INCAPACIDAD INCONSCIENTE. AUTOEVALUACIÓN INFLADA





En particular experiencia que señalo en el presente decir, me atrevo a expresar, sin el permiso de la genialidad, que he observado a individuos que no se dan cuenta que carecen de habilidad, destreza o inteligencia para desarrollar lo que pretenden

Por Rodolfo Siordia Zamorano
Fecha de publicación: 2017-07-04 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 
 

Por Rodolfo Siordia Zamorano

En particular experiencia que señalo en el presente decir, me atrevo a expresar, sin el permiso de la genialidad, que he observado a individuos que no se dan cuenta que carecen de habilidad, destreza o inteligencia para desarrollar lo que pretenden.  En menor número, otros que tampoco se percatan que son extraordinariamente buenos en lo que hacen.

El interés por las capacidades humanas, incluye en forma obligada, reconocer las Incapacidades, propias o ajenas.  Dependiendo de la posición del individuo, las decisiones que de ellas emerjan podrían generar repercusiones significativas o simplemente ser de escaso impacto y pasar como parte de la cotidianeidad que todos aceptamos y aprendemos a tolerar.

Hace más de siglo y medio, Darwin decía "La ignorancia genera confianza con más frecuencia que el conocimiento”; Los proverbios bíblicos en variadas citas recuerdan que el rico y el simple se consideran (sin serlo) sabios en su propia opinión y hace recomendaciones al respecto. Por el contrario, todos recordamos que el gran sabio Griego reconocía el "Sólo sé que no sé nada”, haciendo gala de su autoconocimiento y poder comparativo. 
 
El interés expresado, condujo a la amabilidad de que me hicieran llegar el trabajo de los estudiosos de la Universidad de Cornell, Justin  Gruger y David Dunning, Quienes por años se han dedicado precisamente a investigar cómo los individuos evalúan sus propias capacidades en muchas áreas del dominio intelectual.  El presente documento contiene varias de sus aportaciones.  Sus estudios, aunado al de otros, han incluido el interés por conocer cómo un gran número de personas no están conscientes de sus incapacidades y esto las lleva a inflar su auto-evaluación.  Sugieren que en esta sobreestimación propia la gente llega a conclusiones equivocadas y toma desafortunadas decisiones, pero su misma incompetencia les quita la habilidad o posibilidad de darse cuenta de ello.

Cuando era pequeño, una maestra de la escuela primaria, al final de una clase, invitó a todos aquellos que supieran y quisieran bailar el entonces baile de moda, "Twist”, para participar en un festival próximo.   De inmediato saltamos varios al frente para mostrar nuestras habilidades al ritmo de "Chubby Checker”.  Al primero que eliminaron por malo, fue a mi. Demostré una inhabilidad que me ha acompañado toda mi vida que no empata con el gran gusto que tengo por el baile, en especial, por el tango.  Me lancé al escenario sintiéndome el gran bailador y se me hizo ver algo que no veía: era el peor de todos y no tenía la mínima conciencia de ello.

"Es una característica esencial de una incompetencia, que la persona que es afligida por ella, es incapaz de reconocerla.  El hacerlo, podría ser ya una buena porción del remedio”.  Precisamente esto que señala Miller (1993) en un estudio sobre la humillación, fue lo que me sucedió, pero hizo consciente la incapacidad e inició el remedio.

En 1995, McArthur Wheeler entró a robar un banco en Pittsburgh a plena luz del día, sin ningún tipo de disfraz o encubrimiento.  Fue arrestado a las pocas horas.  "Pero me puse el jugo”, repetía constantemente cuando le mostraron las videos de las cámaras de vigilancia.  Aparentemente, tenía la impresión de que el jugo de limón frotado en la cara, lo hacía parecer invisible.  Don Hermenegildo L. Torres, fundador del PUP, lo señala de otra forma que ahora, por respeto, omito. Y un compañero de Universidad me decía en la víspera de un examen "El que nada sabe, nada teme”.

Basados en varias predicciones, Los autores mencionados realizaron múltiples pruebas, bien diseñadas, para llegar a varias conclusiones aceptables.  Tomo sólo un ejemplo: el impacto de ciertos grupos de incompetentes que aceptaban un entrenamiento para adquirir destrezas (ya que no todos aceptan).  Demostraron que practicando, se adquirían habilidades cambiando significativamente su nivel de actuación, toma de decisiones y aparición de errores.  En otras palabras, los incompetentes se convertían en expertos.

Sin embargo el objetivo clave de sus estudios se encaminaba a demostrar que la incompetencia no solamente produce una actuación pobre, sino también la inhabilidad en reconocer que la propia actuación es mala.  

Rara, pero conocida para los estudiosos de las neurociencias, es una enfermedad llamada Anosognosia, causada por ciertas lesiones en el lado derecho del cerebro. La anosognosia deja paralizada la parte izquierda del cuerpo.  Cuando se le pide a un enfermo con Anosognosia que recoja una taza colocada frente a él con su mano izquierda, los pacientes no sólo fallan en llevar a cabo la orden, sino que también fallan en entender la razón de porqué fallaron.  Cuando se les solicita que expliquen la razón de su falla, argumentan que están cansados, que no oyeron las instrucciones o que no se sienten bien como para responder, pero nunca dicen que sufren de parálisis (D´Amasio, 1994).

La incompetencia, al igual que la anosognosia, hace que el individuo no reconozca sus grandes limitaciones y que además se sobreestime a si mismo.  Quizá Thomas Gray estaba en lo correcto: "Ignorance is Bliss”, equivalente a "Ojos que no ven, Corazón que no siente” de Don Marcial Sánchez.  La causa de esta sobreestimación la sitúan en la ausencia de habilidades metacognitivas entre individuos menos hábiles.

Los individuos que no reconocen sus incapacidades -añaden los autores- se enfrentarán a un aprendizaje que les puede llevar toda su vida. Como causas de esa falta de reconocimiento están por un lado la retroalimentación negativa que puede existir alrededor de una persona desde su infancia.  Todos nos damos cuenta la forma como se alaban a niños o adultos por pésimas actuaciones, haciéndoles creer que están bien.  Otra forma es que no reciben la información adecuada para auto-corregirse como le sucedió al fallido robador de bancos y una tercera más ambigua, es el verdadero autoanálisis de la razón por la cual la falla o mala actuación ha ocurrido.  Una mala actuación de cualquier individuo, puede ser atribuida a una falta de habilidad y señalarse así, sin embargo, el individuo que falla en su actuación, tiende a echarle la culpa a cualquier otro factor, menos a su propia incapacidad, aunque se le demuestre con claridad. 

Otra de las conclusiones de los estudios de Kruger y Dunning revela que una forma en que un individuo puede reconocer su propia capacidad o incapacidad, es observando el comportamiento de otros (festinger, 1954, Gilbert, Giesler y Morris, 1995).  En un mundo perfecto, cualquiera puede observar y evaluar los juicios y decisiones que otros hacen, realizar una buena crítica y valoración de ellas, para después compararlas con las propias y obtener un resultado de ello.  "Lo bueno se copia”, decía uno de mis maestros.  Sin embargo, en otro de sus estudios demuestran que los individuos incompetentes son incapaces de sacar ventaja de tales oportunidades. Estas personas, comparados con otros sujetos,  no pudieron aprovechar esas oportunidades cuando las tuvieron, y, como consecuencia de ello, se les redujeron las posibilidades de aprender y darse cuenta, por simple comparación con otros,  que los resultados de sus propias habilidades eran incorrectas.

El estudio de la conducta y actuación humanas es difícil y se ha convertido en ciencia y en estudios profundos para muchos, como para los presentes Kruger y Dunning.  "En muchos situaciones de la vida, el buen éxito y la satisfacción dependen del conocimiento, experiencia, sabiduría o en la intuición de saber qué camino seguir y cuales estrategias utilizar.  Esto no sólo es cierto para cometer crímenes, sino también para muchas tareas en las áreas sociales e intelectuales; en liderazgos, educando niños, construyendo un argumento sólido y lógico o para diseñar estudios como los actuales.  La variedad en los individuos hace que se apliquen en forma diferente los conocimientos y estrategias para obtener el éxito.  Unas, dan un buen resultado, mientras que otras, como la del jugo de limón, son imperfectas, producto de mala decisión, incompetentes, disfuncionales o algo peor.”

Los individuos más incompetentes son los que menos cuenta se dan de que lo son.  Creen que están haciendo lo correcto,  como el mismo Sr. Wheeler. Carecen de esa habilidad para autoevaluarse consistente en saber que tan bien está resultando la actuación,  cuando se considera que el razonamiento en que se basa es el correcto, o en reconocer que es erróneo.  A esto se le denomina metacognición.

Los mismos estudiosos reconocen que es difícil establecer parámetros de normalidad.  La capacidad o incapacidad no tiene bien definidos sus límites.  Muchas personas se autoconsideran por arriba de un promedio virtual sin darse cuenta, retando la lógica de una potencial estadística descriptiva porque el ser humano es complejo en su comportamiento y difícil de enmarcar en estudios fijos.  La tendencia de un estudiante joven a sentirse con más habilidades o capacidad de ser líder y más popular que sus compañeros es similar a los de los administradores de negocios, jugadores de fútbol, de políticos, médicos, candidatos, muchos otros y hasta de presidentes de los Estados Unidos, sin darse cuenta de que, en realidad, su capacidad más interesante es la misma incapacidad de reconocer sus limitaciones.

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