a no olvidar al pueblo en sus necesidades; a sostener sus derechos; a cuidar de su ilustración, de su engrandecimiento, y a crearle un porvenir que le permita abandonar la carrera del desorden, de los vicios y de la miseria a que lo han conducido los hombres que solo con sus palabras se dicen sus amigos y sus libertadores, pero que con sus hechos son sus más crueles tiranos?
    
¿Podrían ustedes como gobernantes, demostrar que están dispuestos a considerar al pueblo como única fuente de poder y de autoridad, y a no reconocer otra fuente de poder más que al pueblo?

Benito Juárez entendió bien que la educación y las instituciones que conforman la patria mexicana deben ser aprovechadas plenamente como él lo hizo. Que el esfuerzo del magisterio y del gobierno debe estar orientado a educar para la vida, para la comprensión del pasado, para alimentar la vida presente y para pulir la que heredaremos a las futuras generaciones. Aprendamos de Juárez para enseñar con el ejemplo en el noble terreno de la educación y en el amplio horizonte de la vida. El tercer círculo, el de la consolidación de sus enseñanzas, no se ha cerrado. Nosotros, los mexicanos y los ciudadanos del mundo presente, tenemos el pincel en las manos.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL SOBRE BENITO JUÁREZ

1.    ANÁLISIS DE LA VIDA Y OBRA DEL LIC. BENITO JUÁREZ

ACEVEDO ESCOBEDO, Antonio. Asedios a Juárez y su época, Seminario de Cultura Mexicana,
México, 1967.

IGLESIAS CALDERÓN, Fernando. Las supuestas traiciones de Juárez, FCE, México, 1972.
LÓPEZ ÁLVAREZ, Luis. En memoria de Don Benito Juárez, SEC, 1999.

2. BIBLIOGRAFÍA PERSONAL Y EPISTOLAR

JUAREZ, Benito. Apuntes para mis hijos.

JUÁREZ, Benito. Epistolario, J. L. Tamayo (Coord), FCE, México, 1957.

JUÁREZ, Benito. Obras completas, Edición de Ángel Pola, 2 vcol., México, F. Vázquez,
1902.

UNAM. Antología de Benito Juárez, UNAM, Biblioteca del estudiante universitario, UNAM,
México, Segunda edición, 1993.

3. BIOGRAFÍAS

BENITEZ, Fernando. Un indio zapoteco llamado Benito Juárez, Taurus, México, 1998.

DICCIONARIO PORRUA. Historia, biografía y geografía de México, Editorial Porrúa,
México, sexta edición, 1995. (Tomo D-K)

FOIX, Pere. Juárez, Trillas, Colección Occidente, México, quinta edición, 1965.

ROEDER, Ralph. Juárez y su México, FCE, México, 1972.

SIERRA, Justo. Juárez: su obra y su tiempo, UNAM, 1991.

ZAYAS ENRÍQUEZ, Rafael de. Benito Juárez, su vida, su obra, México, 1906.








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