JESÚS GARCÍA, HÉROE DE NACOZARI





Un día de año 1950 hubo en Londres una reunión de hombres notables en la historia y la literatura, encontrándose entre ellos el embajador de los Estados Unidos, Mr. Douglas.

Por Gilberto Escobosa Gámez
Fecha de publicación: 2017-11-07 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



Por Gilberto Escobosa Gámez

De su libro titulado "CRÓNICAS SONORENSES”

Un día de año 1950 hubo en Londres una reunión de hombres notables en la historia y la literatura, encontrándose entre ellos el embajador de los Estados Unidos, Mr. Douglas.

En un momento dado se abordó el tema de los grandes héroes nacionales de Inglaterra y de los países del continente europeo, y cada quien por su cuenta, según su origen, nombró a los hombres que más se habían distinguido en sus patrias como defensores de la libertad.

Cuando todos los allí reunidos nombraron con orgullo los héroes de sus respectivos países, el embajador Douglas, que había permanecido callado, exclamó:
    
-Yo conocí a un héroe a quien considero el más grande de todos los tiempos.
    
"¿Cómo?” –exclamaron. ¿Más grande que los que hemos anunciado y que veneran los ciudadanos de nuestros respectivos países?
    
Sí –dijo el embajador estadounidense-; más grande aún que los que han muerto en defensa de su patria, siendo militares. Por eso no he mencionado a los de mi propio país.
    
Todos los presentes inquirieron quién era aquél que no conocían en los libros de historia. Entonces el norteamericano les dijo:
    
-El héroe que aludo es el más humilde de los grandes héroes; y sin embargo le tenemos catalogado como el héroe de la humanidad. Era éste un modesto maquinista de una locomotora de la empresa minera de Nacozari, a quien yo y toda mi familia le debemos la vida. Un día de 1907, cuando yo era un niño, un tren que se encontraba parado, cargado de dinamita, comenzó a arder uno de sus vagones, poniendo en peligro de desaparecer al pueblo. En el lugar donde parece seguro un desastre, corre la voz de alarma y nadie sabe que hacer, hasta que aparece el maquinista Jesús García con un compañero de trabajo apellidado Romero. García pone en movimiento el convoy con todo lo que daba la locomotora y hace salir del pueblo al tren. Llega el momento en que su compañero se da cuenta de que están a suficiente distancia para salvar a Nacozari, y le ruega al maquinista que salte y deje la máquina y a los carros correr solos. Jesús le dice que salte y que enseguida lo hará él. Pero el que conduce la locomotora sabe que si abandona el convoy, habrá el riesgo de que la máquina deje de funcionar sobre la pendiente y regrese con todos los carros a Nacozari; entonces decide continuar en su puesto. Repentinamente sobreviene una terrible explosión que sacude los campos; pero los habitantes de Nacozari se habían salvado. Esa tarde la madre del maquinista recibe los restos destrozados de su hijo.
    
Todos los presentes en aquella reunión del embajador, conmovidos, callaron y con su silencio manifestaron su acuerdo con el señor Douglas.
    
Jesús García nació el 2 de diciembre de 1881, aunque algunos historiadores, incluyendo a su biógrafo Terán, mencionan una fecha errónea que aparece también en la Historia General de Sonora. Su bautismo tuvo lugar en la Capilla del Carmen, cercana a la casa donde vino al mundo en Hermosillo. Los padres fueron el herrero y cerrajero Francisco García y la señora Rosa Corona de García. Don Francisco y su esposa formaban una familia de clase media, puesto que el oficio del señor García era bien remunerado. Este cronista conoció la casa del herrero. Desgraciadamente la vivienda fue demolida en 1932 al ampliar el Gobierno del Estado el "Parque Francisco I. Madero”. La familia García Corona estaba constituida por ocho hijos, cuatro mujeres y cuatro varones, siendo Jesús el más pequeño de los hombres.
    
En los principios de 1890 empezó a tener éxito la región minera de La Colorada y hacia allá se trasladan los García. Se nota por los cambios de residencia que el padre era inquieto y no duraba mucho en un solo lugar. En 1894 la familia se establece en Batuc, donde Jesús, un muchacho fornido de 13 años, ayuda a su progenitor en el duro trabajo de herrería. El jovencito tenía una gran fuerza física y manejaba bien el marro con el que golpeaba los hierros que estaban sobre el yunque; ya que sabía soldar, templar la punta de una barra y sacarle rosca a un tornillo.
    
En el año 1091 la familia nuevamente cambia de residencia; su intención es establecerse en Cananea, pero el lugar no agrada al padre porque ve que el trabajo de herrería es muy competido allí; entonces se desplazan hacia Nacozari. Y es en la vía de Pilares donde Jesús admira las locomotoras. En esas fechas el muchacho tenía 20 años y había terminado su instrucción primaria elemental, que era lo máximo que se podía estudiar en los pueblos de ese tiempo. También sabía algo de mecánica además de que conocía el trabajo de herrería como sus propias manos. Sin embargo, cuando solicitó trabajo en la empresa minera, solamente consiguió como peón de pico y pala. El joven intuía que cuando los patrones se dieran cuenta de sus habilidades, pronto le pondrían en un lugar adecuado a su talento.
    
Un día las cosas cambian y se ve Jesús trabajando, primero como garrotero, luego como fogonero y finalmente conduciendo una locomotora. El joven se sentía feliz, ya que por su constancia y apego a sus obligaciones había alcanzado su máxima aspiración, un puesto que solamente a los norteamericanos se les concedía. Además estaba demostrado que los mexicanos son tan aptos como los extranjeros en los trabajos de responsabilidades.
    
Por el buen desempeño de Jesús mejoraron las condiciones de vida de los García; hacía varios años que había muerto el padre y el muchacho era el sostén del hogar.
    
Desgraciadamente se acercaba, inexorable, la muerte de Jesús García. Un tren con 60 cajas de dinamita se estaba incendiando en Nacozari. Eran las 2 de la tarde del 7 de noviembre de 1907, fecha en que los ángeles le llevarían a la morada de los inmortales.



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