¿QUÉ HACE FALTA?





En Agua Prieta, Sonora, hace unos años, un artista de la guitarra clásica ofreció un concierto. Un pequeño niño quedó impactado con las sensaciones que le producían las notas, los acordes, la destreza y entrega del músico

Por Sylvia Teresa Manríquez
Fecha de publicación: 2017-07-06 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad



Por Sylvia Teresa Manríquez

Columna "Voltear la hoja”


I

En Agua Prieta, Sonora, hace unos años, un artista de la guitarra clásica ofreció un concierto. Un pequeño niño quedó impactado con las sensaciones que le producían las notas, los acordes, la destreza y entrega del músico; le gustaron tanto que en ese momento decidió que él también se dedicaría a eso.

José Rodríguez apoyado por su padre, buscó la manera de aprender guitarra y dedicó su tiempo a estudiarla. Viajó a Morelia donde actualmente se perfecciona. Lo conocí en Álamos, Sonora, durante el concierto que ofreció en el Museo Costumbrista en el marco del Festival Alfonso Ortiz Tirado.

Dice que uno de sus sueños es volver a Agua Prieta y tocar para las y los niños de su ciudad natal, porque está convencido de que el arte y la cultura cambian a la gente, como le sucedió a él.

Si más artistas, más músicos clásicos, dijo, llegaran a ciudades como esa frontera, habría menos niños y niñas atrapados en  la delincuencia.

II

José Manuel Avalos tiene 18 años, está convencido que quiere ser escritor y a eso se ha dedicado desde hace algunos años. Dice que de niño no le gustaba leer porque lo obligaban a hacerlo, recuerda que en la primaria no veía a sus profesores tomar un libro y leerlo, le enseñaron a leer porque tenía que hacerlo, no por gusto.

Dice además que hay muchas ideas y estrategias para fomentar el gusto por la lectura pero hace falta que se apliquen de la manera correcta para que funcionen. Del gusto por la lectura él pasó a la escritura como un proceso natural de disfrute de leer.

Cada libro que lee lo sorprende: de dónde salieron las ideas, cómo se hizo, ojala a él se le ocurriera algo así, piensa, aunque está consciente de que apenas empieza en este quehacer. Sabe que su momento llegará, trabaja para vivirlo.

Dice José Manuel que un mundo sin literatura sería muy aburrido. La vida es un cuento que todos vamos a vivir, agrega.

III

Ignacio Mondaca García también es joven, le gusta el arte de la guitarra clásica, A él su papá le enseño desde niño a tocar boleros y música popular, pero descubrió el arte de la música clásica y sus aspiraciones cambiaron. Dice que las palabras o las letras no le llegan mucho pero la música sí.

Comenta que desde niño la música lo impactó, se hizo consciente de que ese impacto lo hace mejor persona. Siente que la música mueve a la gente porque es como un lenguaje subconsciente y por eso es posible comunicarse a través de ella, dice.

Ignacio está seguro que si somos perseverantes en ser mejores siempre, el mundo cambiará.

IV

A Loreana Navarro también le gusta la música, es compositora e intérprete. Estudió la Licenciatura en Derecho, pero cuando conoció la música de cerca, dice que entró en una nueva dimensión y decidió que eso quería hacer. Terminó su carrera de derecho y ejerce como abogada, pero prefiere escribir canciones y cantar de forma profesional. Ya no puedo dejar la música, dice, no se puede vivir sin ella.

V

Yo, como muchos niños y niñas de mi generación, aprendí canto sólo lo que se requería para poder cantar en quinto o sexto grado en aquellos concursos interescolares que muchos han de recordar. También lo que proveyó el coro de la iglesia. En secundaria me tocaron clases de danza folklórica y teatro, y en la preparatoria fue mucho menos, sólo un semestre de dibujo.

Aprendí de lo poco que se impartía en la educación pública, mientras las niñas y niños de escuelas privadas pudieron aprender a tocar guitarra o piano, danzar ballet y pintar en lienzos.

Se necesita vocación y mucho empeño para adquirir el gusto por el arte cuando no se ha fomentado desde la infancia. Lo vemos a diario, cuando se desdeña enseñar arte, considerándola una pérdida de tiempo y recursos.

Las cosas no han cambiado mucho. Es triste, doloroso y deja sensación de impotencia reconocer que las niñas y los niños que acuden a escuelas públicas tienen muy poca oportunidad de conocer el arte y dejarse llevar por él. Es terriblemente más fácil que sean seducidos por las horas ociosas de la calles.

La pregunta es ¿Qué hace falta para que el arte sea impartido con vocación y sensibilidad en todas las aulas de las escuelas públicas?

Digo… como un real esfuerzo por proveerles mejor futuro y herramientas para enfrentar el mundo en que les ha tocado vivir.  

@SylviaT    
sylvia283@hotmail.com



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