AVENIDA PEDRO GARCÍA CONDE





Militar, Geógrafo y Patriota. De cuna rica, nació en la ciudad de Arizpe, el 8 de febrero de 1806, hijo de Don Alejo García Conde que fue Gobernador de las Provincias de Sonora y Sinaloa y Comandante General de las Provincias Internas de Occidente

Por Juan Antonio Ruibal Corella
Fecha de publicación: 2017-09-03 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



(Colonia Pitic)

Por Juan Antonio Ruibal Corella

De su libro titulado "PERSONAJES DE LA CIUDAD. Nombres de algunas de las calles más representativas de Hermosillo”


    Militar, Geógrafo y Patriota. De cuna rica, nació en la ciudad de Arizpe, el 8 de febrero de 1806, hijo de Don Alejo García Conde que fue Gobernador de las Provincias de Sonora y Sinaloa y Comandante General de las Provincias Internas de Occidente y Doña María Teresa Vidal de Lorca.

    Pedro se inició en la carrera de las armas a la temprana edad de once años el 1º de diciembre de 1817, ingresando como cadete de la Compañía Presidial de San Carlos, de Cerro Gordo, Durango, aprovechando el privilegio de que gozaban los militares de alta graduación.

    Consumada la Independencia, la familia se radicó en el ciudad de México en 1822; ahí estudió en el Colegio de Minería y en el Colegio Militar. A los 26 años de edad, Don Pedro gozaba de envidiable reputación pues en 1832, fue llamado por el Gobierno de Chihuahua para encargarle el levantamiento de la carta geográfica del mismo Estado.

    Cumplida su misión, regresó a la ciudad de México en 1934, año en el cual fue ascendido a teniente coronel y en esa misma época, fue nombrado geómetra de la Comisión de Límites y Miembro del Instituto de Geografía; en 1835, fue ascendido a Coronel y al año siguiente, Director del Colegio Militar introduciendo modificaciones de vanguardia para su época.

    En 1840, dirigió las obras de reparación del Palacio Nacional y como geómetra, levantó una carta geográfica de la República; en 1841, obtuvo el grado de general; en 1842, fue nombrado Consejero por el Estado de Sonora y en 1844, Don Pedro fue electo diputado por Sonora al Congreso de la Unión. En el mismo año, fue nombrado Ministro de Guerra y Marina, pero los grandes méritos personales de García Conde, le acarrearon la mala voluntad del dictador Santa Anna, quien sin comisión alguna lo confinó a Chihuahua.

    En su destierro, lo sorprendió la invasión norteamericana. Salió al encuentro de la misma y desde luego se puso a las órdenes del general Heredia, quien le confirió el mando de la caballería participando en el combate de Sacramento. Después de estos desgraciados acontecimientos, regresó al interior de la República.

    Terminada la trágica guerra contra Estados Unidos y una vez firmados los Tratados de Guadalupe Hidalgo, García conde fue designado Presidente de la Comisión de Límites, para trazar la nueva línea divisoria entre los dos países. Aquí se escribió la página más brillante de su historia. Don Francisco Sosa apunta al respecto:

    "Merced a sus esfuerzos o su jamás desmentido patriotismo logró obtener un resultado que dejó a favor de la República una extensión de más de mil leguas cuadradas. También es un deber recordar aquí que García Conde comprometió su crédito particular para que la comisión mexicana no comprendiese el abandono en que nuestro gobierno tenía a sus comisionados; salvar el decoro nacional fue siempre la aspiración de su alma”.

    Defendió con celo y patriotismo los intereses nacionales evitando que los norteamericanos ocuparan mayor extensión de territorio mexicano que el que se les había cedido; su gran pericia, su profesión de competente ingeniero le dieron la razón, rescatando una porción de cerca de 4,500 kilómetros cuadrados de nuestro territorio.

    Los últimos años de su vida, fueron de privaciones y rudos trabajos en el ex Distrito de Altar, que quebrantaron su salud, viéndose obligado a abandonar el campo de sus operaciones científicas en el desierto. Recordando a Arizpe su ciudad natal, se dirigió allá en busca de salud. Era tarde. Las enfermedades habían minado ya su organismo, falleciendo el 19 de diciembre de 1851, paradójicamente a muy corta distancia del lugar donde había nacido.
 
Lic. Juan Antonio Ruibal Corella

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v. Crónicas Biográficas de Horacio Sobarzo, Gobierno del Estado de Sonora, 2ª Edición, 1982.

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