LA MARCHA QUE NO FUE…





La capacidad para el ridículo parece haber alcanzado nuevos límites, lo que demuestra que nuestra capacidad de exploración de miasmas autroflagelatorias y destinos masoquistas puede llegar a editar las páginas más actualizadas en el catálogo de las claudicaciones nacionales

Por José Darío Arredondo L.
Fecha de publicación: 2017-02-13 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Politica




José Darío Arredondo López

"Somos engañados por la apariencia del bien” (Horacio). 

La capacidad para el ridículo parece haber alcanzado nuevos límites, lo que demuestra que nuestra capacidad de exploración de miasmas autroflagelatorias y destinos masoquistas puede llegar a editar las páginas más actualizadas en el catálogo de las claudicaciones nacionales. La sociedad políticamente correcta marcha en la Ciudad de México encabezada por personalidades del mundo de la simulación y debidamente enchufadas con el establishment copetitlano: marchan "a favor de México” pero con la etiqueta de su inconformidad con la política de Trump y la defensa de un México cuyo gobierno patrocina el empoderamiento de sus explotadores. 

Atrapa la atención la vibrante oposición a medidas tomadas por un gobierno extranjero en su propio territorio, para poner coto a la inmigración ilegal y proteger los empleos gringos a como dé lugar, independientemente de la insólita ocurrencia de construir un muro fronterizo que pudiera ser pagado con las remesas y los aranceles a las importaciones de productos mexicanos. Despierta suspicacias que la parte de la sociedad que se considera carne seleccionada y que habla en dólares pueda tomar las calles y pasear por Reforma hasta el Ángel de la Independencia para cantar a capela el himno nacional, como lo hace últimamente el pueblo de a pie agobiado por las reformas neoliberales. Es conmovedor ver al rector de la UNAM, entre otras personalidades, tomar la céntrica avenida para encabezar, junto a conocidos defensores de Peña Nieto, una marcha "apartidista”, "pacífica” y "respetuosa”, mientras se profundizan en el México real las inconformidades ciudadanas por el desastroso y traidor desempeño del actual habitante de Los Pinos. 

También resulta notable la capacidad de respuesta de los fenicios a cargo de las Afores ante la posible imposición de un gravamen del dos por ciento a las remesas por parte del gobierno gringo (que sería utilizado para pagar el monstruoso muro fronterizo de Trump), y que plantean como solución que los trabajadores depositen en una Afore sus remesas, para así evitar el impuesto y, de paso, hacerle el caldo gordo a este sistema perverso que se sirve del ahorro ajeno para obtener ganancias propias.

Las marchas en protesta por las decisiones de un gobierno soberano hacen de contrapunto de aquellas que directamente señalan a los culpables de nuestra desgracia nacional, y que señalan la perversidad de las reformas y sus efectos en las alzas de precios y tarifas, amén de la creciente desprotección del trabajo, salario y seguridad social que se privatiza en beneficio de los negocios privados de salud y pensiones. No se defiende lo nuestro, ni se trazan los nuevos rumbos que habrán de recomponer el panorama político, económico y social; no se refleja el hartazgo de muchos sino la hipocresía de los apoyadores discretos o abiertos de la mascarada apátrida que ahora representa el PRI de Peña Nieto y sus socios de negocios suscriptores del "Pacto por México”. 

Las damas enjoyadas y los caballeros perfumados salieron a la calle, a lucir sus miserias cívicas, su doble moral, sus máscaras patrióticas que encubren las mil y una claudicaciones, las innúmeras concesiones, las infinitas complicidades, la ruindad hedonista que corona los apellidos ilustres del México neoliberal. No marcharon por los estudiantes de Ayotzinapa como no lo hicieron con los muertos de Aguas Blancas, la Guardería ABC, y tantos otros motivos de encono y movilización. No se sumaron a las marchas nacionales en reclamo de justicia y respeto a los derechos humanos, ni han dicho esta boca es mía cuando el dominio de las trasnacionales ha perpetrado saqueos de recursos naturales, contaminado tierras, aguas y aire, ni cada vez que el gobierno ha cedido espacios al mercado, como se ve en las concesiones y subrogaciones de servicios públicos. 

No les dolió el retroceso del país en materia de seguridad social ni la privatización de las pensiones ni la escasa oportunidad de empleo decente que ahora existe y se consagra en la legalidad laboral; tampoco dijeron palabra cuando el monto de las remesas significó una de las fuentes importantes de recurso nacionales, de las que dependen muchas familias y que representan el precio del desarraigo, la ilegalidad y el abuso en tierras extranjeras. No lo hicieron y menos cuando se entregó el petróleo a las trasnacionales gracias a una privatización sin sentido ni beneficio para el país. 

No fruncieron la nariz ni salieron de su esfera de comodidad cuando las condiciones económicas fueron tales que grandes regiones del país se convirtieron en zonas de expulsión poblacional y sus habitantes tuvieron que emigrar en busca del "sueño americano”, que traducido al español de nuestra época significa partir en busca del diario sustento. La idea de marchar en defensa del país no pasó por sus mentes cuando se instauró el neoliberalismo con sus privatizaciones, la destrucción de la capacidad productiva nacional, la liquidación de empresas estatales exitosas y socialmente útiles, o cuando la seguridad nacional se puso bajo la vigilancia y supervisión de las agencias gringas, controladoras del tráfico de drogas y de la corrupción de los cuerpos de seguridad pública, o cuando penetraron la conciencia de las fuerzas armadas y desvirtuaron su misión, pasando por alto la Constitución, y que ahora los mandos militares y los cabilderos al uso presionan para cambiar las leyes y dar legalidad a la intervención militar en la vida civil, so pretexto de la "seguridad interior”. Ahora resulta que defienden al país y, desde luego, a quien ha sido el presidente más mediocre y lesivo para la vida institucional de que se tiene memoria. 

Tal panorama sugiere la idea de que esto es un montaje perverso donde las bravatas de Trump tienen como subproducto el reposicionamiento de Peña mediante la manipulación de sentimiento patriótico y la solidaridad que incuba en nuestro subdesarrollo emocional y político mediante la focalización de un enemigo poderoso y ajeno, y se lanza la consigna de la unidad nacional pretendiendo dejar libre de crítica y sospecha al propio responsable del problema, para pasarlo a otro personaje: "es el gobierno de Trump el enemigo, unámonos”. Mientras tanto, las negociaciones de entrega de la patria siguen en lo oscurito y la dependencia se profundiza. Mientras Peña "mueve a México”, ¿debemos vibrar con México? Depende…

http://jdarredondo.blogspot.com

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