UN CUENTO





Dicen que un gran dolor trastornó tu mente, tu vida, tu inocencia, esa que guardaste para siempre en el fondo sin brillo de tus pequeños ojos oscuros.

Por Sylvia Teresa Manríquez
Fecha de publicación: 2016-10-17 00:00:00

Esta nota pertenece a la categoria: Libros



Por Sylvia Teresa Manríquez

Columna "Voltear la hoja”

I

Dicen que un gran dolor trastornó tu mente, tu vida, tu inocencia, esa que guardaste para siempre en el fondo sin brillo de tus pequeños ojos oscuros.

Dicen que cuando casi terminaba tu infancia, un hombre enfermo de lujuria tomó tu candor infantil y lo volvió impotente angustia y dolorosas interrogantes.

Dicen que en medio de la incertidumbre de tu vientre crecido las cosquillas que te habitaban por dentro te hacían reír.

Y afirman, que al nacer la carne de tu carne, un tutor afrentado la robó de tus brazos y desapareció para siempre.

Todo eso lo dicen cuando tú no oyes, cuando pasas apurada al puesto de la esquina para pedir una soda de coca.

¿Qué piensas cuando me ves? Tu mirada se hunde en la mía buscando algo que se te extravió en algún minuto del pasado.

Me observas detenidamente, te sonrío y no compartes mi sonrisa.

Si hubiera podido habría brincado a la cuerda contigo, te habría invitado a jugar a la bebeleche, te habría contado que el niño de enfrente me hacía sonrojar cuando pasaba por mi banqueta. Pero no me dejaban, no me dejaban.

Yo no tengo lo que extraviaste, lo que te arrancaron.

Eso te está esperando allá, donde nunca más nadie podrá burlarse de tu rostro eternamente triste, allá donde está tu inocencia truncada.

II

Acostumbro recordar a la gente que me escucha por radio que cada vez que se elige un día internacional dedicado a algo especial es para llamarnos la atención sobre un asunto en el que las cosas no van bien.

La existencia de muchas de estas conmemoraciones me preocupan, entristecen y avergüenzan porque señalan situaciones que están devastando a la humanidad.

O que le hace pensar un día dedicado a las niñas de todo el planeta, además del 30 de abril Día Nacional de Niñas y Niños; y el 20 de noviembre Día Mundial de Niños y Niñas.

Todos abogan por hacernos recapacitar en la protección de los derechos de las y los infantes, pero ¿por qué hay que recordarle a una sociedad que se dice avanzada, que hay niños y niñas en situaciones precarias? El avance debería significar bienestar, algo de lo que no goza un gran porcentaje de infantes mexicanos.

El 11 de octubre se conmemoró el Día Mundial de las Niñas y más que celebrarlas se trata de reflexionar y actuar para asegurarles modos de vida que les provean de recursos suficientes para vivir sin temor y sin hambre, para que puedan soñar y lograr sus metas.

Sin embargo, cifras proporcionadas por el INEGI, dejan ver que la realidad de muchas niñas mexicanas es preocupante.

En México, el artículo 5 de la Ley General de los Derechos de Niñas,  Niños y Adolescentes establece que son niñas y niños las personas menores de 12 años de edad y adolescentes las personas de 12 a 17 años de edad.

En nuestro país el número de pobres es de 55.3 millones de personas, el 46.2% de la población total, es decir, casi la mitad de connacionales vive en pobreza (Según cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL al 2014).

Además, México es el país que tiene la mayor tasa de pobreza infantil y uno de los que menos gasto público destina a este sector, según la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Me preocupa la certeza de que en este panorama es difícil proveer a las niñas mexicanas atención sanitaria, educación y principalmente protección.

Datos proporcionados por la UNICEF aseguran que un año adicional de estudio en la escuela primaria incrementaría el salario de las niñas en la edad adulta entre 10 y 20%, y un año adicional en la secundaria aumentaría su salario entre 15 y 25%.

Todo esto sin mencionar la violencia de género que afecta especialmente a las niñas y adolescentes y coarta su derecho a la educación.

Se antoja difícil. Una sola voz, una sola pluma, una sola columna quizá no hacen mucha diferencia.

Allanar el camino para que nuestras niñas en situaciones precarias puedan cursar un año más de educación primaria y secundaria es un buen principio.

En nosotros está hacerlo posible a pesar de los contratiempos que esto  significa, porque una niña que estudia será una mujer empoderada en una comunidad que lucha por su progreso y bienestar.

Hagamos que cada vez sean menos las niñas como la del cuento con que inicia esta columna, a las que no se les ha brindado el espacio y la oportunidad de un futuro mejor.

Esta es la propuesta ¿le entramos?

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