BENITO JUÁREZ: UN GOBERNADOR HONRADO Y UN PRESIDENTE PATRIOTA 





"Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza.”

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicación: 2017-03-21 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia


 
 
Héctor Rodríguez Espinoza

"Que el enemigo nos venza y nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar ese atentado, entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza.”

I

DISCURSO, como Gobernador de Oaxaca, ante la X Legislatura, al abrir el primer periodo de sus sesiones ordinarias.

"Oaxaca, julio 2 de 1852.

Señores diputados y senadores:

Al cumplir con la ley fundamental del Estado que ordena la asistencia del gobierno a la apertura de las sesiones del Soberano Congreso, me cabe la grata satisfacción de felicitaros, porque bajo los auspicios de la paz dais principio a vuestras importantes tareas legislativas.

Graves y muy interesantes son los negocios de que vais a ocuparos en el primer período de vuestras sesiones ordinarias.

Algunos ciudadanos de una nación vecina, alegando un derecho que no existe y un contrato que no favorecen las leyes, intentan APODERARSE DEL ISTMO DE TEHUANTEPEC para emprender la obra de comunicación de los mares Atlántico y Pacífico; pero el Gobierno Supremo de la nación, usando de su derecho, y obrando conforme a las reglas de la más estricta justicia, ha rechazado con dignidad semejante pretensión, y ha resuelto llevar al cabo la grande obra de la comunicación interoceánica con el exclusivo esfuerzo de los mexicanos.

Tan patriótica resolución debe sostenerse por todos los estados de la Confederación, y muy especialmente por el de Oaxaca, que por comprenderse en su territorio el codiciado Istmo de Tehuantepec, debe ser el primero que disfrute de las ventajas que producirá la grandiosa obra de la comunicación de los mares, y que participe de los peligros en el caso de que contra toda justicia y contra el derecho de las naciones, se quiera arrebatar a México parte de su territorio con la fuerza de las armas.

Debéis, pues, señores, dedicaros preferentemente, y hasta donde lo permitan vuestras facultades constitucionales y la naturaleza del sistema de gobierno que nos rige, a dictar todas aquellas medidas que preparen nuestros elementos de guerra y de hacienda para auxiliar eficazmente al Gobierno Supremo en la apertura del Istmo y en el sostén de la integridad del territorio nacional.

Debéis también dictar esas medidas para consolidar y defender el sistema federativo, hoy que los partidarios del despotismo hacen los últimos esfuerzos para destruirlo y restablecer el poder arbitrario que inundó de sangre y de lágrimas a la nación, debilitándola y empobreciéndola, para que en el conflicto nacional tuviera la deshonra de sucumbir a la ley del vencedor, como sucedió, sin que valieran a librarla de su infortunio los esfuerzos aislados de muchos de sus valientes y leales defensores.

Recordad por un momento las épocas de la centralización del poder y la ominosa dictadura; comparadlas con el presente estado de la nación, y por mucho que se exageren sus actuales cuitas, deduciréis todas las desgracias que tendría que sufrir si por una fatalidad sus instituciones fueran suplantadas por el poder central o por la dictadura.

BAJO EL SISTEMA FEDERATIVO LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS NO PUEDEN DISPONER DE LAS RENTAS SIN RESPONSABILIDAD; NO PUEDEN GOBERNAR A IMPULSOS DE UNA VOLUNTAD CAPRICHOSA, SINO CON SUJECIÓN A LAS LEYES; NO PUEDEN IMPROVISAR FORTUNAS NI ENTREGARSE AL OCIO Y A LA DISIPACIÓN, SINO CONSAGRARSE ASIDUAMENTE AL TRABAJO, RESIGNÁNDOSE A VIVIR EN LA HONROSA MEDIANÍA QUE PROPORCIONA LA RETRIBUCIÓN QUE LA LEY HAYA SEÑALADO.

Pero los hombres que no pueden soportar el yugo suave de la ley, tampoco pueden conformarse con ese orden de cosas, y de aquí procede ese constante empeño de destruir el sistema federativo, substituyéndolo con el poder absoluto.

Por fortuna, no es la opinión pública, no es la nación la que quiere cambiar la forma de gobierno, sino una insignificante minoría, que al ensayar sus planes de trastorno causaría algunos males, es verdad, pero jamás conseguiría sobreponerse a la voluntad soberana de la nación.

Sin embargo, debemos evitar esos males, nulificando los impotentes esfuerzos de esa minoría enemiga de la paz pública.

Para esto debéis arbitrar recursos que hagan al Estado tan fuerte como es necesario que lo sea, para auxiliar al Gobierno Supremo en la defensa de las instituciones democráticas y de la unidad nacional, y para que si en el centro de la República los anarquistas lograren subvertir el orden establecido, Oaxaca coopere al restablecimiento de la paz y, en el último caso, que sirva de asilo a los Supremos Poderes de la nación y de firme baluarte de la independencia y libertad de la República.

Para que forméis juicio del estado que guardan los ramos de la administración pública, tengo la honra de presentaros la Exposición que he formado con este objeto.

En ella veréis que nuestras rentas mejoran año por año, de manera que con sus productos el Estado ha podido ir cubriendo sus gastos y compromisos.

En el año de 1848 se emitieron vales en cantidad de 126,000 pesos para el pago de la deuda que gravitaba sobre el Tesoro, y a la fecha sólo faltan 28,000 pesos para la amortización de esta cantidad.

La deuda de empleados que en el año anterior ascendía 25,000 pesos, queda reducida hoy a la corta suma de 8,000.

El contingente señalado para los gastos generales de la nación se ha pagado con debida puntualidad, y no obstante de que este impuesto se ha aumentado a un 20% por el supremo decreto de 19 de mayo próximo pasado, sólo tendremos en el año inmediato el pequeño deficiente de 6,577 pesos, según lo veréis en el presupuesto respectivo.

En el ramo de guerra, con los auxilios que ha podido dar el Gobierno General, y con los sacrificios que ha hecho el Estado, se cuenta con 3,505 fusiles, 531 carabinas y 11 piezas de artillería.

En la noticia que ha formado la excelentísima Corte de Justicia de los trabajos del Poder Judicial en el año anterior, y en el primer tercio del presente, notaréis la actividad con que proceden los funcionarios de ese ramo en el despacho de los negocios.

Igual actividad se advierte en los empleados del ramo gubernativo, debiéndose a sus esfuerzos los adelantos que se han hecho en varios de los ramos de su cargo, y la conservación de la tranquilidad pública y de la paz, de que felizmente se disfruta en el Estado.

En fin, en la misma Exposición veréis las medidas que someto a vuestra deliberación y que creo indispensables, ya para remover las dificultades que embarazan la marcha de algunos ramos, ya para la mejora de otros.

Tal vez no serán acertadas pero era mi deber proponerlas, con la confianza de que el Soberano Congreso dictará las que juzgue más a propósito para mejorar los ramos de la administración pública.

Así es de esperarse de la sabiduría y prudencia de los dignos representantes del Estado.

Comenzad, pues, señores, vuestras importantes tareas, y contad con el auxilio y cooperación que pueda daros el gobierno, que seguirá redoblando sus esfuerzos para que la paz se conserve, y podías a su sombra deliberar sobre los grandes intereses de la sociedad.

Como esta es la última vez que tengo la honra de presentarme como jefe del Estado en este augusto santuario, permitidme, señores, que manifieste al Cuerpo Legislativo mi más profundo reconocimiento por los inmensos favores que me ha dispensado, sin merecerlo, encargándome dos veces el ejercicio del Poder Ejecutivo.

Mi corta capacidad y la situación lamentable que guardaba el Estado al recibirme del mando, no me permitieron hacer todo el bien que deseaba; peor me queda la satisfacción de haberlo procurado hasta donde me fue posible, y la esperanza muy lisonjera de que dentro de breves días daréis al Estado un nuevo gobernante que lo dirija con más acierto al punto de prosperidad y grandeza a que lo llaman sus destinos."

°°°

II


CARTA AL EMBAJADOR D. MATÍAS ROMERO

"Chihuahua, 26 de enero de 1865

Sr. D. Matías Romero

Washington

Mi querido amigo:

Por su carta de 14 de noviembre pasado y por las comunicaciones oficiales, que remite al ministerio, quedo impuesto de que las cosas han cambiado en esa de un modo favorable a nuestra causa, lo que celebro mucho, pues estaba yo muy inquieto por las noticias que corrían, de que ese gobierno estaba dispuesto a reconocer el imperio de Maximiliano. Así tendremos a lo menos una cooperación negativa de esa república, pues en cuanto a un auxilio positivo, que pudiera darnos, lo juzgo muy remoto y sumamente difícil, porque no es probable siquiera que el sur ceda un ápice a sus pretensiones y en tal caso, ese gobierno tiene que concluir la cuestión por medio de las armas, y esto demanda mucho tiempo y muchos sacrificios.

LA IDEA QUE TIENEN ALGUNOS, SEGÚN ME DICE USTED DE QUE OFREZCAMOS PARTE DEL TERRITORIO NACIONAL PARA OBTENER EL AUXILIO INDICADO, ES NO SÓLO ANTINACIONAL, SINO PERJUDICIAL A NUESTRA CAUSA. LA NACIÓN POR EL ÓRGANO LEGÍTIMO DE SUS REPRESENTANTES HA MANIFESTADO DE UN MODO EXPRESO Y TERMINANTE, QUE NO ES SU VOLUNTAD QUE SE HIPOTEQUE, O SE ENAJENE SU TERRITORIO, COMO PUEDE USTED VERLO EN EL DECRETO EN QUE SE ME CONCEDIERON FACULTADES EXTRAORDINARIAS PARA DEFENDER LA INDEPENDENCIA Y SI CONTRARIÁSEMOS ESTA DISPOSICIÓN, SUBLEVARÍAMOS AL PAÍS CONTRA NOSOTROS Y DARÍAMOS UNA ARMA PODEROSA AL ENEMIGO PARA QUE CONSUMARA SU CONQUISTA. QUE EL ENEMIGO NOS VENZA Y NOS ROBE, SI TAL ES NUESTRO DESTINO; PERO NOSOTROS NO DEBEMOS LEGALIZAR ESE ATENTADO, ENTREGÁNDOLE VOLUNTARIAMENTE LO QUE NOS EXIGE POR LA FUERZA. SI LA FRANCIA, LOS ESTADOS UNIDOS O CUALQUIERA OTRA NACIÓN SE APODERA DE ALGÚN PUNTO DE NUESTRO TERRITORIO Y POR NUESTRA DEBILIDAD NO PODEMOS ARROJARLO DE ÉL, DEJEMOS SIQUIERA VIVO NUESTRO DERECHO PARA QUE LAS GENERACIONES QUE NOS SUCEDAN LO RECOBREN. MALO SERÍA DEJARNOS DESARMAR POR UNA FUERZA SUPERIOR PERO SERÍA PÉSIMO DESARMAR A NUESTROS HIJOS PRIVÁNDOLOS DE UN BUEN DERECHO, QUE MÁS VALIENTES, MÁS PATRIOTAS Y SUFRIDOS QUE NOSOTROS LO HARÍAN VALER Y SABRÍAN REIVINDICARLO ALGÚN DÍA.

ES TANTO MÁS PERJUDICIAL LA IDEA DE ENAJENAR EL TERRITORIO EN ESTAS CIRCUNSTANCIAS, CUANTO QUE LOS ESTADOS DE SONORA Y SINALOA, QUE SON LOS MÁS CODICIADOS, HACEN HOY ESFUERZOS HEROICOS EN LA DEFENSA NACIONAL, SON LOS MÁS CELOSOS DE LA INTEGRIDAD DE SU TERRITORIO Y PRESTAN AL GOBIERNO UN APOYO FIRME Y DECIDIDO. YA SEA, PUES, POR ESA CONSIDERACIÓN, YA SEA POR LA PROHIBICIÓN QUE LA LEY IMPONE AL GOBIERNO DE HIPOTECAR O ENAJENAR EL TERRITORIO NACIONAL Y YA SEA EN FIN PORQUE ESA PROHIBICIÓN ESTÁ ENTERAMENTE CONFORME CON LA OPINIÓN QUE HE TENIDO Y SOSTENIDO SIEMPRE SOBRE ESTE NEGOCIO, REPITO A USTED LO QUE YA LE HE DICHO EN MIS CARTAS DE 22 DE DICIEMBRE ÚLTIMO Y POSTERIORES, A SABER: QUE NO SÓLO DEBE USTED SEGUIR LA PATRIÓTICA CONDUCTA QUE HA OBSERVADO DE NO APOYAR SEMEJANTE IDEA, SINO QUE DEBE USTED CONTRARIARLA TRABAJANDO POR DISUADIR A SUS AUTORES HACIÉNDOLES PRESENTE LAS FUNESTAS CONSECUENCIAS QUE NOS TRAERÍA SU REALIZACIÓN.

Celebro que haya usted quedado satisfecho de la opinión que observó en el ejército del general Grant respecto de nuestra causa. Esa opinión y la que ha manifestado mister Seward son una garantía que podremos tener de que el imperio de Maximiliano no sería reconocido por ese gobierno. Es lo único positivo que podemos esperar por ahora de esa república.

No me extiendo a más porque bajo la impresión del profundísimo pesar que destroza mi corazón por la muerte del hijo a quien más amaba, apenas he podido trazar las líneas que anteceden. Digo por la muerte del hijo a quien más amaba, porque según los términos de la carta de usted que recibí anoche, he comprendido, que sólo por lo funesto de la noticia, no me la ha dado usted de un golpe; pero en realidad mi amado hijo ya no existía, ya no existe. ¿No es verdad? Con toda mi alma deseo equivocarme y sería yo muy feliz si por el próximo correo que espero con verdadera ansiedad se me dijera que mi hijo estaba aliviado. ¡Remota esperanza que un funesto presentimiento desvanece, diciéndome que ya no hay remedio!

Adiós amigo mío. Sabe usted que lo aprecia su inconsolable y afectísimo."

III

¡¿Qué más puede agregarse?!


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