CONVERSIONES





Yo estaba viendo la televisión cuando apareció el mensaje divino, la revelación. Era un corte comercial en el que aparecieron las palabras cabalísticas. Un hombre sabio le decía a otro, profano inconverso: "Estás viviendo con la marca equivocada”.

Por Rafael Alberto Páez Castelo
Fecha de publicación: 2018-01-09 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad



Rafael Alberto Páez Castelo
    
    El día sábado catorce de agosto del dos mil diez y siete, a las once de la noche con treinta y siete minutos y dieciocho segundos, me volví institucional.

    Yo estaba viendo la televisión cuando apareció el mensaje divino, la revelación. Era un corte comercial en el que aparecieron las palabras cabalísticas. Un hombre sabio le decía a otro, profano inconverso: "Estás viviendo con la marca equivocada”. ¡Ahí!, ahí, se manifestó la voluntad del cielo y vi ante mí todo el pasado de actitudes erróneas y de ideologías improductivas que había yo abrazado con frenesí durante los últimos años.

    Ya no hablaría mal de las instituciones en las cuales me hacían el favor de darme trabajo y de regalarme el sustento para mi familia por la gracia del Estado. Ya no pregonaría el que en esas instituciones reinase la ineptitud, el compadrazgo y la revancha feroz. Yo era el inepto, el equivocado. Yo tenía un problema de actitud.

    Los caminos del Señor son inescrutables. El camino nuevo se abría ante mí con prodigiosa claridad y me invitaba a andar en la magnánima rectitud de la incondicionalidad. Ahora podía borrar mis valores, mis ideales y la caricatura de mi postura política, para concordar con la sabiduría del Gran Libro: "Las cosas viejas pasaron. He aquí que todas las cosas son hechas nuevas”.  

    Se me daba una nueva oportunidad de ser y de hacer. Sólo tendría que expresar mi arrepentimiento y apelar a la misericordia de los Supremos Maestros a quienes había yo vilipendiado. Bendita sea la conversión. Bendito sea el perdón. Bendita sea la gracia justa del Consejo de Notables.

    Ya no me pesarían los años de estancamiento en mi trabajo viendo cómo otros se servían con la cuchara grande del servilismo y de las fáciles canonjías profesionales. Ya no me sentiría fuera de lugar en mi centro de trabajo, mi amada institución, mi vida entera.

    Porque... ¿Qué sería de mí sin las instituciones? ¿Dónde me desarrollaría como ser humano y como aprendiz de burócrata exitoso? ¿Quién legitimaría mis aciertos y quién criticaría mis desaciertos? ¿A quién rendiría pleitesía sólo por el hecho de ser él amigo del jefe, a quién le diría que a pesar de sus décadas de rendición y de hincarse ante los poderosos besando sus pies, no ha logrado aportar mayor conocimiento que aquél que viene repitiendo desde sus años mozos? ¿A quién le demostraría que estudiar, trabajar y anhelar, no sirve para nada cuando no se es institucional, incondicional, inteligente y humilde servidor del status quo? ¡Vaya aprendizaje que me había dejado esa epifanía sabatina transferida a un veraniego catorce de agosto!

    Todos los pensamientos anteriores se produjeron en mí durante los treinta segundos que duró el siguiente corte comercial, hasta que apareció en la pantalla un mensaje subliminal que me decía: "Yo lo único que quiero es un refresco que me quite la sed”. El encanto se rompió.

    Me levanté a la cocina por un vaso de agua y, al ver mi rostro reflejado en el lavatrastos, me di cuenta del vacío que aún persistía en mi alma descarriada. No, no podía ser tan fácil.

    A las once de la noche con treinta y ocho minutos y cincuenta y nueve segundos del día sábado catorce de agosto del dos mil diez y siete, desperté a la realidad.

    Nadie puede cambiar repentinamente sus actitudes sin correr el riesgo de convertirse en un despreciable traidor o en el miserable mediocre de todos los días que se es estando en éste lado de la línea.

    Me convertí de nuevo a la desesperación, a la actitud negativa y a la tarea de rumiar mi desgracia de no saber besar los pies de ningún hijo de su repinche madre institucional.       

                                                                             

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