BULLYINGMANÍA ¿HOY?





¿A quién le importa realmente que en las escuelas sonorenses se estén elevando exponencialmente los índices de violencia, de maltrato, de discriminación, de acoso, de intimidación, de falta de respeto entre pares y demás contenidos de la actual "bullyingmanía”?

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicacin: 2018-01-29 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad


   
Rafael Alberto Páez Castelo

¿A quién le importa realmente que en las escuelas sonorenses se estén elevando exponencialmente los índices de violencia, de maltrato, de discriminación, de acoso, de intimidación, de falta de respeto entre pares y demás contenidos de la actual "bullyingmanía”? A nadie.
 
La última semana de septiembre del 2012, se desarrolló la primera jornada "Por una escuela libre de violencia” y, antes de que sirviera para bajar tales índices, más bien sirvió para darnos cuenta de manera más cabal que existe una tendencia sólida y bien definida hacia la consolidación de espacios de temor, a veces de terror, de falta de respeto a la autoridad, de ignorancia del problema entre maestros y de cruentas luchas de los padres de familia para con las instituciones escolares.
 
Siguió pasando el tiempo y la situación, y hoy nos seguimos dando cuenta de que los graves problemas de las escuelas actuales no se resuelven simplemente con campañas o con programas descontextualizados de la realidad absoluta que rodea a nuestros centros escolares. El problema es de fondo, es estructural, tiene que ver con el objetivo y finalidad profunda de las llamadas escuelas modernas y de la preminencia de los fríos sistemas administrativos con los que se ha dejado atrás el sentido pedagógico necesario e ideal para la educación del siglo XXI.
 
Supuestamente educamos por competencias, evaluamos por estándares de aprendizaje, articulamos los niveles educativos, verificábamos a través de ENLACE cuando fuimos exitosos en ciertos indicadores nacionales, y actualmente nos aceptamos muy bajos en PLANEA y en todos los aspectos educacionales, pero sea lo que sea, hemos sido incapaces de hacer de nuestros espacios de trabajo verdaderos ambientes de formación de seres humanos solidarios, respetuosos, felices y seguros, emocional, física, mental y espiritualmente.
 
¿De qué nos sirve saber que dentro de los países miembros de la Organización y la Cooperación para el Desarrollo Económicos (OCDE), somos el que tiene los más altos índices de violencia escolar? ¿De qué nos sirve el hecho de que instituciones de alto nivel académico presenten un sinnúmero de investigaciones, estudios estadísticos y estratégicos para atacar el problema? ¿Para qué seguir aguantando las supuestas acciones de organismos de pseudoservicio social, como Mexicanos Primero, quienes nos achacan el fracaso del sistema educativo a partir de sus "geniales” y perversos análisis sobre las fallas de los docentes mexicanos y, de todas maneras, uno se pregunta por qué ya forman parte del plan de trabajo en la SEC de Sonora?
 
¿De qué nos sirve que el bullying esté de moda mediática y de moda concreta en las escuelas, si no hacemos, como maestros, en nuestros propios espacios de trabajo, algo realmente contundente para contradecir tanto discurso bullyímico en nuestra contra?
 
Tomemos conciencia. Hoy pareciera que las escuelas, más que orientarse a la educación integral de los seres humanos, están aprendiendo a soportar las andanadas de violencia, de burla, de golpeteo, de noviazgos lipovetskianos (en referencia al filósofo y sociólogo francés, Gilles Lipovetsky, quien dice que en la actualidad se cambia de pareja como se cambia de calcetines), de formación de personalidades orientadas más bien a la autodefensa permanente en un ambiente inestable y con un clima adverso y cada vez menos seguro como para facilitar verdaderos escenarios de aprendizaje productivo para el estudiante y de desarrollo profesional para el docente.
 
Se acabó la jornada por una escuela libre de violencia, el Previolem y demás, se cerraron las actividades y se olvidó el asunto. Así están operando en nuestros tiempos los programas educativos que vienen de "arriba”.
 
Las condiciones de trabajo para el estudiante siguen orientadas a aprender fundamentalmente del Facebook y a ver a la escuela como el espacio en el cual hay que sobrevivir hasta que se llegue a la prepa y se tenga la gran oportunidad de convertirse en "ni nis”, o bien, de avanzar a espacios educativos superiores en donde el bullying toma otras connotaciones más sutiles y menos estereotipadas, pero a la vez más crueles y más deshumanizadas.
 
Hoy, llegar a la prepa o a la universidad, significa que se pudo aguantar todo el trayecto educativo lleno de amenazas, de carrilla, de golpes, de acoso, de rumores, de discriminaciones, de discursos apaciguadores, de simples llamadas coyunturales de atención y que se logró soportar cada experiencia en la cual el bullying fue el pan nuestro de cada día en las escuelas sonorenses. Terminar la secundaria hoy en día es un verdadero logro de resistencia y de valentía de alumnos y maestros.
 
Por nuestra parte, "los docentes vivimos en el submundo del riesgo de enseñar”, como decía Deolidia Martínez, o andamos bajo los "síntomas del malestar docente” que explica Estevez, o, de plano, nos estamos consumiendo amargamente en el "burnout” de los gringos y europeos.
 
Los docentes sobrevivimos también a los ambientes escolares contaminados, al mobbing, a la lucha interna de grupúsculos a favor o en contra del director, a los debates cotidianos con los padres de familia, al cansancio, al hastío, al coraje, a la resignación ante las fallas del sistema, a la espera desesperante por escuchar el sonido del timbre de salida para ir a vivir la verdadera vida fuera de la escuela.
 
Nos mostramos impávidos y mandamos señales a nuestros directores como diciéndoles con nuestros pasivos actos lo ineficaces que son y es así como nos mantenemos hasta que los vemos salir de nuestras escuelas, derrotados y resentidos,  rumbo a otro campo de batalla en la misma zona escolar o en otra, en eso no hay lío.
 
Sin embargo, nuestros análisis sobre la violencia y la falta de liderazgo carismático, transformacional, situacional, o del que sea, efectivo, humanista, honesto, en nuestros centros de trabajo, siempre encuentran culpables a otros sujetos, a los directores, a los supervisores, a las jefaturas de sector, a la SEC, a la fatalidad, al internet o a la deformación familiar, pero nunca a nosotros mismos.
 
Nuestras escuelas se han estado cayendo en el aspecto de infraestructura física, pero se nota más la caída en el aspecto moral, en su ámbito volitivo, en  su esencia pedagógica fundamental.
 
Es cierto, el bullying siempre ha existido en las escuelas del mundo y llegó para quedarse, pero ante esta verdad inobjetable, nos resignamos, nos quejamos de las desatenciones en las familias, en las formas caprichosas de dirigir la educación por parte de nuestras autoridades, de los enfoques que toma el sindicato en los manejos de control político, ideológico, del anterior y del actual reparto de plazas, más que en acciones de apoyo estructural a la educación y a sus actores.
 
No nos acordamos de que la escuela nos pertenece, de que somos el alma de la educación, de que un día nos metimos a estudiar a la escuela normal para llegar a ser MAESTROS y para ser líderes formativos delante de nuestros alumnos, no para llegar a ser sujetos dedicados a lamentar el estado de las escuelas y los cambios caóticos del contexto educacional y social, el impacto brutal de las nuevas tecnologías, de las nuevas reformas educativas, o la supuesta o real falta de respeto de los niños, adolescentes y jóvenes que nos corresponde EDUCAR, así, con mayúscula.
 
Somos maestros, nuestro negocio es la educación, seamos exitosos en lo que nos toca hacer. Es hora de retomar nuestra función con entusiasmo, con responsabilidad, con valor, con fe, con alegría, con inteligencia, con creatividad, con voluntad de servicio y de logro de mejores resultados, así como con mejores salarios y prestaciones, ¿por qué no?
 
Recordando nuevamente que durante la jornada por una escuela libre de violencia, se realizó una muy importante tarea: Recordar a los maestros y alumnos que el respeto es pieza fundamental en la convivencia humana.
 
Entonces, debemos reconocer y respetar el enorme esfuerzo y dedicación de los maestros y maestras que participaron en dicha campaña, que llevaron a las escuelas un mensaje de esperanza y de comprensión de esta problemática.

Seremos en verdad agradecidos con ellos si comprendemos y actuamos en consecuencia sobre el hecho de que es necesario continuar con este enfoque más allá de las actuales jornadas de debate en torno a la violencia escolar, hasta hacer de esto una actividad cotidiana, permanente, necesaria y urgente.
Que no sea una campaña más, que no sea un programa más de la abultada lista de asuntos desconectados de nuestra realidad escolar. Por el contrario, que los nuevos mensajes, a favor de una escuela libre de violencia, sea el arranque hacia una transformación real, no solamente en el discurso, de nuestras instituciones escolares.
 
Y, finalmente, en este asunto, no nos queda más que aceptar que para cambiar nuestras escuelas, debemos comenzar por cambiar a nosotros mismos, como docentes, como seres humanos, como líderes de eso que llamamos educación para los niños, los adolescentes y los jóvenes sonorenses.
 
Reiterando. ¿A quién le corresponde moldear, equilibrar, limpiar, sanear, depurar, los ambientes escolares ante esta lamentable tendencia hacia la violencia escolar? ¿A quién, sino a nosotros los maestros? ¿Pos… a quién más? En última y primera instancia, somos los "dueños” de las escuelas, somos los líderes, los ejemplos, los modelos a seguir en la formación de los estudiantes. Es cierto, quizá no somos los únicos culpables de la bullyingmanía, pero sí somos los primeros responsables de detenerla y controlarla en cada espacio educativo.
 
En medio de esta líquida sociedad, de esta posmoderna regazón humana, de esta metafórica disolución de los valores fundamentales dentro y fuera de los planteles, hagamos equipo, trabajemos con una visión unificada hacia el respeto y la recuperación de espacios dignos y ambientes saludables para entrarle a lo que venga en este mundo decadente y contradictorio.
 
Construyamos desde "abajo” un nuevo modelo educativo, real, propio, responsable, respetuoso, coherente, congruente, exitoso, agradable y seguro, verdaderamente seguro.

Que no nos justifique el supuesto formato complicado de la Reforma Educativa 2012, con el Nuevo Modelo Educativo, con la evaluación a los docentes y con   todo lo que siga en política, educación y deudas en este año 2018, y que sigamos por siempre adelante para llegar a ser maestros verdaderos y especiales, como siempre lo hemos sido y cómo podemos volver a serlo honestamente.
 
Si logramos que nuestras escuelas se orienten hacia la paz profunda de un aprendizaje exitoso y amigable, entonces, que la sociedad, las autoridades educativas y un sustancioso aumento en nómina, nos lo premien.
 
De no ser así, que el futuro incierto de nuestros alumnos, nuestra apaleada conciencia pedagógica y nuestra honorable vocación original de maestros… nos lo demanden.


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