TESTIMONIO DE LAS PRIMERAS GENERACIONES DE LA ESCUELA DE DERECHO. ALBERTO BARREDA ROBINSON (Parte II)





"En septiembre de 1953 se inici贸 la Escuela de Derecho actual, con una planta de maestros compuesta por profesionistas de la localidad, con la promesa por parte del Rector Ing. Norberto Aguirre Palancares de que las materias m谩s importantes de la carrera ser铆an...

Por H茅ctor Rodr铆guez Espinoza
Fecha de publicaci髇: 2017-12-19 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opini贸n y Sociedad



Héctor Rodr铆guez Espinoza

El Lic. Alberto Barreda Robinson, alumno de la segunda Generaci贸n de la Escuela de Derecho (1954-1959), acept贸 relatarme sus vivencias desde su temprana infancia en su natal Cananea, hasta el curso de sus estudios de la Licenciatura, que redondean esta composici贸n hist贸rica. Hoy ofrezco la segunda parte:

"En septiembre de 1953 se inici贸 la Escuela de Derecho actual, con una planta de maestros compuesta por profesionistas de la localidad, con la promesa por parte del Rector Ing. Norberto Aguirre Palancares de que las materias m谩s importantes de la carrera ser铆an cubiertas por maestros especialistas de tiempo completo. La planta se integr贸 de la siguiente manera: Director y Maestro de Econom铆a Pol铆tica, el Lic. Enrique E. Michel; Derecho Romano, Lic. Fortino L贸pez Legazpi; Introducci贸n al Estudio del Derecho, Lic. Carlos Vicente L贸pez Ortiz; Derecho Civil Primer Curso, Lic. Alfonso Castellanos Idi谩quez; Sociolog铆a, Lic. Abraham F. Aguayo; y Procedimientos Civiles, Lic. Manuel V. Azuela. Lleg贸 diciembre y la Rector铆a incumpli贸 su ofrecimiento de traer maestros especialistas de tiempo completo. Esto dio motivo para que los alumnos que iniciaron la Escuela comenzaran a pensar en la necesidad de cambiar su prop贸sito e ir a México para cursar su carrera; terminaron su primer curso en junio, pero en septiembre de 1954, con el apoyo de la segunda generaci贸n, se renov贸 el intento para que la Rector铆a cumpliera. Con ese motivo, se inici贸 un movimiento beligerante por parte de los alumnos, con objeto de exigir que se cumpliera con la palabra empe帽ada por parte del se帽or Rector.

Los alumnos inquietos nos acercamos a Fortino L贸pez Legazpi y le pedimos que nos asesorara para formar un 贸rgano informativo de protesta; accedi贸 y editamos una ef铆mera Revista que llamamos "Verbum鈥, en la que la parte agresiva la llevamos Jes煤s Enr铆quez Burgos y yo.

La Revista se public贸 y estuvo lista para su circulaci贸n, precisamente el d铆a en que la Escuela de Derecho celebraba su primer aniversario. Orgulloso de la Escuela y de la juventud inquieta, el Lic. Enrique E. Michel -con su bonhom铆a- present贸 aquella bomba como un logro cultural de los alumnos aspirantes al t铆tulo de Abogados. La Revista estaba muy bien hecha y circul贸 con profusi贸n en la ciudad, sobre todo porque se trataba de un 贸rgano que sustentaba el primer movimiento serio de rebeld铆a por parte del estudiantado universitario. La incipiente Escuela de Derecho se hab铆a salido de control. 驴Consecuencias?

Veamos el marco pol铆tico: Don 脕lvaro Obreg贸n Tapia era Gobernador del Estado; el Rector era un pol铆tico al nivel nacional en destierro que poco después, en la época de Don Gustavo D铆az Ordaz, fue Jefe del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonizaci贸n, después Secretar铆a de la Reforma Agraria; Don Luis Encinas Johnson era Diputado Local, anti obregonista y l铆der natural del Congreso del Estado, y no atend铆a consignas.

La otrora pac铆fica Universidad se convert铆a en un instrumento de la pol铆tica estatal: Norberto Aguirre era un estorbo para 脕lvaro Obreg贸n en el Estado y Luis Encinas en el Congreso. 脕lvaro Obreg贸n deb铆a actuar. Para defenderse, Norberto Aguirre suspendi贸 al Licenciado Fortino L贸pez Legazpi en su calidad de maestro de la Escuela de Derecho, porque pens贸 que era el instigador. No fue as铆, L贸pez Legazpi era inquieto intelectualmente, pero nunca factor de insurrecci贸n pol铆tica y nosotros lo sab铆amos. Nos amenazaron a los alumnos con expulsi贸n si no nos retract谩bamos p煤blicamente de lo escrito en Verbum, pero no era posible, porque est谩bamos en la edad de ser héroes de nuestra causa. Nuestra rebeld铆a no iba m谩s all谩 que exigir la promesa incumplida, porque su soluci贸n era benéfica para la Universidad: pas谩bamos de ser una Universidad provinciana a ser otra con reconocimientos en el contexto nacional. Esa era nuestra lucha.

Nos salv贸 de la expulsi贸n -porque no cedimos- la r谩pida acci贸n pol铆tica del Gobernador Obreg贸n, sacando al Ing. Norberto Aguirre de la Universidad y deshaciéndose del Lic. Luis Encinas como l铆der emergente en el Congreso y como consecuencia en el Estado.

Los alumnos Norbertistas vieron en el nuevo Rector Luis Encinas una infiltraci贸n de Don 脕lvaro Obreg贸n en asuntos de la Universidad. Nosotros, los amenazados, lo vimos como tabla de salvaci贸n ante la amenaza de la expulsi贸n o el rid铆culo que har铆amos al retractarnos de lo escrito. Yo creo que si no se hubiese dado el cambio, nuestra opci贸n habr铆a sido la expulsi贸n.

El Lic. Luis Encinas nos llam贸 a uno por uno de los rebeldes y se enter贸 a fondo de nuestras inquietudes. Ofreci贸 cumplir las ofertas que nos hiciera la Rector铆a. Dijo que la Universidad era una Instituci贸n seria y su representante era el Rector. Que si la Rector铆a se hab铆a comprometido a soportar las c谩tedras con maestros de tiempo completo, lo har铆a en breve plazo, que s贸lo necesitaba tiempo para acostumbrase a ser Rector y tomar los hilos. El Rector cumpli贸 y trajo, en corto plazo, de la UNAM, a tres profesionistas j贸venes que ahora son orgullo nuestro, porque en nuestro laboratorio se formaron como maestros: Lic. David Maga帽a Robledo, Dr. Carlos Arellano Garc铆a y Lic. Cipriano G贸mez Lara.

La inquietud que nos agobiaba era para que la Universidad de Sonora fuera reconocida universalmente. El Licenciado Encinas también cumpli贸 y en corto plazo se formaba aqu铆, en el seno de la Universidad de Sonora, la Asociaci贸n Nacional de Universidades e Institutos de Ense帽anza Superior (ANUIES).

Muchos de mis compa帽eros, sobre todo los de la primera generaci贸n, pensaron que el Lic. Luis Encinas era testaferro de Don 脕lvaro Obreg贸n y que la Universidad estaba sacrificando su autonom铆a y se cambiaron a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Aut贸noma de México, habiéndose quedado, 煤nicamente, Josefina Pérez Contreras y Rogelio Rend贸n Duarte. La segunda generaci贸n qued贸 integrada por cuatro compa帽eros venidos de la Preparatoria de Nogales: Hortencia L贸pez Quintero, Alfonso Guevara Camacho, el poeta; Ra煤l Rolando Pujol, el tarracas; procedente de la ciudad de México, Joel Castillo Terrazas, el guacho; de la Prepa de la Unison, Ana Luz V谩zquez Moreno; Pedro Romano Félix, el pete; Sergio Lagarda Burgos; Manuel Rubio Gonz谩lez, el chuco; René Durand Romo; Luis Ernesto Castillo Montiel, el medallas, quien ya entrada la carrera se fue a la UNAM; Ra煤l Castro Quintero, el g眉ipas; Luis Ruiz V谩zquez, el indio; y yo, el cabez贸n.

De la convivencia estudiantil por tantos a帽os, surgen anécdotas que vale la pena contar:

Biblioteca.- La Escuela inici贸 sus actividades en el edificio posterior de la Escuela de Agricultura y Ganader铆a, hoy CICTUS. (En su pared oriente plasm贸, su primer mural, el notable artista Héctor Mart铆nez Arteche, que ilustra este texto). La biblioteca estaba localizada en la segunda planta. El inventario de libros no llegaba m谩s all谩 de un Planiol escrito en francés, una Colecci贸n de Jiménez de Az煤a y los libros normales de texto que llev谩bamos en las clases. Sin embargo, el libro m谩s importante y solicitado era el Tercer Tomo de Jiménez de As煤a, que manuscrita llevaba una inscripci贸n: Rapa Garca; y como los sanitarios estaban en un mezanine, los necesitados sub铆amos corriendo para extraer del espacio posterior, entre el libro y la pared del librero, un rollo de papel sanitario que se compraba a prorrata. Era el 煤nico libro que consult谩bamos.

Maestros. Lic. Fortino L贸pez Legazpi. Lo consider谩bamos el principal terror de la Escuela de Derecho. En el Bachillerato impart铆a la materia de Lat铆n, a la que todos rest谩bamos importancia por no considerarla de utilidad pr谩ctica. Nos abri贸 los ojos cuando reprob贸 a todo el grupo, excepci贸n hecha de Francisco Duarte Amaya, que era el estudiante perfecto. El libro de Texto era Lat铆n, de Riemman G枚eltzer. Cuando pagamos la materia, Ra煤l Castro Quintero, el g眉ipa, regal贸 a L贸pez Legazpi el libro, pero con la siguiente inscripci贸n: Oh! Riemman,/qué mal me hiciste,/con este libro/que t煤 escribiste./

Lic. Alfonso Castellanos Idi谩quez. En una calurosa ma帽ana de septiembre de 1954, conoc铆 en la Secretar铆a General de la Universidad a cuatro j贸venes que me present贸 el Prof. Rosal铆o Moreno, que ven铆an a estudiar Derecho procedentes de la Escuela Preparatoria de Nogales: Hortencia L贸pez Quintero, Alfonso Guevara Camacho, Luis Ernesto Castillo Montiel y Ra煤l Rolando Pujol. Hortencia, formal, seria y muy amable. Los tres varones, la pieza de judas. Su indumentaria: camisa blanca de manga larga, pantal贸n de mezclilla Levys remangados hasta el tobillo, mocasines, calcetines fosforescentes, pelo flat-up y largo peinado por los lados, su espa帽ol poco inteligible, porque creo que era espanglish.

Estos tres ejemplares de la fauna fronteriza se alojaron en una casa de la calle Ni帽os Héroes, conocida como el palomar. Después de ser presentados y de platicar un rato e identificarnos como norte帽os, quedé de pasar por ellos para conducirlos a las aulas. En el camino y a pie, pas贸 en baja velocidad un autom贸vil de los m谩s peque帽itos que ha existido en Hermosillo, un Fiat topolino, color azul rey de dos asientos y al volante, un se帽or serio, moreno, de baja estatura y mediana edad. Los tres fronterizos comenzaron a proferirle frases como éstas: Ah铆 vas, Benito Ju谩rez; Pasa carrote; P贸ntelo de llavero, viejo buey; Parece que lo hicieron contigo adentro; Viejo taca帽o, como si los vendieran por metro. Dijeron poco, porque el veh铆culo en su marcha se alej贸.

Llegamos al sal贸n de clases, pasé primero y mis tres compa帽eros se quedaron de pie en el umbral del sal贸n con puertas de doble hoja, en la que cab铆an los tres alineados hombro con hombro, pero serios y estupefactos: 隆el se帽or del carrito azul era el maestro de Derecho Civil, el Licenciado Alfonso Castellanos Idi谩quez! Con un gesto 煤nico, cobrando los pecados juveniles y poniendo su dedo 铆ndice sobre los labios dejando asomar una leve sonrisa les dijo: Adelante j贸venes, tomen asiento.
 
PARTE I:
 
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 PARTE III:
 
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