EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 12)





Suspendida la misión de California en abril de 1686, Kino recordó a los indios seris que tan bien lo habían recibido en las costas de Sonora y que tanto le habían suplicado que se quedara con ellos. Además, los seris estaban muy cerca de Baja California.

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicación: 2017-11-07 00:00:00

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Por Cruz G. Acuña

CAPÍTULO III: CIVILIZADOR INCANSABLE

Hacia la Bahía Kunkak para Redimir a los Seris


    Suspendida la misión de California en abril de 1686, Kino recordó a los indios seris que tan bien lo habían recibido en las costas de Sonora y que tanto le habían suplicado que se quedara con ellos. Además, los seris estaban muy cerca de Baja California. Estableciendo una misión entre ellos, fácilmente podía también socorrer a los necesitados californianos.

    Propuso su plan al padre Provincial y éste le respondió que no había dinero. Kino prometió reunir los recursos necesarios y redactó una información y un anteproyecto sobre aquellas tierras, y presentó su escrito a los supervisores jesuitas, al virrey y también a la Condesa, la esposa del virrey.

    Pocos podían resistir la elocuencia convencida y el entusiasmo contagioso con que el misionero presentaba sus proyectos. El virrey ordenó enviar y sostener tres misioneros: uno para los seris, otro para los de Guaymas; y un tercero para los pimas. Kino reorganizó su maltrecho equipo y se puso a esperar a un nuevo compañero que venía de España en la flota de aquel año. Mientras tanto, se dedicó a instruir en la religión a un grupo de piratas ingleses (eran 21) que se encontraban presos en la capital.

    A fines de noviembre viajó a Guadalajara. Le urgía entrevistar a la Audiencia Real y al presidente. Quería que estos señores prohibieran terminantemente a los españoles, que sigu¡eran imponiendo trabajos forzados a los indios recién convertidos. Estos abusos, cometidos en las minas y en las haciendas, eran contra la Fe.

    Kino pedía que al menos durante cinco años, los indios convertidos quedaran protegidos por la Ley contra los trabajos forzados. La Audiencia había recibido una instrucción real sobre este asunto, y entregó al misionero un documento que protegía a dichos indios no durante cinco años sino durante veinte. No a todos los españoles agradó que se moviera este viejo problema. Por eso el padre Eusebio se echó encima algunos poderosos enemigos que nunca dejaron de ponerle dificultades en su ya difícil camino.

    Como el nuevo compañero tardaba en llegar, Kino ya no quiso esperar más tiempo, y apenas recibió el precioso documento, la misma noche de aquel día, salió en su caballo para el Norte hacia su gran destino.

    Si supiéramos los detalles de su largo viaje, pasando por Compostela, Rosario, Mazatlán, Culiacán, Sinaloa, Álamos, etc., el relato iba a ser muy interesante. Nos imaginamos que durante aquellas interminables jornadas, iba repasando sus enormes experiencias adquiridas durante los cinco años anteriores y fraguado proyectos para sus próximas empresas.

EL ROMANCE DEL PADRE KINO

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