EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 15)





    Era tanta la buena voluntad y el dinamismo de los nativos de Dolores, que en el mes de junio echaron cimientos de una iglesia más grande, que se iría construyendo a largo plazo para sustituir a la primera Capilla que era insuficiente.

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicación: 2017-11-19 00:00:00

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Por Cruz G. Acuña

Las Campanas se Oyeron También en Arizona


    Era tanta la buena voluntad y el dinamismo de los nativos de Dolores, que en el mes de junio echaron cimientos de una iglesia más grande, que se iría construyendo a largo plazo para sustituir a la primera Capilla que era insuficiente.

    Si alguien estima exagerada la actividad del padre Kino, que fungía al mismo tiempo como constructor, ranchero, agricultor, arriero y predicador; se quedará asombrado al saber que aún le sobraba tiempo para explorar aquella región desconocida, trazar científicamente sus mapas e iniciar nuevas empresas...

    Durante estos meses hizo varias excursiones al otro lado de la sierra a las rancherías indias en Buquibabia, Cabórica, Imuris y Coajibubig, que fueron después los pueblos de Magdalena, San Ignacio, Imuris y Remedios.

    En Imuris y en San Ignacio organizó trabajos semejantes a los que hizo en Dolores. Pero en Remedios los indios le dijeron francamente que no querían misionero. Fue la única vez en su vida que el padre Kino recibió un puertazo semejante. Y los francos nativos de Remedios dieron sus razones. Estas eran entre otras, las siguientes: los padres han colgado a varios indígenas; los hacen trabajar demasiado en sus iglesias; tienen tanto ganado que se acaban el agua; matan a la gente con los Santos Óleos; y sobre todo, engañan a los indios con falsas promesas, por ejemplo, el mismo Kino dijo que traía un papel para salvar a los indios de los trabajos forzados y ni siquiera ha presentado dicho documento a las autoridades españolas...

    El sensible hombre blanco no quiso escuchar más. Escogió el mejor de sus caballos y casi a golpe atravesó veinte leguas de sierra hasta llegar a Bacanuchi. Allí residía el lugarteniente Ceballos. Le mostró la Real Cédula y Ceballos la tomó y la besó; luego la puso sobre su cabeza y dijo: "Yo obedezco”. Era el rito que se usaba al acatar las órdenes del rey. Los indígenas tenían ahora más protección, los pimas de Remedios admitieron al padre Kino. Y éste comenzó los mismos trabajos que en Dolores: siembras, ranchos, casas, capilla, etc.

    A pesar de todo, la predicación, no se había interrumpido en Dolores, el día 31 de julio, fiesta en San Ignacio, fundador y patrón de los jesuitas, se recogieron copiosos frutos. El gran cacique indio de Cosari, llamado Coxi, fue bautizado junto con su esposa y cuarenta indígenas más. Hubo gran fiesta. De Cucurpe vino el padre Aguilar con su coro netamente indígena; asistieron hasta españoles de Bacanuchi, y el capitán Romo del Vivar fue el padrino de Coxi.

    Lo más importante fue que el mismo jefe indio invitó a cinco amigos suyos; cinco caciques de otras tantas lejanas rancherías. Estos jefes se quedaron deslumbrados con las solemnes ceremonias y encantados con la nueva vida que llevaban los pimas de Cosari.

    Llevaron después a sus respectivos pueblos sus gratas impresiones. Además, el mismo Coxi y el padre Kino habían enviado mensajeros a otras tribus del Norte y del Oeste. Coxi era algo así como el Capitán General de aquella región y su palabra tenía mucho prestigio. Todos supieron de la gran fiesta y del nuevo estilo de vida.

    Y así fue como, por los valles de los ríos de Magdalena, Altar, Santa Cruz y San Pedro (éste ya en Arizona), se divulgó la noticia del hombre blanco que había aparecido en Cosari; del hombre que transformaba las rancherías en pueblos, los matorrales en huertos, y las áridas llanuras en vergeles; y que traía para todos el mensaje de una gran esperanza.

    De los cuatro ríos, incluyendo los valles y montañas de Arizona, comenzaron a llegar a Dolores emisarios indígenas que venían a pedir a Kino que fuera con ellos a ayudarles. Unos cinco mil visitaron al mago blanco durante el primer año. Un promedio de doce mensajeros diarios.

    Las campanas de Cosari habían resonado, como una esperanza, en toda la Pimería. A Kino le faltaban brazos y le faltaba tiempo... pero le sobraba corazón...

Continuará...

....

EL ROMANCE DEL PADRE KINO

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