CENTENARIO DE DON GILBERTO ESCOBOSA GÁMEZ





Corrían años convulsionados en nuestro México debido a las guerras intestinas derivadas de la Revolución Mexicana, en una de las esquinas de lo que hoy son la calle Guerrero y Ave. Morelia, en el centro de la ciudad de Hermosillo, Sonora, un 17 de marzo de 1917, nacía un niño a quien llamarían Gilberto

Por Claudio Escobosa Serrano
Fecha de publicación: 2017-03-17 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia

 
 

 

Por Claudio Escobosa Serrano

Corrían años convulsionados en nuestro México debido a las guerras intestinas derivadas de la Revolución Mexicana, en una de las esquinas de lo que hoy son la calle Guerrero y Ave. Morelia, en el centro de la ciudad de Hermosillo, Sonora, un 17 de marzo de 1917, nacía un niño a quien llamarían Gilberto, quien después de 40 años se convertiría en mi padre; fue el primer varón del matrimonio formado por Don José María Escobosa Romero (1881-1929, originario de Hermosillo, Sonora) y Doña María Gámez Lucero (1897-1983, oriunda de Minas Prietas, Sonora).
 
Maria Gamez Lucero
 
Jose Maria Escobosa Romero
 
Su vida narrada por él en Radio Sonora:


Don José María (y otros 12 hermanos), mi abuelo, era hijo de Don David Escobosa Hughes y Doña María Jesús Romero Quiroz, quien fue notario en sus tiempos y tenían su domicilio en lo que hoy es esquina de Ave. Monterrey y Blvd. Rosales, enseguida de la casa de la familia Uruchurtu.
 
Maria_Jesus_Romero_Quiroz
David_Escobosa_Hughes
 
Mi padre tuvo 6 hermanos, Gloria (viuda de Romero)+, Jesús +, Socorro, Víctor Manuel +, María Elena (vda. De Reyes) y el menor Marco Antonio, todos de apellidos Escobosa Gámez.
 
Gilberto, Gloria, Jesus, Maria Gamez, Marco Antonio y Socorro
 
Gilberto y Jesús Escobosa
 
Desde muy temprana edad mi padre empezó a trabajar ayudando a sus progenitores en su negocio, la comercialización de naranja en los Estados de Sonora y Sinaloa; mi abuelo compraba el producto a sus cuñados los señores Pavlovich Rafaelovich, serbios que habían llegado a Sonora y habían tenido éxito con la introducción de árboles de esta fruta que habían traído de California, donde habían aprendido a cultivarla. Sus nombres eran Felipe, Lucas y Spiro, nacidos en Serbia y tras una estancia en los EE.UU. se habrían establecido en Hermosillo y contrajeron nupcias con tres de las hermanas de mi abuelo, Lupita, Elena y Dolores Escobosa Romero.

Cuando mi padre estaba en su primera infancia, llegó la desgracia a su hogar, le diagnosticaron cáncer en un pie a Don José María, este provocado por un golpe en su talón al bajar de una carreta, mismo que se extendía y urgía de tratamiento. Ante tal situación, toda la familia Escobosa Gámez estuvieron trasladándose por largas temporadas a la ciudad de Los Ángeles, California, donde adquirieron una propiedad en donde llegar mientras se le daba tratamiento médico a mi abuelo. Con el tiempo tuvieron que amputar su pierna. No por ello dejó de trabajar en su tierra, adquirió un automóvil Ford modelo T y mi padre fue su chofer a los ¡7 años! haciendo viajes hasta Navojoa, Sonora. Lamentablemente su padre falleció en 1929 dejando huérfanos a 7 hijos y a su esposa María. Venían tiempos duros, en 1933 fallece también su hermano Víctor Manuel que se había contagiado con el tétano.

Doña María no se quedó paralizada en su tristeza, sacó adelante a los 7 infantes que le había dejado su marido. Don Gilberto inició sus estudios de Primaria en la Escuela J. Cruz Gálvez.

En su juventud conoció a una señorita hermosillense, quien evocó su pasión, Julieta Serrano Fontes, hija de Don Miguel Serrano Ayón (n. Álamos, Son.) y Doña Julia Fontes Maytorena (originaria de Guaymas, Sonora). Casó con ella a sus 22 años, estableciéndose en esta ciudad de Hermosillo, formaron una familia con sus hijos Marcia, Gilberto (+), Lorena, Sandra, Belinda, Claudio, Horacio y David, mis hermanos, quienes heredaron de mi padre la generosidad y lealtad que siempre lo distinguieron, sin incluirme claro.
 
Gilberto y Julieta Escobosa
Gilberto Escobosa y Familia
 
Después de varios años de lucha en un México con pocas oportunidades de trabajo, pasó de empleos desde ayudante de mecánico hasta empleado de la entonces Secretaría de Obras Públicas. Estudiando tres años para auxiliar de Contador Público, logró establecerse en la dependencia que menciono antes, hasta llegar a Tesorero de la Junta Local de Caminos del Estado de Sonora, durante más de 40 años, donde fue liquidado por su último jefe con la cantidad de 35,000 pesos como gratificación por todos los años de trabajo, sin pensión. Sin embargo, al salir de dicha dependencia logró colocarse en el mismo Gobierno del Estado como jefe del Archivo Histórico de Sonora, dependencia que él mismo creó para atender las instrucciones del gobernador Dr. Samuel Ocaña García para que seleccionara los documentos que tuvieran valor histórico (con el fin de salvaguardarlos), en una depuración que se estaba llevando a cabo en el Archivo General del Estado, o sea, que tuvo que revisar todos los documentos archivados para poder lograr su cometido. Hoy ese Archivo Histórico lleva su nombre.

Cumplida su anterior encomienda, fungió como subdirector de Investigaciones Históricas del Instituto Sonorense de Cultura hasta el final de su vida.

En el año 1980 fue designado como Cronista Histórico Oficial de la Ciudad de Hermosillo, Sonora (cargo a perpetuidad) por la entonces alcaldesa Dra. Alicia Arellano de Pavlovich, mismo que ejerció hasta su fallecimiento.

Cabe señalar que ante la forma injusta en que fue separado de la J. L. de C., en la gestión del gobernador Manlio Fabio Beltrones R., este le asignó una pensión honoraria vitalicia por la cantidad de $8,000.

En la Alcaldía de Hermosillo presidida por el Dr. Ramón Ángel Amante E. (1976-1979), se le nombró Tesorero Municipal, cargo que fungió junto con el de Tesorero de la Junta Local de Caminos. Al final de la administración, me consta, mi padre fue llamado por el entonces gobernador del Estado Lic. Alejandro Carrillo Marcor, para invitarlo a ser el candidato a la Presidencia Municipal de esta ciudad, mismo proyecto que no se realizó al ser designada directamente por la Presidencia de la República a la Dra. Arellano de Pavlovich como candidata a dicho puesto de elección.

En el año 1967 mi padre fue designado como Presidente del Comité Municipal Electoral de Hermosillo, la ciudad estaba en llamas por la efervescencia política derivada por la inconformidad. Recuerdo que la oficina de dicha instancia estaba ubicada enseguida de nuestra casa familiar. Hubo la necesidad de resguardar tanto la oficina como mi casa con elementos del ejército, para salvaguardarnos de decenas de amenazas anónimas. Recuerdo que la revista Life (México) publicó las fotografías de varios soldados cuidando la cuadra de la avenida Niños Héroes, haciendo famosa esta rúa donde nací, a nivel mundial… El día de las elecciones, mi padre proclamó a Don Jorge Valdés Muñoz, candidato del PAN, como el triunfador de la contienda y así convertirse en el primer Alcalde en México emanado de las filas de este partido por el período 1967-1970, inclusive desatendiendo las presiones de los grupos de poder. Tiempo después, mi padre fue asaltado y agredido en su automóvil por un grupo de policías y expolicías quienes lo golpearon con armas de fuego y garrotes,  sus lesiones fueron consideradas como delicadas.

Todo el tiempo que laboró en la Junta Local de Caminos, mi padre se hizo acompañar de una persona muy querida por nuestra familia, un compañero de trabajo, Don Andrés Flores Duarte oriundo de San Pedro de la Cueva, Sonora, quien fue su chofer en los largos viajes que tenía que realizar por el Estado para llevar el pago a los trabajadores camineros en sus lugares de trabajo. Cientos de veces los acompañé, los dos muy alegres, me deleitaban (¿) con sus silbidos dentro del automóvil, pero cada quien con una tonada diferente y perdidos en su concierto personal. Fueron tiempos inolvidables para mí, ya que estos viajes también incluían anécdotas y chistes de los dos personajes que parecían casi hermanos. De Don Andrés todavía quedan algunos dichos que usamos en nuestra familia jocosamente, como aquel que decía cuando se refería a alguna persona con características de tacaño: "¡Qué blandita la carne de aldilla pa´albóndigas…!”, cuando veía a algún personaje de color renegrido decía: "¡Troncón de palo fierro quemado…!”… al escribir estas líneas mi nostalgia me trae esos momentos hasta el día de hoy y sonrío con alegría… Ya que en esos viajes vivimos igual aventuras que algún día les contaré.

En el año de 1994 el alcalde de Hermosillo Lic. Guatimoc Iberri González impuso el nombre de Gilberto Escobosa Gámez a un Boulevard (entonces llamado Las Torres) como homenaje a mi padre, el Lic. Juan Antonio Ruibal Corella menciona dicho acto en su artículo publicado en el periódico El Imparcial en ese tiempo:

"Yo creo que a todos, nos está pareciendo eterno para que concluya este 1994, con su secuela de crímenes, odio y negativismo en todos los ámbitos, porque ¡caray!, no es que sea uno insensible a los problemas sociales y al acontecer de todos los días, pero la atmósfera está tan densa y tan viciada, que a veces nos urge como las ballenas, salir a la superficie para respirar aire fresco.
 
Gilberto_Escobosa_Blvd

"Menciono lo anterior, porque la semana pasada asistí a una breve pero muy estimulante y significativa ceremonia: la imposición del nombre del Sr. Gilberto Escobosa Gámez, (Cronista de la ciudad pero reconocido en todo Sonora) a una calle de esta capital, a solicitud de la Asociación Inmobiliaria de Hermosillo, A.C. y cuya ceremonia estuvo a cargo del propio alcalde, Lic. Guatimoc Iberri González.

"El acto contó con la presencia de familiares y un pequeño grupo de amigos, tuvo a pesar de su sencillez, una fuerte carga de emotividad, especialmente al recordar el homenajeado con fractura en la voz por la emoción a su reciente fallecida compañera, Doña Julieta Serrano de Escobosa.

"Llamó particularmente la atención de los asistentes, el mensaje de Escobosa que palabras más, palabras menos, dijo que en este tipo de eventos, los valores materiales se quedan muy atrás de los espirituales, que son en última instancia, los que forjan y dignifican al ser humano.

"Y es para afirmar lo anterior, Don Gilberto tiene la conciencia tranquila y el habla completa. Un hombre que durante ¡más de 40 años! fue pagador de la antigua Junta Local de Caminos y Tesorero Municipal en el trienio 1976-1979 y que tiene que trabajar para mantenerse no es cualquier cosa, aunque en este mundo de hoy tan revuelto, nunca faltan opiniones en el sentido de que "no aprovechó la oportunidad”.

"Pero no solamente es notable la trayectoria de este "viejo joven” en el campo del servicio público, sino que siendo lego y autodidacta, ha publicado dos meritorios libros; el primero "Granitos de Sal Inglesa”, que es el único en el género exclusivamente humorístico (no costumbrista), escrito por un coterráneo y el segundo, "Crónicas, Cuentos y Leyendas Sonorenses”, cuyo título explica por sí solo su contenido.” (Fin de la cita).

La vida de mi padre fue larga y satisfactoria, él decía que no era historiador, que más bien "Había vivido la historia” (entre una media sonrisa contagiosa). Sin embargo además de la prematura muerte de su padre, hubo momentos, que hoy en mi madurez, no sé cómo pudo haberlos superado, él era un hombre fuerte y no expresaba tristeza fácilmente. El 25 de diciembre de 1967 muere su hijo mayor Gilberto de 25 años. Yo nunca vi llorar a mi padre, ni en ese momento de tragedia familiar, sostuvo a la familia que casi se derrumbaba ante esa lamentable situación. Pero… al poco tiempo de ese suceso trágico, fui testigo de un triste recuerdo que todavía llama a mis lágrimas, cuando llegaba de su trabajo después de las 8 de la noche, muchas ocasiones entraba a casa serio y sin dirigirse a nadie, iba al patio de mi casa, recargado en una de las paredes dejaba que su llanto desahogara su tristeza profunda, yo lo seguía y lo acompañaba, algunas veces con mis hermanos, todos lo abrazábamos y nuestras lágrimas regaban los cardos, que en nuestra amargura por la pérdida, crecían a nuestro alrededor espinando con sus hojas de la frustración nuestras vidas en ese tiempo. Fue él quien con el tiempo nos dio de nuevo la esperanza de seguir viviendo y nutriendo nuestro amor familiar.

Entre los amigos que recuerdo, sin menospreciar su cariño hacia otros, puedo mencionar al Dr. Miguel Banderas Silva, Don Armando y Don Casimiro Benard López, el historiador y su escudero Don Nestor Fierros, Óscar Medina León, Don Francisco Mallart Valverdú, Don Pedro Costa, estos dos últimos catalanes refugiados en Hermosillo desde la Guerra Civil Española, el Dr. Alfredo Valdés Ramos, el Lic. Juan Antonio Ruibal Corella con quien (y otros destacados historiadores) fundaron la Sociedad Sonorense de Historia A. A. C. y los Simposios de Historia.

Don Gilberto fue miembro activo de la fraternidad masónica (grado 33º), iniciándose en la R.L.S. "Hermosillo 19” institución a la que pertenecieron otros destacados sonorenses. Fue Gran Maestro de la Gran Logia del Pacífico el período 1965-66 cuando esta tenía jurisdicción en los Estados de Baja California Sur y Sonora.

A partir de 1990, fue fundador y presidente de la ASOCIACIÓN DE CRONISTAS SONORENSES, A.C. (ACROS), y después fue nombrado Presidente Honorario Ad Vitam de la misma, por los miembros de la agrupación.
 

Es autor de los libros "Granitos de Sal Inglesa”, "Crónicas, Cuentos y Leyendas Sonorenses”, "Hermosillo en mi Memoria”, "Historia del Hospital General del Estado”, "Crónicas Sonorenses”, "Efemérides Sonorenses”, "Fragmentos de la Historia: Mi Anecdotario” y su último libro titulado "Los Cuentos de Don Gilberto”.

El 17 de febrero de 1987, el Ayuntamiento de Hermosillo, presidido por Héctor Guillermo Balderrama, le rindió un homenaje público en el Auditorio de la Comunidad, con la presencia del C. Gobernador del Estado Ing. Rodolfo Félix Valdés, "por su excelente labor al servicio de la comunidad, como historiador y cronista de la capital de Sonora”.
 
Gilberto Escobosa Gamez

El 7 de diciembre de 1996, en una reunión general de empleados del Estado que tuvo lugar en el Auditoria Cívico, el gobierno del Estado de Sonora le otorgó un reconocimiento "como servidor público del año”.

El día 18 de noviembre de 2006, fue invitado por el H. Ayuntamiento de Álamos, para distinguirlo en un homenaje presidido por las autoridades municipales de esa ciudad, con la entrega de "Las Llaves de la Ciudad de Álamos”.

El día 11 de enero de 2007, falleció en su querida Ciudad de Hermosillo, a la edad de 89 años, casi a los noventa, ya que estuvo siempre muy entusiasmado por festejar su llegada a las nueve décadas de vida. 
 
Gilberto_Escobosa_Gamez_2006

El día 12 de enero de 2007, fue despedido con sentidos homenajes en las instalaciones del Instituto Sonorenses de Cultura, Radio Sonora, Sociedad Sonorense de Historia y en el Salón de Cabildo del H. Ayuntamiento de Hermosillo, presidido por el alcalde Ernesto Gándara Camou.

Durante su velorio de cuerpo presente, fue visitado por cientos de amigos y simpatizantes, quienes le dieron su último adiós mostrando su cariño y solidaridad a sus familiares.
 
Gilberto_Escobosa_en_Alamos

Qué difícil tarea nos dejaste papá, honrarte y que las tentaciones de la vida vana nos pasen de lado, tener tu humildad, carisma, austeridad, lealtad y convicciones vaya que nada fácil será. El cariño que te tienen quienes te recuerdan es tan honesto y verdadero, algo que se gana teniendo ese don de ser humano que tuviste. He sido testigo de decenas de personas, cuando me identifican como tu hijo, al hacerlo se les dibuja una sonrisa cariñosa y respetuosa en su rostro.

Descanse en Paz nuestro querido Cronista, amigo y padre de familia. Lo poco bueno que puede haber en mí te lo debo. Feliz Cumpleaños 100 hasta donde te encuentres…

Claudio Escobosa Circo Bells 1963Claudio y Papa en elefante circo Bells 1963 ret.jpg

Imágenes: en 1963 mi padre me llevó a visitar el famoso Circo Bells
 
Claudio y Gilberto Escobosa

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