EXPOSICION DE MOTIVOS





Como aspirante a formar parte del Comité de Participación Ciudadana y atendiendo uno de los puntos de la convocatoria, relativa a la motivación por la cual se participa, comparto con Ustedes lectores, mi exposición de motivos.

Por Olga Armida Grijalva Otero
Fecha de publicación: 2017-08-05 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Politica



Por Olga Armida Grijalva Otero

Como aspirante a formar parte del Comité de Participación Ciudadana y atendiendo uno de los puntos de la convocatoria, relativa a la motivación por la cual se participa, comparto con Ustedes lectores, mi exposición de motivos.

Mi interés en postularme para formar parte del Comité de Participación Ciudadana, obedece en parte a que desde temprana edad, se despertó en mí el interés por lo público, esto debido quizá en calidad de hija de un maestro rural. Sí, mi padre fue maestro rural, a través de él, conocí el compromiso y responsabilidad frente a la comunidad, aprendí a conocer y querer a este país con todas sus debilidades pero también con todas sus grandezas, sobre todo conocer su historia.

En mis prácticas profesionales y en trabajos de investigación como estudiante universitaria, posteriormente como profesionista pude explicarme los problemas que aquejaban a México, siendo uno de ellos la corrupción, misma que pude palparla plenamente cuando ingrese a laborar en la Administración Pública Federal, en la Seria de la Reforma Agraria. Oportunidad invaluable que me permitió conocer las entrañas de la Administración Publica dese el nivel inferior hasta el nivel ejecutivo y con ello las reglas no escritas de la corrupción con los campesinos

Posteriormente la experiencia y conocimiento adquiridos en el Centro de Investigación para el Desarrollo Rural (CIDER), en la Cd. de México, pasando por la experiencia académica y la cereza del pastel, fue en el Consejo Estatal Electoral de Sonora (CEE) cuando ocupe la presidencia del mismo. Confirmó mi hipótesis inicial ¡El mayor problema de México era y es la corrupción!

Con el conocimiento empírico, teórico y la historia como herramienta completaría, ubique las causas de la corrupción más allá de considerarla desde el diseño estructural de las instituciones en México, sino también y de manera muy importante, considerar el ingrediente cultural que se gestó desde la conformación de la nación mexicana y posteriormente en la conformación del Estado Mexicano.

Para explicarnos lo anterior, debemos tener presente que las instituciones en cualquier país del mundo, son construcciones mentales que dependen en primera instancia de la capacidad heurística y cognitiva de los sistemas de creencias, que a su vez promueven o inhiben el surgimiento de virtudes sociales, en virtud de que el sistema de creencias dirigen y limitan nuestro comportamiento, a partir de las interpretaciones que hacemos del mundo.

En ese sentido el problema de la corrupción en nuestro país, es la consecuencia de la realidad que hemos incluido desde la conquista en nuestro sistema de valores y creencias. Las verdades centrales que los conquistadores formaron en la mente de los indígenas, los elementos ricos de algunas verdades, fueron suprimidas en la integración social, y solo fueron asimiladas las creencias que favorecían al orden del poder establecido.

Lo anterior sirvió para determinar el símbolo del héroe en la variante de cómo hacerse rico pronto a cualquier costo, el desempeño de un cargo público significo no solo una fuente de ingresos sino que además, poder explotarlo para obtener rentas o emolumentos

Con la conquista también se desarrolló una mentalidad que se distinguió por una conducta desordenada, y de privilegios en los servidores públicos, el amiguismo y el favor fueron los elementos dominantes en el ejercicio del poder y la administración pública. El sistema de privilegios impuso un culto al ego y al poder de la figura, reafirmando el patrón de codependencia social así como la falta de elementos morales como un regulador de las instituciones.

Este patrón de conducta establecido en la colonia, continúo en el México independiente. En pleno siglo XXI, las instituciones públicas siguen siendo repositorios de la heurística de estos sistemas de creencias, independientemente del partido político que gobierne, de ideologías, o del desarrollo tecnológico. La cuestión de la moral no ha sido resuelta, mucho menos la del derecho, esta reflexión no tiene cabida en México, porque no se ha discutido sobre la ética, a cambio reina el mayor libertinaje por que las formalidades de la moral no son necesarias, nos hemos retraído tanto gobernantes como gobernados del acuerdo ético universal como una razón de ser.

Ese desconocimiento del contrato ético universal, es el punto crítico en el estado de corrupción de nuestras instituciones y del gobierno, es también el ensanchamiento de la brecha entre pobres y ricos. Por otra parte, la política ha dejado de ser la intermediación ciudadana para la solución de los problemas sociales, ha perdido la capacidad de jugar ese papel. El liderazgo se ve ensombrecido por la desconfianza que tiene el ciudadano, debido a tantos episodios de corrupción, con todo ello se ha acelerado la entropía social que se refleja en la Administración Pública en los tres órdenes de gobierno.

Con esta breve semblanza sobre las causas de la corrupción, consideramos ha llegado el momento de firmar una tregua con el pasado, utilizando para ello al Sistema Estatal Anticorrupción. Ubicando la participación ciudadana concibiendo a la cultura política como una forma específica de mirar a la actividad política con el bagaje cultural propio del grupo social desde el que se observa y hacia el cual está encaminada dicha actividad. De ahí que el núcleo metodológico de las políticas públicas, en este caso anticorrupción, debe ser más heurística que burocrática, su concepción valorativa

Tendrán como premisa la autoestima de los ciudadanos, como autores insustituibles en el quehacer que conduce al desarrollo de la acción colectiva.

Los ciudadanos interesados y comprometidos con la nueva gobernanza, tenemos la gran oportunidad de participar de manera decidida coadyuvando para lograr el objetivo trazado en el Sistema Estatal Anticorrupción (SEA). En lo personal considero que de llegar a formar parte del Comité de Participación Ciudadana, no solo lo considero un honor sino un privilegio, que me permitiría, junto con los demás miembros, sentar las bases de un nuevo diseño institucional, Con valores que son referentes modulares para las políticas públicas en la vida democrática, abarcando la autoestima ciudadana, la equidad, transparencia, eficiencia, el bienestar, la solidaridad, la inclusión, la participación, la corresponsabilidad, de tal manera que con la política pública se instituya el gobierno con y para los ciudadanos.

Conociendo como se desarrollarlo la conformación de CPC, el conflicto de intereses de algunos miembros la comisión para seleccionar a dicho comité, concluyo que tendremos un Sistema Estatal Anticorrupción de a mentiritas para un estado de Mentira.

Comentarios de nuestros lectores:



Envía tus comentarios