UN CUENTO SINIESTRO





Dice mi nana que estoy enferma porque me gusta ver como los ciempiés se retuercen cuando ella los quema. Primero les echa alcohol y luego les avienta un fósforo. Juro que los oigo chillar igualito que Ramón....

Por Sylvia Teresa Manríquez
Fecha de publicación: 2016-11-23 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Libros



Por Sylvia Teresa Manríquez

Columna "Voltear la hoja”

I

Dice mi nana que estoy enferma porque me gusta ver como los ciempiés se retuercen cuando ella los quema. Primero les echa alcohol y luego les avienta un fósforo. Juro que los oigo chillar igualito que Ramón.

Al volver de la chamba Ramón come con una cerveza, si no está helada me da el primer golpe de la noche. El segundo viene si la comida no es de su gusto. Y el tercero cuando me avienta en la cama y exige lo que todo marido debe tener.

Él no sabe que la Carola me presumió los aruñones que un día antes le marcó en la espalda.

Lo que más trabajo me costó fue acomodar el cartón sobre el hoyo donde había vaciado gasolina. Todas las noches sale al patio, se para siempre en el mismo lugar, se fuma un cigarro. No tuvo tiempo de entender qué le pasaba. Ardió tan rápido como el fogonazo que inició la llamarada. Se le borraron los rasguños de la espalda.

II

Leer este cuento en una fecha cercana a la conmemoración del Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hará que surjan pensamientos y comentarios de todo tipo.

Podemos analizar cuantos tipos de violencia se practican en este pequeño texto, quienes y porqué la ejercen. Yo me quedo con la violencia hacia la mujer, que al final de cuentas ocasiona el inesperado desenlace.

Es innegable que cada día la violencia hacia las mujeres se vuelve más evidente en este país.

Me da miedo que mi madre vaya a comprar leche a la tienda de la esquina porque corre mayor peligro de ser asaltada por ser mujer y mayor de edad. Me da miedo que mi hija salga tarde del trabajo porque alguien puede secuestrarla y no volveríamos a verla con vida.

Yo misma siento miedo si en mi camino encuentro un paraje oscuro porque lo único claro que tengo es que puede esconder peligros insalvables.

Una debería sentirse segura en su comunidad, confiar en que llamar a las autoridades nos protegerá. Pero esa no es mi apreciación ni la de la mayoría de la gente.

Hace unos días me preguntaron cómo percibo la violencia de género en mi estado "parece indetenible” respondí. La percibo feroz y desatada cada semana, cada día que se da conocer la desaparición de una mujer.

También preguntaron que me parece la violencia en mi ciudad, respondí lo mismo. La violencia parece irrefrenable para la comunidad en general,  especialmente para niñas y mujeres adultas.

III

Norma Alicia Salazar Corona, 37 años, Nuevo León: mi esposo me mató de 10 puñaladas.

Esmeralda Ramírez, 6 años, Estado de México: me encontraron asesinada.

Karla Viviana Orozco, 28 años, Jalisco: Encontraron mi cuerpo calcinado dentro de una maleta.

Jaquelyn Agüero Valenzuela, 18 años, Sonora: fui asesinada por lesiones de arma de fuego.

Así inicia el documento "La violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias 1985-2014”, realizado por la Secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional de las Mujeres y Onu Mujeres México.

En este se encuentran cifras que desalientan; sólo tomaré un ejemplo, el de  la violencia sexual. La diferencia entre denuncias y sentencias en nuestro país deja ver el alto grado de impunidad que impera en México. Las mujeres, además de no tener garantizada una vida libre de este tipo de violencia, no tienen acceso a la justicia ni la reparación del daño.

Entonces queda en evidencia que requerimos cambios sustanciales en los sistemas de procuración e impartición de justicia para que atienda de manera oportuna y justa este tipo de problemas.

Me preocupa la violencia hacia las mujeres y las niñas y su consecuencia que puede llegar  a ser el feminicidio, porque deseo vivir en un país de igualdad, uno en el que las mujeres que a diario tramitan su vida en su suelo, puedan transitar, disfrutar, gozar, exigir y vivir en plena libertad.

Quiero que mis hijas y mis nietas conozcan el dulce placer de respirar sin miedo. Creo que esto será posible si todas y todos luchamos por el derecho a vivir sin violencia, por el derecho a que no nos sea arrebatada ni una mujer más.

 



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