JULIO GALÁN: EL EXCÉNTRICO PINTOR QUE IMPACTÓ A UN PERIODISTA COMO YO





Deslumbrado por el coleccionismo regiomontano, y la enorme riqueza del empresariado de aquella región convertido en un  gran movimiento de mecenazgo cultural, me fui a vivir una temporada a Monterrey para seguir estudiando y conocer gente que me conectara...

Por Cipriano Durazo Robles
Fecha de publicación: 2017-06-05 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 

Por Cipriano Durazo Robles

Deslumbrado por el coleccionismo regiomontano, y la enorme riqueza del empresariado de aquella región convertido en un  gran movimiento de mecenazgo cultural, me fui a vivir una temporada a Monterrey para seguir estudiando y conocer gente que me conectara con el mundo internacional de las artes; en realidad era el idealismo de un veinteañero que quería seguir entrevistando gente rara  y que me quitara el enfado de la rutina, la cual nunca ha sido una gran aliada para mí.
 
Julio_Galan_pintor

En el barrio antiguo de Monterrey me hablaron de Julio Galán ya que era una referencia en el mundo de las artes plásticas de las últimas décadas en el siglo XX; tardé mucho tiempo en conseguir su número telefónico pero finalmente lo logré. Julio Galán, el enfant terrible de las artes aplicadas regiomontanas fue una personalidad singular en el mundo de las artes; proveniente de una familia muy rica de Múzquiz Coahuila, llegó a Monterrey para estudiar arquitectura en la UDEM, ya que su padre no quería que se dedicará a la pintura por considerarlo una  "mariconada”, eso sin contar que Julio era muy apto para romper con los protocolos familiares y sacar de sus casillas a todo el que viese muy reaccionario ante sus ojos.

Fue un pintor en esencia ochentero, que leía la revista Hola, vivía con lujo desmedido, era amigo de Alaska y Dinarama, de Miguel Bosé, de Tania Libertad etc…, le gustaba regodearse de celebridades y hacer "openings” con mucha creatividad.  Sus exposiciones en París y en Nueva York, contaban con la asistencia de jet-setters intenacionales como Fara Diba, la esposa de Von Karajan, políticos,  y celebridades de todo el mundo. Si en México hubiera habido una "Movida” como en España, el quizás fuera el más grande representante de dicha tendencia, pero en cambio le tocó ser el renovador del mexicanismo de las últimas décadas del siglo XX,  bien llamado "neo-costumbrismo”.

Hombre en esencia exagerado, vestía con un mundo de joyas, al estilo gótico, rococó, neo-barroco, etc., muy al estilo de los cantantes pop de los años ochenta y principios de los noventa, época cumbre de su fama internacional.

Cuando hablé por primera vez con él me pareció un ser solitario y sórdido quizás algo insidioso, pero finalmente muy divertido, me contesta el teléfono y  digo:

-Buenos días maestro Galán ¿Cómo está?
-Escuchando música que no oye
-Ah sí le digo, lo que pasa es que se me hizo un poco diferente.
-¿A que le llama usted diferente?
-Perdón no quise importunarlo.
(Y se queda callando, emitiendo un ruido como de águila, o de alguna ave del trópico.)
-¿Qué quiere usted me dice?
-Una entrevista le digo.
-Yo no doy entrevistas
-Pero haga una excepción, comento.
-Bueno véame usted en la cafetería de MARCO a las 6 de la tarde.

Llego a la cafetería de MARCO a las 5:30 de la tarde, me quedó admirando los enormes muros que diseñara el gran maestro Ricardo Legorreta, los contrastes de colores, el rosa tipo Luis Barragán de sus pilares, las ventanas en forma de jaula, el ojo de agua del mezzanine, las chavas regias siempre tan esbeltas y súper guapas que como esnob iban a ver las últimas exposiciones de Moico Yaker, y de otros artistas de relevancia internacional, la enorme paloma de Juan Soriano, los platillos muy al estilo del Centro  George Pompidou de Paris, etc., etc., hasta que una empleada del lugar a las 8:30 de la noche me dice: 

- ¿A quién espera?
- Al maestro Julio Galán le digo.

La muchacha suelta tremenda carcajada y me dice: 

-Él nunca va a venir ni lo sueñe, él es de esos personajes impredecibles que nunca dan entrevistas, dejan plantada a la gente, hacen de sus miedos, sus fobias, sus fracasos, ilusiones e incluso de su propia homosexualidad un mito, una leyenda, una manera de poner una barrera y decir conmigo no cuentes.
-Caray le digo, yo no me imaginaba tal escenario.

Salgo del lugar, no sin antes pagar una enorme cuenta por el montón de refrescos que me había tomado, tres postres diferentes, y además me había comprado un libro de casi dos mil pesos sobre su obra, que finalmente termine perdiendo por mi despiste a tomar un taxi en la Macroplaza.

Esa plantada me creo muy mala impresión, después le hablaba a su casa otra vez para reclamarle, y me contestaba una grabadora atroz, que emitía ruidos de jirafas, orangutanes, y hasta de un chimpancé; yo vi en él una falta de respeto, pero el inicio de una gran admiración a un artista que no se anda con rodeos cuando quiere hacer o no hacer algo, que es enigmático no solo por su obra sino por su comportamiento, esos personajes que ya se quedaron el pasado, que se comportan como quieren, no como les indica la sociedad en la que vivimos, que por alguna razón no conectan con la rutina, con esa precisa rutina de la cual yo iba huyendo…

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