EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 17)





En la región de Caborca el principal cacique era el gran Soba. Tenía fama de buen guerrero y todos le obedecían. Estaba enemistado con la tribu de Cosari y ya había matado a uno de sus jefes principales. Kino había oído hablar mucho de él...

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicación: 2017-12-04 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



Por Cruz G. Acuña

Caborca, o los Dominios del Gran Soba


    En la región de Caborca el principal cacique era el gran Soba. Tenía fama de buen guerrero y todos le obedecían. Estaba enemistado con la tribu de Cosari y ya había matado a uno de sus jefes principales. Kino había oído hablar mucho de él y el gran Soba también había oído hablar de Kino. Una vez, en Tubutama, el padre encontró algunos capitanes indios que habían sido enviados por Soba para que observaran el extraño cambio que se estaba verificando en las tribus de Sonora. Parece que los observadores quedaron satisfechos.

    Diciembre de 1693, fue un mes de exploraciones. Kino llegó hasta la región de Caborca y encontró allí indígenas muy pacíficos, aunque temerosos y maravillados porque nunca habían visto a un hombre blanco. Kino les habló y les prometió regresar. Pero el gran Soba no se encontraba allí.

    Para su información y para sus mapas, y para responder a un viejo impulso de su corazón, Kino quería saber a qué distancia de allí se encontraba el mar de California. Por eso continuó su viaje mucha más allá de Caborca y subió al más alto de los cerros, el cual llamó "El Nazareno”. No sé por qué le recordaría a su barco naufragado en Cádiz. Desde la cumbre pudo divisar las aguas del Golfo y hasta las costas de California. Su corazón latió más fuerte con tantos recuerdos y en su mente brotaron nuevos proyectos.

    Viendo las buenas tierras de Caborca y los numerosos nativos de las rancherías y la importancia que tenía la vecindad del mar y la península de la desafiante California, el padre explorador quiso hacer un trabajo más serio y de manera oficial. Se dirigió al real de San Juan y pidió al general Jironza, nuevo alcalde mayor de Sonora, que enviara algún oficial del Gobierno para que certificara los nuevos descubrimientos que hacían cada vez más grandes los dominios de la Nueva España. El general Jironza comisionó a su propio sobrino, el joven capitán Juan Mateo Mange. Estas vueltas de Cosari a Caborca, y de Caborca a San Juan (cerca del río Moctezuma), suponían ya muchos días a caballo.

    A principios de mes de febrero de 1694, ya estaba organizada la siguiente expedición: una buena recua (mulas) cargadas de provisiones, herramientas y regalos; un buen número de caballos de repuesto para las rápidas jornadas; veinte indios pimas ya muy bien entrenados; y dos españoles más. En la expedición iba el cacique Coxi, a quien el padre Kino deseaba reconciliar con el aguerrido y misterioso gran Soba.

    Después de una cabalgara agotadora de unos doscientos kilómetros llegan a Caborca. Los buenos indios los reciben con arcos y con cruces, Kino les predica sobre Dios y su Ley, sobre el Cielo y Jesucristo. El oficial Mange toma nota del lugar: "Caborca tiene, nos dice, tierras fértiles y ricas... si los nativos tuvieran siquiera hachas, podrían desmontar tierras suficientes para tres mil habitantes que ahora vagan desnudos por los montes”...

    La expedición siguió adelante. Escalaron otra vez el cerro Nazareno; y bajaron a un aguaje de donde varias indígenas huyeron al verlos, dejando sus ollas abandonadas. Mange las siguió a caballo y logró detenerlas. Las mujeres se calmaron cuando Mange les ofrecía collares de cristal y listones de seda. Y, como lo vieron joven y bien parecido, lo siguieron contentas al aguaje donde habían dejado sus ollas, y hasta quisieron ayudar a dar agua a los caballos. Las indias iban vestidas sólo con un "bikini” de piel de conejo. Una de ellas tenía como ciento veinte años. Aquel lugar se llamó, y creo que aún se llama, "Las Ollas”.

    Después, los viajeros, atravesando con valor aquellos llanos calcinados y las pesadas dunas de arena, llegaron al mar. Fueron los primeros hombres blancos que pisaron esas playas. Por eso Kino fue quien hizo los primeros mapas exactos de la región. No es fácil hacer el primer mapa.

    Tomaron un baño en las aguas del desemboque, baño que por cierto necesitaban, y regresaron a Caborca donde permanecieron dos días más. Habían venido indios de otras rancherías; algunos hasta de cincuenta leguas. El padre les contó la maravillosa historia de la Creación, y la más maravillosa de la venida de Jesús al mundo. Les habló también de las ventajas de  organizar un pueblo, y los indios convencidos le pidieron un misionero.

    En el camino de regreso se encontraron con una escuadra de cuarenta indios. Al frente de ellos venía el jefe, "sin más vestido que su inocencia”, nos dice Mange. Era nada menos que el gran Soba. Venía tan pobre, que cuando el padre Kino le regaló una carga de provisiones, el gran jefe no tenía donde ponerlas y ordenó a su esposa y a otra mujer que se quitaran las dos pieles de venado que traían como enaguas, para guardar en ellas los diversos regalos. Las mujeres tuvieron que permanecer escondidas tras unos matorrales, mientras se efectuaba la operación y la siguiente gran ceremonia.

    El cacique Soba estaba tan pobre porque, desde que había conocido el mensaje del padre blanco, había dejado las guerras que lo hicieron famoso y lo mantenían rico; y ahora venía precisamente a reconciliarse con su enemigo Coxi, y a rendir obediencia al mensajero de la paz. Por eso nosotros lo seguimos llamando el "gran” Soba. A Caborca le esperaban, sin duda, días más apacibles y prósperos.

Continuará...

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