EL PADRE CORNÍDEZ Y LA NAVIDAD





Aunque mucho se ha escrito sobre este ilustre personaje originario de Magdalena de Kino, sigue siendo un placer escribir sobre la vida y obra de Monseñor Porfirio R. Cornídez, ya en una ocasión lo hicimos en este medio.

Por Ramiro Valenzuela López
Fecha de publicación: 2016-12-14 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Historia



Por E. Ramiro Valenzuela López

Aunque mucho se ha escrito sobre este ilustre personaje originario de Magdalena de Kino, sigue siendo un placer escribir sobre la vida y obra de Monseñor Porfirio R. Cornídez, ya en una ocasión lo hicimos en este medio. Esta vez, lo hacemos a solicitud de dos o tres de nuestros escasos lectores; pero además contagiado por el espíritu navideño, en razón que nuestro admirado personaje, en sus sentidas homilías cada vez hacía sentir en carne propia el nacimiento del sacrificado  Nazareno.

El Padre Cornídez acostumbraba en ocasiones en los días navideños, recorrer los lugares más apartados de su jurisdicción, como eran los pueblos de del municipio de Rosario Tesopaco, a donde en una ocasión el que esto escribe, en calidad de acólito tuvo la fortuna de acompañar. Debo decir, que antes de partir a esos recorridos, los comerciantes y la feligresía en general sahuaripense, abastecían al Padre, de dulces, canicas, pelotas, trompos, muñecas, útiles escolares, etcétera; objetos que en cada pueblo, después de narrar en forma de cuento infantil, desde su nacimiento la vida de Jesús, procedía a repartirlos entre la niñez como regalos de navidad. Tales pláticas al estilo del Padre Cornídez, resultaban para chicos y grandes por demás entretenidas; por ejemplo, para referirse al oficio carpintero del señor San José, les decía, que para bastecer de madera la carpintería, Jesús en un burrito acompañaba al campo al señor San José, a cortar mezquites, tézotas, palo fierro, etc. Las pláticas siempre estaban relacionadas con nombres de lugares estrechamente familiarizados por los niños; por ejemplo: "la tierra del naranjo” "la cañada del batamote” "la barranca de la zorra”, etc.; sobre todo, mencionaba nombres de personas muy caracterizadas en cada poblado como "tío Jando”, "el meño” "el molacho”, etc. Al término de la plática el sacerdote procedía a repartir los regalos, lanzándolos al aire y haciendo bromas; en veces un tanto pesadas, como coscorrones, jalón de pelitos en la nuca, pellizcos, etc. Bromas que en veces hacían llorar a los niños; aun así lo seguían por las calles del pueblo; ese era el carisma que el Padre Cornídez poseía.

El período Navideño en la Parroquia de Sahuaripa, daba inicio el 4 de diciembre con las posadas o peregrinaciones nocturnas que culminaban el día 12, con una magna serenata a la santa patrona de Sahuaripa, la Santísima Virgen de Guadalupe, que a la vez, era la voz de arranque de las famosas fiestas regionales que se enlazaban con la navidad y el año nuevo. Por eso y más, con gusto retomamos el interesante tema para de nuevo referirnos a este célebre personaje, que a mediados del siglo pasado, tuvo a su cargo la evangelización de una extensa jurisdicción eclesiástica distribuida en la recóndita sierra sonorense, entre los municipios de Yécora, Arivechi, Bacanora, Rosario Tesopaco, Soyopa y Sahuaripa.

Los méritos de nuestro insigne homenajeado se agrandan en razón, que en esa época los medios y vías de comunicación en la zona, eran por demás rudimentarios; los traslados de personas y cosas eran a lomo de mula; la comunicación a distancia entre personas, era a través de cartas o tarjetas postales; los escasos caminos para vehículos, eran sinuosas brechas de terracería trazados a ojo de buen cubero por veras de arroyos y puertos bajos. No obstante Monseñor Cornídez, por su forma muy particular de evangelizar y por la simpática forma de comportarse en la vida privada, forjó toda una época que sigue y seguirá siendo recordada por muchas generaciones, tanto de feligreses, como de la sociedad en general, en la que se incluye a creyentes, ateos; incluso afiliados a religiones distintas al catolicismo.

Monseñor Cornídez era persona sobradamente cultivada, inquieto, dicharachero; irradiaba una simpatía atrayente de niños, adolescentes y adultos; ricos y pobres. Dicen que su superior jerárquico el Arzobispo  don Juan Navarrete y Guerrero, lo concebía, como "un santo loco”  o bien, como "un loco santo”. La influencia que el Padre Cornídez ejercía ante la sociedad era única, debido quizá a hechos que rayan en lo milagroso, sucedidos en cada una de sus intervenciones; por esa razón, quien no le adoraba le temía. Uno de esos hechos fuera de lo común, es haber rescatado de la muerte, a un herido de bala vecino de Sahuaripa, de nombre Rafael Jiménez, a quien encontró semi sepultado a la vera de un camino, casi con las tripas fuera. Ayudado por su chofer, lo rescató y en la primera ranchería auxilió  con remedios caseros; fajó con sábanas su estómago, y continuó por más de tres horas camino a Sahuaripa, donde solo había asistencia médica por demás elemental. El lesionado poco a poco se recuperó, pero durante su prolongada convalecencia, se dedicó a leer un tomo de la sagrada biblia, obsequiado por el Padre Cornídez; el paciente se empapó y posteriormente, como ministro de la religión protestante, puso en práctica la santificada palabra de Dios. Actualmente uno de sus respetables hijos de esa persona casi sacada de la tumba; precisamente homónimo de su señor padre Rafael Jiménez Jr., radicado en Hermosillo, es un preparado y elocuente pastor cristiano, quien semana a semana predica a través de una escuchada estación de radio hermosillense, con un rating de católicos bastante aceptable.

Por ese y otros hechos similares, todo lo bueno y lo malo que sucedía en la región se atribuía a las bendiciones o maldiciones del Padre Cornídez. Él lo intuía e inteligentemente aprovechaba a la hora de solicitar apoyos económicos para la evangelización y para la gente necesitada de su diócesis; apoyos  que comerciantes, agricultores, ganaderos y gente acomodada jamás cuestionaban. Debemos tener en cuenta, que el Padre Cornídez pedía limosna para hacer caridad, sobre todo para enfermos y gente pobre de su parroquia. La solicitud de apoyos a los agricultores y ganaderos, iba acompañada de la promesa de atraer climas benignos y lluvias abundantes. Sería casualidad o milagro, pero cuando las lluvias escaseaban en la región, el Padre Cornídez, portando imágenes de la Virgen de Guadalupe y de San Isidro Labrador, organizaba procesiones por los campos aledaños a los poblados. Con frecuencia, tales peregrinaciones campestres, eran disueltas por tormentas eléctricas y lluvias abundantes.

El Padre Cornídez, era amante de la música vernácula, tanto, que en los onomásticos de los santos patronos de los diferentes poblados,  a donde siempre acudían a la iglesia grupos musicales; en la celebración de las eucaristías que por cierto en ese entonces se celebraban de espaldas a los feligreses, el Padre Cornídez con sus manos palma con palma recogidas en el pecho, se volvía al público y devotamente decía: músicos, "toquen el venadito”.

Pocos personajes tienen en su haber tantas anécdotas como el Padre Cornídez; unas muy prudentes, otras suficientemente formales como sus viajes a Roma; pero la mayoría de ellas de carácter ocurrente o bromistas, que dan material para todo un volumen, como el publicado recientemente por el Presbítero sahuaripense don Mariano Hurtado, que fue uno de los efectivos relevos del Padre Cornídez en la parroquia de Sahuaripa. Son tantas las historietas, que el libro del Padre Mariano Hurtado, no incluye una anécdota relacionada con el Arzobispo don Juan Navarrete, ni la recuperación de un valioso anillo. Efectivamente, ni su propio superior jerárquico Arzobispo don Juan Navarrete escapó de las ocurrencias del padre Cornídez. En una de las visitas a la región de Sahuaripa, al arribar a la iglesia de Arivechi, el Padre Cornídez se percató que dentro de la indumentaria  oficial del Arzobispo, faltaba una prenda utilizada en el sacramento de la confirmación; era una especie de blusa holgada color púrpura. En esas tribulaciones, el Padre Cornídez vio llegar a la iglesia como mandada de cielo, a una de las feligreses de complexión rechoncha, quien precisamente vestía una blusa blanca similar a la "roqueta”. El Padre Cornídez le dijo: "Cuca…. tú me vas a sacar del apuro…. quítate la blusa en la sacristía y préstamela”; doña Cuca, contagiada por la angustia  reflejada en el rostro del sacerdote, de inmediato accedió y el incidente pasó desapercibido para el Arzobispo Navarrete.

La otra ocurrencia omitida en el libro de referencia, es la recuperación de una valiosa joya de tradición familiar, robada a una de las distinguidas damas de la sociedad sahuaripense. En una de las celebraciones eucarísticas, en medio de la homilía exhortó a la feligresía a la inmediata devolución del anillo extraviado, so pena de un castigo divino. Al día siguiente, previo a la misa vespertina dio inicio la confesión. Se dice que el Padre Cornídez apresurado salió del confesionario subió al púlpito gritando: "Adela. Adela, caite, caite; ya apareció el anillo, no voy a decir quien lo trajo, pero está sentada entre la Chú Nacameri y la Ramona Burrola”.

En la década de los 50 el Obispo  don Juan Navarrete y Guerrero, quizá considerando lo extenso de la jurisdicción  parroquial y la avanzada edad del Padre Cornídez, designó como su auxiliar a un joven sacerdote de origen zacatecano don Pero Ramírez, a quien pronto la feligresía pudiente de Sahuaripa dotó de un automóvil marca Jeep, que le permitía atender con mayor asiduidad la extensa jurisdicción de la diócesis; implantando así, un nuevo y moderno estilo de evangelizar, plena y humildemente reconocido por Monseñor Cornídez, quien con la honestidad que le caracterizó, propuso al Padre Pedro Ramírez ante el Arzobispo don Juan Navarrete, como su sustituto para la basta diócesis de Sahuaripa.

El Padre Cornídez con la edad encima y con la tristeza en su rostro, en la década de los 60´s, partió de Sahuaripa a la diócesis de Hermosillo, donde no obstante su avanzada edad, aunque un tanto menguado, continuó con su estilo alegre, bromista y dicharachero conquistando también el corazón de las familias capitalinas...




Comentarios de nuestros lectores:



Envía tus comentarios