ADOLFO DE LA HUERTA, PRECURSOR DE LA REVOLUCIÓN





Se acercaba el final del siglo diecinueve y se vislumbraba el principio de una nueva era, la de los grandes inventos que cambiarían al mundo. Ya la luz incandescente y las máquinas de vapor eran cosas de uso común. En Sonora, las locomotoras a vapor conducían los trenes de Guaymas hasta Nogales

Por Gilberto Escobosa Gámez
Fecha de publicacin: 2017-11-20 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 
 


Por Gilberto Escobosa Gámez

     Se acercaba el final del siglo diecinueve y se vislumbraba el principio de una nueva era, la de los grandes inventos que cambiarían al mundo. Ya la luz incandescente y las máquinas de vapor eran cosas de uso común. En Sonora, las locomotoras a vapor conducían los trenes de Guaymas hasta Nogales, donde conectaba la vía con toda la Unión Americana, hacia donde se transportaban nuestras materias primas.

     Desde el año 1890 en Hermosillo, se había establecido en el edificio que compró el Gobierno estatal, el famoso "Colegio Sonora”, creado el año anterior por don Ramón Corral, al que concurrían jovencitos de todo el Estado. Uno de éstos fue Adolfo de la Huerta, quien se matriculó en el año 1894, teniendo trece años de edad; pero ya demostraba una clara inteligencia y un espíritu de solidaridad con sus amigos y compañeros. Allí conoció al maestro Plutarco Elías Calles, quien al correr del tiempo también --como el primero-- se convertiría en una de las grandes figuras de la Revolución. Elías Calles era cuatro años mayor que Adolfo y, sin embargo, llegaron a ser buenos amigos después de identificarse como coterráneos, ambos nacidos en el principal puerto sonorense, sólo que  Plutarco, huérfano desde su primera niñez, había sido prohijado por sus tíos don Juan Bautista Calles y su esposa, quienes residían en la Capital del Estado.

     Fue muy corta la relación amistosa del maestro Plutarco y el alumno Adolfo, porque el segundo regresó a su hogar a hacer los preparativos para continuar sus estudios en la ciudad de México, ya que sus padres don Torcuato de la Huerta y doña Carmen Marcor Basozábal, originarios de Guaymas también, deseaban que su hijo alcanzara una carrera universitaria.

     De la Huerta Marcor logró hacer sus estudios preparatorianos en la Capital de la República y estando a punto de inscribirse en la Universidad de México, hubo de regresar a su hogar; su padre había fallecido y la suerte de la familia había cambiado, obligándole a no continuar sus estudios.

     Sucedió hasta el último año del siglo que Adolfo y Plutarco se volvieran a ver en un día de festejos cívicos, en la plaza principal del puerto. Era un día de fiesta popular y en el kiosko una banda militar tocaba las mejores melodías mexicanas de ese tiempo. El maestro Elías Calles acababa de radicarse en la ciudad de su nacimiento y a partir de esa fecha se empezaron a ver con más frecuencia, sobretodo cuando ambos asistían a las mismas tertulias de amigos, hasta que llegó el año 1910 cuando los encuentros se convirtieron en obligados. Los dos conspiraban contra el Gobierno de don Porfirio Díaz. El último año de la primera década del siglo XX, es un hito en la historia de México por que el pueblo comenzaba a recobrar su fe en los destinos de la patria; "la nación”, decían, "no pude ser propiedad de uno ni de un grupo de hombres; el pueblo debe participar en la cosa pública”; aquello era el principio de la rebelión. El héroe del 2 de abril, quien diez años antes todavía hacía vibrar de emoción a la muchedumbre, con sus
uniformes de gala y los desfiles militares, ahora era odiado y eran los "científicos” quienes se habían encargado de ello. Habían pasado los tiempos en que los ciudadanos alimentaban su patriotismo con la demagogia de los gobernantes. Era necesario un cambio que disminuyera la distancia existente entre pueblo y gobierno.

     Entre los primeros conspiradores guaymenses, decíamos, se encontraban dos personajes que dejarían profunda huella de su paso por nuestra historia contemporánea: Adolfo de la Huerta Marcor y Plutarco Elías Calles. El primero había renunciado a un empleo bien remunerado en la Casa Fourcade y a las comodidades que brinda una familia que, si no posee superfluidades, no carece de lo necesario para llevar una vida desahogada; y todo para dedicarse a la política en las peligrosas filas de la oposición donde lo menos que se podía perder eran los bienes y la libertad, y lo máximo, la vida. El segundo -Plutarco-, echaba por tierra su amistad con altos funcionarios públicos, para militar en el bando político perseguido tenazmente por la policía y las milicias. El joven Adolfo, además de haberse unido a los conspiradores, hacía más evidente su oposición a la Dictadura, escribiendo artículos candentes en los periódicos y revistas clandestinos como "El Correo de Sonora”, en los que incitaba al pueblo a rebelarse contra el régimen, a la vez que señalaba como injusta y criminal la campaña militar del Yaqui.

     El 23 de mayo de 1911 Porfirio Díaz se ve obligado a renunciar y se traslada a Veracruz para embarcarse en el vapor alemán "Ipiranga”. Por ministerio de ley quedó encargado del Poder Ejecutivo el licenciado Francisco León de la Barra, quien convocó desde luego a elecciones federales, siendo elegidos por la voluntad del pueblo Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, como presidente y vicepresidente de la República, respectivamente.

     En la revolución de 1910, Adolfo de la Huerta tuvo una participación activa como civil y su hermano Alfonso en la línea de combate, adquiriendo el primero mucho prestigio popular por sus ideas obreristas; por ello fue nombrado presidente del partido revolucionario que postulaba a don José María Maytorena para gobernador y a don Eugenio Gayou para vicegobernador. De la Huerta y los candidatos de su partido recorrieron todo el Estado, conteniendo en una lucha democrática contra los candidatos Manuel Mascareñas y Francisco de P. Morales, para gobernador y vicegobernador, respectivamente.

     Triunfó la planilla Maytorena-Gayou y Adolfo de la Huerta resultó electo diputado propietario por Guaymas y don Torcuato Marcor diputado suplente. Conviene señalar que al principio De la Huerta ignoraba que mientras él hacía la campaña política por sus candidatos en el norte del Estado, sus amigos le registraron como candidato a la diputación guaymense.


     Durante el cuartelazo que originó la Decena Trágica en 1913, Adolfo se encontraba en la C. de México a donde había ido para entrevistarse con el presidente Madera. Sobre esto el político sonorense escribe en sus Memorias: "Yo tuve la satisfacción de ser el primer civil que el día 9 de febrero se presentó en Chapultepec a ponerse a las órdenes de don Francisco I. Madero cuando bajaba montando a caballo con el teniente coronel López Figueroa. Llegue a la verja del castillo y como un piquete de alumnos del Colegio Militar me impedía el paso, grité dándome a conocer. Me reconocieron y me permitieron entrar. Iba yo con un abrigo, sin camisa, pues al conocer la noticia, nada más me puse el abrigo sobre la camiseta y así salí. López Figueroa fue el que me reconoció y dio orden de que me dejaran pasar. Vine con ellos, pero yo no tenía caballo; ellos vinieron montados y yo a pie desde Chapultepec hasta la esquina del Hotel Guardiola, donde lo bajaron del caballo para meterlo en la Fotografía Daguerre…” Enseguida De la Huerta relata como encontró la calle cubierta de cadáveres.

     Después de la decena trágica don Adolfo salió de la Capital de la República, persuadido de que el pueblo mexicano no podía tolerar en la Presidencia al general Victoriano Huerta. Su primera actividad fue, con algunos amigos, entrevistar a varios gobernadores, buscando respaldo para hacer un movimiento armado contra el usurpador, pero fracasaron en San Luis Potosí, Tamaulipas y Nuevo León. Sin embargo, en el trayecto de Monterrey a Saltillo, se encontraron del manifiesto del señor Venustiano Carranza desconociendo a Huerta como Jefe del Poder Ejecutivo Federal. Jubilosos, en la primera oportunidad Adolfo y sus compañeros se comunicaron por telégrafo con el señor Carranza ofreciéndole el respaldo del gobierno de Sonora y diciendo y haciendo, con un crédito de mil dólares compraron las primeras armas en Douglas, Arizona. Después el político guaymense se trasladó a Tucsón, donde sostuvo pláticas con Francisco Villa, el después llamado "Centauro del Norte”, de las que se derivó el levantamiento del famoso guerrillero.

     El 14 de abril de 1913 De la Huerta, acompañado del señor Roberto Pesqueira llegó a Monclova, Coahuila, representando al Gobierno de Sonora ante la reunión que convocó el señor Venustiano Carranza. Allí el representante sonorense vio por primera vez a don Pablo González, quien también dejaría profunda huella de su presencia en la Revolución.  Hubo varias juntas y de ellas salió nombrado el señor Carranza como primer jefe del Ejército Constitucionalista. Esto sucedió el 18 del mismo mes. Don Adolfo de la Huerta en sus Memorias asienta: "Se ve, pues, que la fecha que debía conmemorarse no es la del 26 de marzo, sino el 18 de abril, como aniversario del Plan de Guadalupe, ya que entonces fue cuando tomó forma y se consideró seriamente al proyecto que habían suscrito algunos ayudantes y amigos del señor Carranza”.

     Con la anterior exposición histórica, queda aclarado que don Adolfo de la Huerta fue el primer iniciador de la revolución en Sonora, contra el usurpador general Victoriano Huerta, que tantas lágrimas y sangre costaría al país en su afán de volver a la República Mexicana al orden constitucional.

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