LA LÁMPARA PERENNE DE DIÓGENES 





"…que el sabio no necesita nada de los poderosos”. - Esto de enseñar/aprender en serio Filosofía del Derecho, de veras que nos pone en riesgo la cordura-, le dije un día a mi hija, entonces niña, Lolita.

Por Héctor Rodríguez Espinoza
Fecha de publicación: 2017-03-14 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Opinión y Sociedad

 
 

Héctor Rodríguez Espinoza

"…que el sabio no necesita nada de los poderosos”.

- Esto de enseñar/aprender en serio Filosofía del Derecho, de veras que nos pone en riesgo la cordura-, le dije un día a mi hija, entonces niña, Lolita.

- Sí oye. Por cierto ¿qué pesadilla tuviste anoche, papá?-, me preguntó curiosa.

- Soñé a Diógenes en Hermosillo-, le expliqué.

- ¿Y qué al casssso? ¿Quién es, osea?

- Diógenes de Sínope (412-323 a.C.) fue un filósofo griego, fundó la escuela de los Cínicos, que enseñaba no respetar los convencionalismos y evitar los placeres. Se sumió en una vida austera. Según la leyenda se deshizo de lo no indispensable, de barba, vestía ropas toscas, capa colgada al hombro por grueso hilo, comía alimentos sencillos y dormía bajo pórticos.

- Órale, ¿y qué pensaba la gente de él, papá?

- La verdad, se ganó el respeto de los atenienses, que admiraron su desprecio de las comodidades. La virtud fue el objetivo de su filosofía y se burló de los literatos por leer los sufrimientos de Odisea, pero desatendían los suyos, y también de los oradores en campañas electorales, que peroraban y peroraban cómo hacer valer la honradez, la verdad y la justicia, pero no cómo practicarla.

- ¿Y la pasó bien así?

- Para nada, mijita. Fíjate: fue secuestrado y vendido como esclavo. Comprado por Xeniades, quien  reconoció su valor, lo libertó y lo convirtió en tutor de sus hijos.

-¿Y cómo pasaba sus días, pues?

- Diógenes caminaba por la plaza pública de Atenas por las mañanas, con una lámpara encendida y afirmando que buscaba un hombre verdadero, congruente y honesto, haciendo contraste su ridícula figura y alentando la "chacota” o bulling como lo llaman ahora en la muchedumbre, acompañado de las aclamaciones con que ésta festejaba al despreciador de las debilidades humanas.

-Ah, de ahí viene lo de que "no se encuentra a alguien ni con la famosa lámpara de Diógenes", ¿no?

- Así es ...

- ¿Y cómo lo juzgaban los sabios de la época?

- Desde sus inicios se mostró apasionado y Platón dijo que era un Sócrates que se había vuelto loco. Llevó al extremo la libertad de palabra y denunció lo que limita al hombre.

-¿Alguna anécdota, papá?

-Muchas, pero ésta es muy elocuente: una vez mantuvo inesperada entrevista con Alejandro Magno: "Yo soy Alejandro Magno”, éste le dijo, con voz engolada; y el filósofo contestó: "Y yo, Diógenes el cínico”. Alejandro le preguntó cómo podía servirle. El filósofo replicó: "Puedes apartarte, para no quitarme la luz del sol”.

-¡ A la bestia! ¿Y que dijo Alejandro Magno, "para sus pulgas”?

- Alejandro se quedó tan impresionado con el dominio de sí mismo del pensador, que expresó: "Si yo no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

- ¿Y tú cómo lo interpretas?

- La anécdota, mijita, refleja que el verdadero sabio, el humilde sabio, no necesita nada de los poderosos, que está por encima de las riquezas materiales y ambición del poder, actitud que crea una radical separación con los políticos, salvo excepciones, claro; o sea con los pseudo políticos. Se preocupó por la sabiduría práctica y no estableció ningún sistema de filosofía. Según la tradición, murió en Corinto el mismo día que Alejandro y el mismo año que Aristóteles. Se dice que fue suicidándose mediante la contención del aliento, dueño de su destino y de ese momento.

- ¿Y qué tiene que ver aquí en esta época?

- Ahora, cada víspera de inicio de un régimen, saturados de tanta corrupción e impunidad; mientras brotan las escuálidas y efímeras esperanzas de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerados y burlados, los milenarios y juguetones genes de Diógenes deberían bullir -¿destinados al fracaso?- en el ánimo de los nuevos gobernantes, que deben buscar y sobre todo encontrar, en sus colaboradores, libres de toda sospecha, personas verdaderas y honestas, para atender el reclamo de tantos rezagos acumulados.

- ¡Ah, ya entiendo! ¿Y …?

- Anoche –le dije a Lolita-, soñaba que a la Plaza Zaragoza, frente a Palacios, llegaba una muchedumbre de indígenas guarijíos y seris con su miseria de siglos, los primeros denunciando la pérdida de sus tierras y de su cementerio, para construir una Presa; de vecinos de Colonia de la periferia, demandando drenaje y que éste no corra por sus calles sin pavimentar; de ejidatarios de La Victoria, inundada; de ferrocarrileros de Empalme; de afectados del sur de Hermosillo y riesgo de cáncer, por  las 300,000 toneladas de basura tóxica del Cytrar; y del Huracán Jimena y de los pueblos del Río Sonora, envenenado por lustros; de los padres de los 49 angelitos que no debieron de morir el 5 de junio en la Guardería ABC y de las empleadas con un Amparo en sus bolsas, pues pesa sobre ellas ¡orden de aprehensión!; un grupo de concesionarios que exigen la intervención del gobierno para que les ayude a crear una nueva empresa de transporte, pues la que actualmente integran (Sicthusa) no les ha pagado las utilidades correspondientes a los últimos meses; estaban los voceros del movimiento Malnacidos, que demandan acción penal contra funcionarios de Hacienda; por empleados del Congreso que no les han pagado quincenas; estaban los ejidatarios de San Antonio de la Huerta, una pequeña población rural donde hace años se instaló la Minera Libertad, que extrae oro y cobre de sus tierras y que ha incumplido con los pagos convenidos con el ejido y las normas de conservación ambiental; estaban maestros y trabajadores de la Universidad de Sonora, por la desaparición del Fondo de pensiones; padres adoptivos irregulares por el DIF, que reclaman la entrega de "sus hijos"; jóvenes becarios, sin sus becas de meses; agricultores de Huásabas y Granados, por el pago de sus derechos de agua. Por supuesto que los acompañaban las honradas activistas sociales Rosa María O´Leary y Dra. Reyna Castro Longoria. Todos gritan, portaban pancartas y altavoces. Exigen diálogo, respuestas, atención de parte de la autoridad gubernamental, que sólo abre las puertas de Palacio para que entren artistas invitados. ¿Y sabes quién estaba ahí, entre ellos?

- ¿Quién?

- ¡Diógenes!

- ¡Diógenes!, ay papá, ahora sí te la volaste…

- Sí, en serio. Mira, con su lámpara encendida, quien seguía buscando un hombre verdadero y honesto…

- ¿Y siquiera salió algún funcionario de los palacios para instalar una mesa de diálogo, como se usa ahora?

-No. Al contrario, era confundido con un orate y llevado en vilo, por la Policía Estatal Investigadora, al pabellón de enfermos mentales del Cereso I. Un visitador de la CEDH los apuraba: "fierro, fierro". Mientras Diógenes seguía diciendo: "Busquen, sigan buscando como yo hace siglos … La esperanza muere a lo último …”

- Comprendo, qué imaginación. ¿Y cuando despertaste …? -, me inquiere Lolita.

- Diógenes todavía estaba aquí.

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