EL ROMANCE DEL PADRE KINO (Parte 8)





Kino bautizó muy pocos indígenas en San Bruno, porque juzgaba que aún no estaba completa su instrucción. También temía por el futuro de la Misión. Pasó el invierno y no llovió. Llegó la primavera y el verano de 1684, y el suelo seguía sediento...

Por Cruz G. Acuña
Fecha de publicación: 2017-10-22 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



Por Cruz G. Acuña

Lágrimas de una Quinceañera

    Kino bautizó muy pocos indígenas en San Bruno, porque juzgaba que aún no estaba completa su instrucción. También temía por el futuro de la Misión. Pasó el invierno y no llovió. Llegó la primavera y el verano de 1684, y el suelo seguía sediento. Ni una gota de agua caía del cielo. Tuvieron que regar los sembrados a pulso, con el agua de los pozos. Así, con grandes esfuerzos, lograron salvar una parte de la siembra. Los tallos tiernos y las hojas verdes, parecían más que nunca esmeraldas en la llanura reseca. Habían costado tanto sudor... Pero un día vino una tormenta de arena y aquellos prados verdes se convirtieron de pronto en un desierto calcinado.

    Había que sembrar otra vez. Tuvieron que hacerlo. Y a fuerza de trabajo, los campos volvieron a vestirse de verde. Mas el invierno trajo muchas heladas y las tiernas plantas no resistieron; ateridas, marchitas, se volvieron basura de la estepa. Además, no llovía. Ni la primavera del 85 fue primavera. Dieciocho meses sin lluvia, como en los tiempos de Elías. Entonces, comenzó el calvario.

    Gracias a las provisiones traídas del Yaqui, no se mueren de hambre. Tienen también que alimentar a muchos indios. El porvenir se ve muy triste y entonces deciden enviar al padre Copart hasta la ciudad de México, a pedir auxilio. El padre lleva con él a tres niños indios para que la gente de México vea que son seres racionales, trabajadores, inteligentes  y dóciles.

    Pero el Virrey está muy disgustado. Ha gastado más de 250 mil duros (varios millones de pesos), en California; y no ha conseguido nada; no le ha llegado ni siquiera una perla... y el padre Kino ha bautizado sólo unos cuantos indios... Por eso no recibe al P. Copart. Ni siquiera desea recomendarlo. Y el padre Copart tiene que andar por los pueblos, con sus tres niños indios, pidiendo una limosna para California.

    Mientras tanto, allá en el Norte, el mar se pone tempestuoso y las provisiones que vienen del Yaqui no pueden llegar a San Bruno. Para el colmo en los pozos de San Bruno el agua se vuelve salada. El espectro el hambre y de la muerte ronda por la Misión. Algunos colonos mueren de escorbuto; otros, unos 39, caen enfermos: se paralizan extrañamente. Son pocos los marinos y los soldados que pueden moverse. Es preciso nacer algo. Se organiza una junta de oficiales y se decide abandonar la Misión; ir a Sonora o Sinaloa a reorganizarse; buscar después otro sitio más apropiado; y pescar perlas para compensar algunos gastos.

    El día 8 de abril de 1695, hubo muchas lágrimas en la Misión de San Bruno. Tristes y silenciosos los nativos ayudaron a embarcar el viejo equipo de la Misión y del Fuerte. Caritativamente acarrearon el agua necesaria desde varios kilómetros de distancia, desde la Misión de San Isidro. Al subir a los enfermos a las naves, ya podían decirles: "Hermanos, nos veremos en el Cielo”.

    Las mujeres lloraban en la playa. Algunos niños subieron al barco deseando irse con los misioneros. Hubo que bajarlos a la fuerza. Atondo era el que mandaba y tal vez no podía hacer otra cosa. Una jovencita india de 15 años pedía a gritos que la llevaran. A su padre lo habían matado los españoles y ella estaba huérfana y sola en la llanura sedienta. Cuando se le dijo claramente que no podía ir, más de una lágrima debió brotar de los ojos de aquellos aventureros derrotados. Ellos sabían que algunos hechiceros siniestros y crueles caciques, se alegraban con la partida de los padres...

    Los débiles colonos tuvieron que dejar varios caballos y algunas mulas. Los indios, para mitigar la pena del momento, dijeron en broma que los emplearían en cortar pitahayas. Pero con toda seguridad que más tarde los mataron y se los comieron.

    Y los barcos partieron. El murmullo de los sollozos se perdía en el ruido de los olas, como la tristeza de un hombre se pierde en el gran alboroto de nuestro mundo. Kino dejaba en California un pedazo de su vida y de su corazón. ¿Por qué el destino lo trataba de esa manera? Esta pregunta la hacemos nosotros, no él. En la junta de oficiales, donde se decidió la partida, Kino se opuso tenazmente al abandono total de San Bruno. En su interior, estaba dispuesto a hacer todo lo posible por regresar. Mas por ahora, dependía del Almirante. Por lo pronto había que salvar los medios para reorganizar la expedición, y después... volver a empezar.

Continuará...

....

CAPÍTULO ANTERIOR:

http://www.contactox.net/vernoticias.php?artid=21476&cat=235
 
CAPÍTULO SIGUIENTE:
 
http://www.contactox.net/vernoticias.php?artid=21516&cat=235



Hashtag en donde encontrará todos los capítulos publicados de este libro:

FACEBOOK:

https://www.facebook.com/search/top/?q=%23elromancedelpadrekino



TWITTER:

https://twitter.com/search?q=%23ELROMANCEDELPADREKINO&src=typd

 

Comentarios de nuestros lectores:



Envía tus comentarios